El testamento de Elías (Provenance 1) 9
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Cosas maravillosas.

Eso es lo que el arqueólogo Howard Carter dijo ver cuando miró por primera vez dentro de la tumba de Tutankamón.

Esa fue mi misma reacción. La visión de aquellos maravillosos artefactos me dejó sin habla, henchido de emoción como estaba de participar en lo que era posiblemente el descubrimiento arqueológico más importante de la historia de la humanidad.

Hubiera querido compartir mi alegría con David y sus chicos, pero tuve que retenerme.

Todos estaban prostrados con una rodilla en tierra, la cabeza inclinada, sin moverse.

Para ellos, no se trataba de un descubrimiento arqueológico. Ante ellos yacían los objetos sagrados que otrora reposaban en el Santo de los Santos del Templo de Jerusalén, junto al Arca de la Alianza.

Para ellos, su valor no era ni monetario ni histórico.

Eran los símbolos de su Fe, de su Pueblo.

Objetos sagrados que se creían perdidos para siempre.

Allí, ante sus ojos.