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La lectura de la Chanson nos había dejado literalmente sin palabras.
Según el texto, los objetos sagrados del Templo de Jerusalén fueron llevados a una pequeña isla en medio de la laguna veneciana y depositados en una cripta donde se guarda la fuente de vida, esperando tiempos mejores en los que pudieran ser llevados de vuelta a su lugar de pertenencia,
la Ciudad Santa de Jerusalén.
Si los eventos narrados en la Chanson eran verdaderos, eso significaba una de las dos cosas siguientes: o bien los objetos del Templo estaban todavía escondidos en la isla de San Giorgio in Alga o bien habían sido posteriormente retirados de allí y llevados a otro lugar.
Se imponía una visita a la isla.
“Dadas las características de San Giorgio in Alga”, dije, “lo mejor sería buscar un guía turístico que nos lleve allí.”
“¿Y no sería mejor alquilar una barca a motor e ir los dos solos? No creo que sea una buena idea tener testigos de lo que estamos buscando.”
“¿De verdad quieres ir allí sola? Por lo que he leído, el lugar está en ruinas y es usado por drogadictos y todo tipo de gente extraña. “
“Sí, tienes razón, pero...”
“Nada de peros, ni yo soy Indiana Jones ni tú eres Lara Croft, y ya hemos tenido suficientes aventuras para una buena temporada.”
El recuerdo de aquellos sucesos casi fatales en la barriga del Monte Soratte bastó para que Rebecca dejara de insistir.
“Vamos a ver… si meto adventure guide venice en el buscador deberíamos poder encontrar algún guía que nos pueda llevar a San Giorgio in Alga.”
El buscador nos dio una larga lista de resultados, pero casi todos eran los típicos servicios de guía turística que llevan a manadas de americanos o chinos a los sitios más conocidos de Venecia. Sin embargo, entre ellos encontramos uno que nos pareció prometedor.
Marco de Lucia
Boat adventures in Venice
El tal Marco presumía en su página web de conocer los rincones más recónditos de la laguna veneciana y disponía de una Zodiac último modelo. Y, sobre todo, prometía discreción…
Adjudicado.
Estaba a punto de llamar a nuestro guía cuando oímos unos golpes en la puerta.
“¿Quién es?”, respondí mientras Rebecca cubría apresuradamente las páginas la Chanson con un trozo de tela de lino. Una voz respondió tímidamente desde el otro lado.
“¿Servicio de habitaciones?”