7
El resto de los chicos volvieron cargados con equipos de buceo y trajes de neopreno.
“No sé si tenemos tu talla”, le dijo David a Rebecca.
“No te preocupes, David, soy terriblemente claustrofóbica así que no voy a bajar allí de ninguna de las maneras, os dejo ese privilegio.”
“¿Estás segura?”, le pregunté. “Eres una parte importante de esta aventura, deberías estar ahí cuando descubramos los objetos del Templo.”
“Si los descubrís”, respondió con una sonrisa. “Otto, lo que importa es el descubrimiento, no si estoy allí contigo.”
“Qué lástima.”
“Así es. Adesso sbrigati, ponte el traje.”
Empezamos a prepararnos para el descenso al tenebroso agujero. Yo había hecho algo de buceo cuando era joven, pero eso fue hace mucho tiempo, así que David vino a ayudarme con el equipo de respiración.
“¿Estás seguro de que puedes hacerlo?”, preguntó David.
“No me lo perdería por nada del mundo.”
“Así se habla.”
“Veo que tú también vas a bajar.”
“¡Por supuesto! Me encanta bucear”, respondió. En ese momento no sabía que David era un buceador extremadamente experto. Pero eso es otra historia…