CAPÍTULO 22
El orden de las carpetas
La relación de entregas de 2017 estaba en el ordenador de Andrés Mena. Nuria la había localizado entre los archivos recuperados de su carpeta profesional, después de utilizar el nombre que figuraba en el registro de impresión de Santa Engracia.
Cuando llegué a comisaría, tenía las seis páginas abiertas en la pantalla y una copia sobre la mesa.
—El archivo se modificó por última vez el lunes anterior al asesinato —me explicó—. Coinciden el nombre y el número de páginas con el trabajo enviado a imprimir el martes a las ocho y treinta y seis.
—¿Podemos demostrar que era exactamente esta versión?
—Todavía no. El sistema de impresión conserva los datos del trabajo, pero no una copia de su contenido. Es la correspondencia más completa que tenemos.
Cogí las hojas.
Andrés había preparado una relación cronológica de entregas documentales y movimientos de pertenencias realizados durante las semanas posteriores al incendio de Villaverde. Cada entrada incluía una fecha, una referencia administrativa y una descripción del material.
Algunas estaban acompañadas de observaciones escritas por el propio Andrés.
La tercera me hizo detenerme.
Se refería a la entrega de varias pertenencias atribuidas al fallecido, realizada tres días después del incendio.
—Esta fecha ya aparecía en el expediente original —dije.
Nuria se acercó.
—Sí. Pero aquí Andrés distingue entre el día en que se registró la entrega y aquel en que, según su anotación, se incorporaron los objetos a las actuaciones.
Comprobé ambas referencias.
En el expediente de 2017 constaba que determinadas pertenencias habían contribuido a identificar el cadáver como Andrés Mena. Sin embargo, seguíamos sin tener completamente reconstruido quién las había aportado ni cómo se había establecido su procedencia.
En aquella relación había una anotación manuscrita digitalizada junto al asiento correspondiente:
«Comprobar quién entregó realmente los efectos».
—¿Has encontrado el documento original? —pregunté.
—Tenemos el asiento administrativo y una copia parcial del justificante. El nombre de quien realizó la entrega no aparece completo en esta reproducción.
Molina, que acababa de entrar, dejó su chaqueta sobre una silla y examinó la página.
—Andrés sabía que esa entrega podía darle problemas.
—Sabía que tenía que comprobarla —respondí—. No sabemos todavía qué explicación pensaba ofrecer.
Continué leyendo.
La relación incluía otros movimientos relacionados con el traslado de archivos de su antigua sociedad y con la documentación conservada después del cierre. Una parte coincidía con los trabajos facturados por Nexo Servicios Documentales.
En la última página aparecía una referencia a los papeles utilizados para tramitar la identificación del fallecido.
Andrés había añadido una observación:
«Conservar copia de lo aportado y de quién lo autorizó».
—¿Es la única relación que preparó? —pregunté.
—La única con este título. Hay otros documentos de 2017, pero ninguno reúne todas estas referencias.
Dejé las seis páginas sobre la mesa.
Ahora sabíamos qué información había preparado Andrés pocas horas antes de morir. Seguíamos sin poder demostrar que las hojas hubieran desaparecido durante el homicidio, pero el contenido se refería directamente a las actuaciones que habían permitido mantener su falsa muerte.
—Quiero comprobar cómo salieron de recepción —dije—. Si llegaron al despacho, quizá podamos establecer dónde las guardó.
Belén Fuentes nos recibió en Santa Engracia mientras organizaba las reservas de la tarde. Había una pequeña cola frente al mostrador y tuvimos que esperar a que terminara de atender a dos clientes.
Le expliqué que habíamos confirmado la impresión de seis páginas la mañana del asesinato.
—Recuerdo que el señor Otero preguntó por la impresora —respondió—. Ya se lo conté.
—Ahora sabemos que utilizó el servicio. Queremos comprobar si recogió las hojas.
Belén consultó el sistema, aunque la información disponible era la misma que habíamos obtenido de los registros.
Le enseñamos después las imágenes de recepción correspondientes al intervalo entre las ocho y cuarenta y las ocho y cincuenta.
La cámara estaba situada sobre la entrada principal. Permitía observar el mostrador y parte de la zona de espera, pero una columna ocultaba parcialmente la impresora.
A las ocho y cuarenta y cuatro, Belén apareció colocando varias hojas dentro de una bandeja. Poco después, Andrés se acercó al mostrador y ella le entregó un conjunto de papeles.
La imagen no permitía contar las páginas ni leerlas.
—Eso sí lo recuerdo —dijo Belén—. Vino a buscar unas copias y le pregunté si necesitaba una carpeta.
—¿Qué respondió?
—Que tenía dónde guardarlas.
Molina detuvo la imagen cuando Andrés recogía las hojas.
—¿Llevaba el maletín que nos describió?
—Lo había dejado arriba. Cuando llegó traía uno marrón, pero aquí solo recuerdo que cogió los papeles.
Andrés dobló ligeramente el conjunto para sujetarlo con una mano y caminó hacia el pasillo de los despachos.
La cámara lo perdió cuando pasó detrás de la columna.
—¿Lo vio regresar después a recepción? —pregunté.
—Antes de que ustedes encontraran lo ocurrido, no recuerdo otra conversación con él.
Le pedí que examinara las imágenes sin intentar completar aquello que la grabación no mostraba.
Belén identificó la entrega de unas copias y confirmó que Andrés había regresado hacia los despachos. No podía asegurar que fueran las seis páginas de la relación ni que llegaran al despacho ocho.
Aun así, la información modificaba nuestra reconstrucción.
Andrés no se había limitado a enviar un archivo a la impresora. Había recogido unas hojas y se las había llevado hacia la zona donde posteriormente apareció muerto.
Regresé a comisaría con las fotografías originales de la escena preparadas para una comprobación concreta.
Pilar estaba trabajando con una relación de muestras cuando le enseñé las seis páginas recuperadas.
—¿Otra vez el archivador? —preguntó.
—Esta vez sabemos qué documento preparó Andrés esa mañana.
Dejó el informe y examinó las copias.
Le expliqué la correspondencia con el registro de impresión y lo que habíamos confirmado mediante las cámaras de recepción.
Pilar colocó junto a la relación una fotografía ampliada del cajón superior.
—Aquí encontramos varias carpetas de documentación antigua.
Algunas tenían referencias de años y otras estaban identificadas por clientes.
Hemos comprobado que el archivador estaba vacío antes de la reserva de Otero.
La persona encargada de preparar los despachos lo confirmó.
Por tanto, alguien introdujo esos documentos aquella mañana.
Recordé el maletín marrón con el que Andrés había llegado al edificio. Belén lo había visto entrar con él poco antes de las ocho y media.
—Pudo traer las carpetas y distribuirlas en los cajones para trabajar —comenté.
—Es una posibilidad —respondió Pilar—. Lo que todavía no sabemos es quién manipuló después cada documento.
Señaló dos separadores visibles en la imagen.
Uno correspondía a encargos profesionales anteriores a 2017. El otro identificaba documentos relacionados con aquel año.
—¿Se inventarió el contenido de ambos? —pregunté.
—Sí. También fotografiamos las posiciones antes de recogerlos.
Abrió el inventario.
Entre los expedientes del cajón había documentación relacionada con Alicante y varios encargos posteriores. Las hojas conservaban un orden identificable, aunque algunas se habían desplazado cuando el contenido terminó en el suelo.
En el apartado de 2017 faltaba una referencia que aparecía en una relación de archivo encontrada entre los papeles de Andrés.
Era una entrada titulada «Identificación y entregas».
Pilar comparó las fotografías y el inventario.
—No tenemos ninguna carpeta con ese título. Tampoco puedo afirmar que estuviera aquí cuando ocurrió el homicidio.
—Pero Andrés conservaba una referencia para archivarla junto a los documentos de 2017.
—Eso sí. Y esta zona del cajón presenta señales de haber sido revisada.
Molina se acercó a la mesa.
—Entonces quien registró el despacho buscaba precisamente esa carpeta.
Pilar volvió hacia él.
—Podemos decir que falta respecto a esa relación. No sabemos cuándo salió del archivador ni quién la retiró.
Examiné las fotografías.
Los documentos relacionados con Alicante permanecían entre los efectos recogidos. Algunas carpetas habían sido movidas, pero estaban allí.
El conjunto de 2017 presentaba una disposición diferente: varios separadores desplazados y un espacio donde el inventario no identificaba el expediente mencionado en la relación de Andrés.
—Si alguien buscaba información de Alicante, dejó bastante documentación a su alcance —comenté.
—Y si buscaba algo sobre 2017, puede que conociera el título —respondió Molina.
Pilar guardó la ampliación.
—Ahora tenéis una referencia concreta para investigar. Intentad averiguar quién sabía que Andrés había preparado esa relación y quién conocía la organización de sus documentos.
Teníamos dos ausencias que debíamos investigar por separado.
La primera correspondía a las seis páginas de «Relación de entregas. 2017», que Andrés había enviado a imprimir.
Las cámaras mostraban que recogió unas copias en recepción, pero no permitían confirmar que fueran esas seis hojas.
Conservábamos el archivo digital, aunque no habíamos encontrado ningún ejemplar de aquel documento entre los efectos del despacho.
La segunda era la carpeta «Identificación y entregas», incluida en la relación de archivo de Andrés y ausente del inventario. No sabíamos si había estado dentro del archivador aquella mañana.
Ambas contenían referencias al incendio de 2017, aunque todavía no podíamos asegurar que hubieran desaparecido al mismo tiempo ni que una misma persona se las hubiera llevado.
Molina había continuado investigando la tarjeta utilizada a las nueve y cuarenta y siete mientras yo revisaba la documentación con Pilar.
Cuando regresé al despacho, tenía sobre la mesa una copia ampliada de los registros del sistema de accesos.