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Después de una deliciosa cena en un restaurante con vistas al Gran Canal y una apasionada noche bajo las sábanas, nos despertamos a las tantas y con mucha hambre.
Afortunadamente, todavía servían el desayuno a esa hora tardía, así que nos sentamos en una mesa de la maravillosa terrazza del hotel y tomamos un desayuno completo viendo las góndolas pasar a nuestro lado.
Los placeres románticos que ofrece Venecia, sin embargo, no nos habían distraído de nuestro principal objetivo.
“La Sra. Vianello, Jefa del Archivo Estatal de Venecia, acaba de responder a mi correo electrónico”, dijo Rebecca. “Está de acuerdo para reunirse con nosotros esta tarde a las 15h.”
“¿Crees que nos permitirá buscar el registro notarial en el archivo?”
“Bueno, no creo que vaya a prohibirlo, hacerlo crearía un conflicto diplomático con el Tempio Maggiore y, por ende, con la comunidad judía de Italia que no puede permitirse. Sin embargo, no es tan simple encontrar un texto escondido en la pasta de un libro. Normalmente requeriría desencuadernarlo,
y eso sí que puede prohibirlo.”
“Ya veo.”
“Y eso no es todo. Me he estado informando sobre la Sra. Vianello, y sus ideas políticas pueden ser un problema.”
“¿Qué quieres decir con eso?”
“Digamos que puede que no tenga muchas ganas de colaborar con una organización judía.”
“Bueno, supongo que lo descubriremos muy pronto.”