El testamento de Elías (Provenance 1) 10
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David no permitió que sus hombres se postraran ante los objetos sagrados del Templo por mucho tiempo. Se levantó el primero y empezó a darles órdenes para que fotografiaran toda la habitación. Por mi parte, salí a la superficie para anunciar la noticia a Rebecca.

“Los encontramos”, dije triunfante.

“Lo sé”, dijo con los ojos llenos de lágrimas. Había estado siguiendo la operación desde la pantalla de un ordenador.

“Tengo que bajar de nuevo. ¡Es increíble!”

Me zambullí de nuevo en un estado de frenesí total. David, sin embargo, mantenía la cabeza fría como de costumbre y su cerebro siempre un paso por delante del resto de los mortales. Cuando llegué a la cámara del tesoro, me hizo señas para que hiciera marcha atrás y subiera de nuevo a la superficie.

Los Templarios habían construido aquella cisterna-cripta con una intención bien precisa.

No sólo era un escondite perfecto para los objetos sagrados del Templo de Jerusalén (¿quién se iba a meter en un pozo a ver si había un tesoro escondido dentro?)

sino que además hacía virtualmente imposible llevárselos de allí.

Esto último representaba, efectivamente, un pequeño problema para nuestra expedición.

¿Cómo sacar los objetos del Templo de la cisterna?

El pozo por el que entramos era demasiado exiguo para intentar sacarlos por allí, y no parecía haber otra salida.

Por otro lado, no tenía sentido pensar que los Templarios habían decidido esconder aquel tesoro de manera permanente.

Debía haber alguna manera de sacarlos de allí sin derruir la cisterna completamente.

David cogió de nuevo el mapa de tonalidades verde hecho con el LiDAR y empezó a dibujar una planta de la cisterna-cripta que acabábamos de descubrir.

“Tal y como lo veo, tenemos dos opciones para sacar de la cisterna los objetos del Templo: una sería cavar un agujero sobre el techo de la cámara donde se encuentran en este momento, pero nos llevaría tiempo y necesitamos herramientas que no tenemos ahora mismo.

La otra sería tirar el muro posterior de la cámara del tesoro y sacarlos por la orilla de la isla.”

“No lo entiendo”, dijo Rebecca.

“La cámara del tesoro está orientada noreste-sudoeste, y el muro occidental linda, si no me equivoco, con el muro externo de la isla, el cual da directamente al mar.” David contestó mientras dibujaba los contornos de la cámara del tesoro en el mapa.

David dijo algo en hebreo a sus chicos mientras guardaba el mapa.

¿Qué está pensando? ¿Tirar el muro? Estamos en un sitio arqueológico, me dije.

David, leyendo mis pensamientos con total claridad, me dijo: “Otto, no hay otra manera de sacar los objetos de la isla. Y no querrás dejarlos aquí, ¿verdad?”

Entonces lo entendí.

David no tenía ninguna intención de comportarse como un arqueólogo, aplicar el método científico o notificar el descubrimiento a las autoridades italianas.

No.

El plan de David era robar los objetos sagrados del Templo para llevarlos de contrabando a Israel.

Otro furtum sacrum.