El testigo que murió dos veces (Los casos de Rivas 5) CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

—He pedido las lecturas anteriores de la autorización extraviada —me explicó—. Hasta ahora solo estábamos trabajando con el informe del martes.

—¿Hay alguna?

—Una que me interesa.

Señaló una línea fechada el lunes anterior al asesinato.

La misma tarjeta había sido utilizada a las once y dieciocho de la mañana para acceder a la segunda planta por la escalera de servicio.

Comprobé el número.

Coincidía con la autorización que se había declarado extraviada cuando una antigua arrendataria abandonó el inmueble.

—¿Se trata del mismo identificador? —pregunté.

—Belmonte lo ha confirmado. También ha comprobado que no hubo una reemisión de ese número.

Examiné la fecha.

La tarjeta había permanecido habilitada desde que fue registrada como extraviada al cerrar el inventario de la antigua arrendataria.

El sistema conservaba su autorización porque nunca se había tramitado una orden de baja.

Ahora teníamos constancia de dos aperturas recientes: la del lunes y la del martes del homicidio.

—Quiero saber si fue utilizada más veces durante las semanas anteriores.

—La empresa de seguridad está comprobando los registros conservados. También he pedido que identifiquen cuándo se comunicó formalmente la pérdida y quién debía ordenar la desactivación.

—¿Han dado de baja la tarjeta?

—Sí. Después de preservar los registros y documentar las comprobaciones, el responsable del edificio ha solicitado su desactivación.

Me acerqué a la pantalla.

La lectura del lunes no demostraba que quien utilizó la tarjeta fuera la misma persona que entró el martes. Tampoco permitía identificar a nadie.

Pero descartaba una posibilidad que hasta entonces había permanecido abierta: que aquella autorización llevase años sin utilizarse y hubiera reaparecido casualmente la mañana del asesinato.

Alguien había accedido con ella al edificio el día anterior.

—Habrá que revisar si hubo una entrega o una visita relacionada con Andrés el lunes —dije.

—También quiero hablar otra vez con la empresa que perdió la tarjeta. Tenemos los nombres de quienes se encargaron de la mudanza y de quien comunicó la incidencia.

Molina recogió los registros.

—Por lo menos ahora sabemos que alguien comprobó que aquella tarjeta seguía funcionando.

—Sabemos que la utilizó. Todavía no qué pretendía hacer.

—Es bastante más de lo que teníamos ayer.

En eso tenía razón.

Reuní a Molina y Nuria antes de terminar la jornada.

La exculpación de Lucas nos había obligado a retirar una hipótesis que durante varios días había dirigido buena parte de las comprobaciones. Ahora disponíamos de información nueva que permitía investigar el homicidio desde otra perspectiva.

Les expliqué cómo quería reorganizar el trabajo.

Molina continuaría reconstruyendo el recorrido de la tarjeta, especialmente su utilización el lunes y las personas que pudieron conservarla después de la mudanza.

Nuria se encargaría de contrastar la relación de entregas con los documentos originales de 2017, prestando especial atención a las pertenencias incorporadas tres días después del incendio.

Yo revisaría quién conocía las intenciones recientes de Andrés y quién podía saber que había preparado aquella documentación.

—Verónica intervino en la liquidación de la empresa —recordó Nuria—. Tendría sentido preguntarle si conoce algunas de estas entregas.

—Sí. Y tenemos que establecer qué sabía realmente, no suponerlo por las funciones que desempeñaba.

Molina examinó las seis páginas.

—Si Andrés estaba preparando una confesión, alguien pudo querer impedir que entregara estos documentos.

—Eso es lo que vamos a comprobar.

Nuria señaló el nombre de Nexo en una de las entradas.

—El contrato de custodia también puede ayudarnos a reconstruir qué originales estaban disponibles y quién podía consultarlos.

Le pedí que separara los documentos relacionados con la falsa muerte de los contratos de Alicante. La investigación de Marta Seguí seguía abierta, pero todavía no teníamos razones para considerar que la documentación de Irene hubiera motivado el asesinato.

Antes de marcharnos, Molina volvió a examinar el registro del lunes.

—Si conseguimos averiguar quién utilizó esta tarjeta, quizá podamos explicar también lo que ocurrió el martes.

—Quiero que reconstruyas su recorrido completo —respondí—. Desde que se declaró perdida hasta estas últimas aperturas.

Molina guardó las hojas y se llevó la relación de antiguos responsables de la empresa.

Nuria recogió las seis páginas para continuar contrastándolas con los documentos originales.

Yo permanecí junto a la mesa mientras ambos terminaban de organizar el trabajo.

Hasta entonces habíamos dedicado demasiado tiempo a reconstruir el recorrido de una persona que tenía motivos para enfrentarse a Andrés.

Ahora contábamos con dos hechos materiales que no dependían de aquella sospecha: un expediente de 2017 ausente respecto a la relación de archivo y una tarjeta extraviada utilizada dos mañanas consecutivas.

Quedaba por demostrar quién había tenido acceso a ambos.

Recogí las fotografías del despacho y las guardé con el inventario. Después dejé sobre la mesa el registro de la tarjeta del lunes, junto a la copia de las seis páginas.

Era con esos documentos con los que debíamos continuar trabajando.