11
El informe terminaba abruptamente, sin ninguna indicación de lo que había ocurrido con el cantar de gesta, o si este narraba el episodio en el que los objetos del Templo fueron sacadas de contrabando de Constantinopla.
Pero al menos revelaba una cosa importante: la razón por la que Elías Mendes decidió ir a Roma.
Fue allí para estudiar el cantar de gesta que narraba las aventuras del caballero Étienne de París, esperando que esta obra le proporcionara más información sobre el destino de los objetos sagrados del Templo de Jerusalén.
Mi primera investigación en Internet sobre el caballero Étienne de París no proporcionó mucha información.
Me constaba que en la Edad Media grupos de mercenarios (las llamadas Grandes Compañías) ofrecían sus servicios al mejor postor para librar guerras en nombre de reyes y nobles señores, siguiendo la supuesta frase de Beltrán Duguesclín, “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor.”
Cuando no luchaban en guerras ajenas, estos mercenarios se dedicaban al poco noble arte de saquear todo lo que podían.
Por desgracia, no encontré nada que permitiera afirmar si el caballero Étienne de París había sustraído los objetos sagrados del Templo de Jerusalén por pura codicia o a sueldo de algún rey o señor.
Y su vida y paradero final eran un completo misterio.
Una vez más, mi investigación había llegado a un callejón sin salida.