El testamento de Elías (Provenance 1) 2
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Después de despedirse de los mandatarios israelíes, David se ofreció amablemente a llevarnos a casa de Rebecca, pero antes tenía que pedirme un favor muy especial.

“Otto, hay una cosa que me gustaría que hicieses antes de irte. Mi padre querría hablar contigo.”

“¿Tu padre? ¡Claro! ¿Cómo está?”

“No está bien, me temo. Sigue en el hospital y las perspectivas no son buenas.”

“Lo siento mucho. ¿Cuándo puedo hablar con él?”

“Ahora mismo. El Embajador ha tenido la amabilidad de poner a nuestra disposición una sala de conferencias.”

“Excelente. Por cierto, David, hay algo que me tiene un poco desconcertado. Creía que tú no estabas muy de acuerdo con la postura del Primer Ministro con respecto al conflicto con el pueblo palestino.”

El Primer Ministro era bien conocido por ser un halcón, es decir, mantenía una línea bastante dura en el conflicto árabe-israelí.

“Y tienes razón”, respondió David, “pero estoy de acuerdo con él en este asunto. Ahora mismo la prioridad absoluta es hacer que este Plan de Paz triunfe. En realidad, sólo si logramos hacer una paz duradera con nuestros vecinos podremos hacer público el descubrimiento. Si el Plan de Paz falla,

entonces la existencia de los objetos sagrados del Templo tendrá que mantenerse en secreto por un tiempo indeterminado. Y creo que esto es algo que ninguno de nosotros desea. Y menos aún mi padre.”