El testamento de Elías (Provenance 1) 11
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Los chicos de David volvieron al pozo portando unos pesados mazos. No eran para nada instrumentos de precisión, y se les veía con prisa.

“David, si no te importa, bajo con vosotros y os echo una mano.”

Una vez más, David me leyó el pensamiento.

“Veo que no te fías de nosotros, Otto”, me respondió con una sonrisa. “Puedes bajar si quieres a asegurarte de que no destruimos nada valioso, pero deja el trabajo pesado a los chicos, están acostumbrados a ello.”

Bajamos de nuevo por el angosto pozo hasta la cisterna.

La cámara del tesoro era más larga que ancha, y los chicos de David tuvieron que maniobrar entre los objetos sagrados hasta llegar al muro posterior.

David les indicó con gestos de la mano que sacaran los objetos sagrados de la cámara y los llevaran al otro lado de la cripta.

Mientras realizaban esta tarea, uno de ellos se había quedado atrás y había empezado golpear el muro.

Así no van a ser capaces de derribar el muro, me dije.

Un momento después, el chico del mazo hizo señas con la mano y salió buceando con prisas de la cámara, cerrando la puerta. David me indicó que me apartara.

Una explosión hizo vibrar la cripta.