El testamento de Elías (Provenance 1) VII La fuente de vida
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VII La fuente de vida

Veniexia è in aqua et non ha aqua

Marin Sanudo

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Nuestro guía veneciano nos había dado cita en el Campo San Trovaso, una discreta plaza situada a espaldas del Canal de la Giudecca en el sestiere de Dorsoduro.

Marco era, según Rebecca, todo un personaggio: un tipo muy cool, lleno de tatuajes, vestido de manera bastante alternativa, y al mismo tiempo de una rara erudición, producto de sus estudios de historia en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia.

A mí me cayó bien desde el principio, mientras que Rebecca lo miraba con un poco de desconfianza.

“Ciao, ragazzi, vosotros sois los que queréis ir a San Giorgio in Alga, ¿verdad? Pues estáis de suerte, ¡nadie conoce la isla como yo!”, nos dijo con un marcado acento veneciano, invitándonos a entrar en un anónimo edificio de ladrillo visto que se encontraba en un lado de la plaza.

“Estáis entrando en un pedazo de historia veneciana, el Squero di San Trovaso, un antiguo taller de construcción y reparación de góndolas y otras embarcaciones típicas de la laguna veneciana.”

Efectivamente, la puerta que atravesamos daba directamente a un viejo taller de madera lleno de góndolas patas arriba.

Tras saludar a un par de gondolieri que campaban por el lugar, Marco nos condujo a través del pequeño edificio al exterior, aprovechando para darnos algunos detalles sobre la construcción de las góndolas y el particular modo de remar de los gondolieri.

Todo muy interesante, sin duda, pero lo que a mí más me llamó la atención fue la arquitectura del lugar: se parecía más a una casa de montaña suiza que a un edificio veneciano.

Marco nos explicó el porqué de aquella rareza arquitectónica.

“Históricamente, tanto la madera como los carpinteros procedían de Cadore, una región alpina en el norte del Véneto.”

“Veo que conoces bien el tema”, le dije.

“Vengo de una familia de gondolieri, el squero es como mi casa. Aquí jugaba de pequeño cuando mi padre venía a reparar su góndola.”

“¿Y no te interesa continuar la tradición familiar?”

“Ùfa… demasiado trabajo, demasiado turista insoportable. A mí me va más la aventura, tratar con gente que quiere descubrir la auténtica Venecia, y no este Disneyland masificado en el que se ha convertido la ciudad. La Serenissima ha pasado a ser demasiado agitatissima para mi gusto.”

Marco nos llevó a su Zodiac, la cual estaba atracada delante del squero en un minipuerto con acceso al Rio de San Trovaso, uno de los canales menores que conectan el Gran Canal con el Canal de la Giudecca,

la masa de agua que separa las islas principales de Venecia de la gran isla que da nombre al canal.

“Bienvenidos a mi humilde barca”, dijo con una sonrisa.

Tras instalarnos lo mejor que pudimos en la pequeña lancha neumática, Marco arrancó el motor eléctrico (es más ecológico, nos explicó) y salimos en dirección a nuestra personal isla del tesoro.