CAPÍTULO 23
La firma de Verónica
La firma de Verónica Sanz aparecía al final de una declaración que llevábamos días intentando localizar.
El documento formaba parte de las actuaciones realizadas después del incendio de 2017, pero había quedado incorporado como anexo a una relación de efectos personales y no figuraba entre las primeras copias que recibimos.
Nuria lo había encontrado al contrastar las referencias de las seis páginas preparadas por Andrés con la documentación original conservada en el expediente.
—La copia que teníamos estaba incompleta —me explicó—. Esta procede del anexo original. Hemos comprobado la referencia y solicitado que se incorpore formalmente a las diligencias.
Cogí las hojas.
La declaración estaba fechada tres días después del incendio.
Verónica comparecía en calidad de administradora de la sociedad y antigua colaboradora profesional de Andrés Mena.
El funcionario que había recogido sus manifestaciones consignaba que se le habían mostrado varios objetos recuperados o relacionados con las actuaciones posteriores al siniestro.
Entre ellos figuraban una cartera de documentos, un llavero metálico y una credencial profesional expedida a nombre de Andrés.
Verónica había reconocido los tres como pertenencias utilizadas habitualmente por su antiguo socio.
Al final constaba su firma.
—¿Declaró que hubiera visto el cadáver? —pregunté.
—No. Este documento se refiere a los efectos personales. La identificación de los restos se tramitó después, utilizando varias fuentes de información.
Leí nuevamente el apartado donde describían los objetos.
—Aquí tampoco dice que ella los entregara.
—Exactamente. Los reconoció cuando se los mostraron. Seguimos sin acreditar quién los incorporó a las actuaciones.
La distinción era importante. Reconocer una cartera que pertenecía a Andrés no demostraba que Verónica supiera que los restos correspondían a otra persona. Sin embargo, su participación en la identificación provisional había sido más concreta de lo que explicó durante nuestra última entrevista.
—¿Habéis comprobado la firma?
—Coincide con otras que tenemos de aquella época. El original está identificado y se realizará el cotejo formal si resulta necesario.
Molina se acercó a la mesa.
—En su declaración nos dijo que varias personas habían hablado con quienes investigaron el incendio.
—Y no era falso —respondí—. Lo que omitió fue que ella había reconocido personalmente objetos utilizados para establecer la identidad del fallecido.
Molina examinó la última página.
—¿Crees que Andrés sabía que había firmado esto?
Le mostré la tercera entrada de la relación de entregas que habíamos recuperado el día anterior.
Andrés había anotado que era necesario comprobar quién aportó realmente los efectos y qué personas autorizaron su incorporación a las actuaciones.
—Sabía que había una parte de la identificación que debía revisar. No podemos asegurar que tuviera esta declaración delante cuando escribió sus notas.
Nuria había localizado también una referencia documental relacionada con Nexo Servicios Documentales.
La sociedad aparecía vinculada al traslado posterior de determinados archivos, aunque ninguna de las hojas permitía identificar el destino de los originales empleados durante la investigación del incendio.
—No quiero otra relación de documentos pendientes —dije—. Trabajemos primero con lo que sí podemos acreditar.
Nuria apartó la carpeta de Nexo.
—Entonces hay algo más que deberías ver.
El correo había salido de la cuenta personal utilizada por Andrés como Rubén Otero el domingo anterior al asesinato.
Estaba dirigido a una dirección profesional que Verónica seguía utilizando. Nuria lo había localizado durante el examen de las comunicaciones conservadas en el ordenador y había conseguido contrastar los datos de envío con la documentación técnica disponible.
El asunto decía: «Documentación de 2017».
Andrés había escrito:
«Verónica, necesito que revisemos lo que declaramos después del incendio. Voy a corregir mi situación y explicar qué ocurrió con la identificación. Tengo copias de algunas entregas y quiero comprobar contigo las que autorizó la empresa.
También hay que aclarar la indemnización y lo que pasó con los archivos. No pienso seguir dejando a otras personas sin respuestas».
El mensaje continuaba unas líneas más. Andrés proponía hablar antes de iniciar las gestiones formales y advertía que, en cualquier caso, seguiría adelante.
No mencionaba expresamente a Saúl como cadáver identificado, aunque aludía a una familia que llevaba años reclamando información.
—¿Hubo respuesta? —pregunté.
Nuria abrió otra comunicación.
Había sido enviada el lunes por la tarde desde la dirección profesional de Verónica.
«Andrés, he leído tu correo. Lo que planteas tiene consecuencias para muchas personas, no solo para ti. No puedo revisar nueve años de gestiones de un día para otro, y menos sin saber exactamente qué documentación conservas. Antes de hacer ninguna declaración deberíamos hablar con asesoramiento.
No utilices los archivos de la empresa como si fueran exclusivamente tuyos».
La firma electrónica incluía el nombre completo de Verónica, su cargo actual y los datos de contacto de su despacho.
Molina leyó la respuesta desde detrás de mi silla.
—Pues sí que sabía que estaba vivo.
—Al menos alguien utilizó su cuenta para responder a un mensaje dirigido a Andrés —dije—. Necesitamos terminar de comprobar la atribución.
—Le contesta por su verdadero nombre.
—Y discute cuestiones que afectan a su antigua empresa.
Nuria señaló los datos técnicos.
—La respuesta consta recibida en la cuenta de Andrés. Hemos preservado ambos mensajes y las cabeceras originales. La dirección de salida coincide con la que Verónica utiliza habitualmente, aunque seguiremos contrastando quién tenía acceso a ella.
Me quedé mirando la fecha.
El lunes anterior al asesinato.
Verónica nos había asegurado que no había vuelto a hablar con Andrés desde antes del incendio. También afirmó que desconocía su segunda identidad.
Ahora teníamos una comunicación reciente en la que alguien desde su correo profesional lo llamaba Andrés y discutía las consecuencias de corregir la falsa muerte.
—Quiero que la citemos de nuevo —dije.
Molina recogió la copia de la declaración antigua.
—¿Por el incendio o por el homicidio?
—Por lo que firmó en 2017 y por lo que nos dijo durante la entrevista. Las dos cosas afectan a la investigación. Organizaremos la comparecencia con las garantías correspondientes.
Verónica acudió a comisaría a la mañana siguiente acompañada de una abogada.
Se llamaba Isabel Ferrer. Antes de comenzar, comprobamos que Verónica comprendía el objeto de la comparecencia y los derechos que le correspondían, incluida la posibilidad de no responder a preguntas que pudieran perjudicarla.
Verónica llevaba un traje azul oscuro y una carpeta de cartón que colocó delante de su abogada. Se había recogido el pelo y conservaba las mismas gafas de montura fina que utilizaba durante nuestras visitas a su despacho.
—Me han dicho que han encontrado documentación nueva —comentó.
Le mostré la declaración de 2017.
La examinó en silencio hasta llegar a su firma.
—Sí. Esto lo firmé yo.
—¿Recuerda las circunstancias?
—Me citaron para reconocer pertenencias de Andrés. Habían encontrado varias cosas relacionadas con él y necesitaban saber si las utilizaba.
—¿Le mostraron los objetos personalmente?
—La cartera y las llaves, sí. La credencial creo que estaba dentro de una funda de plástico.
Molina consultó sus notas.
—¿Estaban dañadas por el incendio?
Verónica levantó la vista.
—Algunas cosas tenían manchas. Otras estaban bastante bien. No sabría decirles cómo habían quedado después de recuperarlas.
—¿Quién las llevó a dependencias policiales? —pregunté.
—No lo recuerdo.
—¿Las había visto usted antes de declarar?
—Claro que había visto la cartera de Andrés. Trabajamos juntos durante años.
—Me refiero a después del incendio.
Verónica volvió a examinar la hoja.
—No sé quién las recuperó. Me avisaron para que ayudara a identificarlas.
Isabel Ferrer tomó una nota.
—Mi clienta está diferenciando lo que vio personalmente de lo que pudo conocer por terceros. Les agradecería que las preguntas mantuvieran esa distinción.
—Es precisamente lo que necesitamos establecer —respondí.
Dejé sobre la mesa una copia de la relación de entregas.
—Andrés estaba revisando estas actuaciones antes de morir. Una de sus anotaciones se refiere a la procedencia de los efectos utilizados para identificar el cadáver.
Verónica leyó el encabezamiento.
—¿Esto es suyo?
—Es una copia de un archivo recuperado de su ordenador.
—Entonces supongo que habrá escrito también que quiere contarles alguna historia sobre mí.
Su tono había cambiado. Ya no examinaba los documentos como una administradora que intenta explicar el cierre de una sociedad. Empezaba a discutir qué podía significar cada uno.
—No estamos atribuyéndole una declaración que Andrés no hizo —respondí—. Queremos saber qué ocurrió con estos objetos.
—Yo reconocí unas pertenencias. Eso no significa que identificara un cadáver.
—Estamos de acuerdo.
Verónica me miró con cierta sorpresa.
—Entonces ¿qué quieren que les diga?
—Que explique lo que hizo personalmente y lo que conocía de las gestiones de identificación. También por qué no nos facilitó esta declaración cuando revisamos los archivos de su antigua empresa.
Se quitó las gafas.
—Les entregué dos cajas. Algunas llevaban años sin abrirse. Si esa declaración estaba en otro expediente, no tenía por qué conservar una copia.
—Pero recordaba haber comparecido.
—Recordaba muchas cosas de aquellos días. Algunas mejor que otras.
Guardó silencio y volvió a ponerse las gafas.
—¿Han descubierto ya quién está enterrado bajo el nombre de Andrés?
—Todavía no podemos comunicar una identificación definitiva.
—Entonces quizá estén haciendo preguntas sobre una conclusión que aún no tienen.
Su abogada le indicó que esperara antes de continuar.
Saqué los dos correos recientes.