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Cuando llegábamos a casa de mi madre, volví a ver a mis dos amigos de Oriente Medio haciéndose pasar por turistas y caminando alrededor de la estatua de Zurbarán que se encuentra frente a la Casa de Pilatos.
¿Cómo es posible que estos tipos conozcan la dirección de mi madre?
, me dije. Por suerte, había un coche de policía aparcado justo al lado, así que me decidí a dar un buen susto a mis torpes seguidores.
Primero, les saludé con la mano e inmediatamente tomé una foto de sus caras con mi teléfono móvil.
Entonces me acerqué al coche de policía, haciéndome pasar por un turista alemán, y pregunté por la estatua, apuntando ostensiblemente en su dirección.
Los dos tipos, al verme hablar con la policía, se dieron la vuelta inmediatamente y comenzaron a caminar en el otro sentido, perdiéndose rápidamente entre la multitud de turistas.
A pesar de su obvia inexperiencia en su oficio, me inquietó el hecho de que conocieran la dirección de mi madre.
Dada su apariencia de Oriente Medio, hubiera tenido sentido que me estuvieran siguiendo por mis vínculos con David Cohn, aunque no podía entender la razón.
En cualquier caso, consideré que lo más seguro era notificar a David de lo que estaba pasando, así que le escribí un mensaje, adjuntando la foto que había tomado de mis queridos seguidores.
Sin embargo, omití la discusión con Monseñor Hoffmann.
No me sentía atado a la promesa que le había hecho, pero preferí hacer algunas averiguaciones antes de hablar con David al respecto.