El testamento de Elías (Provenance 1) 4
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Mi madre vive en una mansión antigua no muy lejos de la Casa de Pilatos, uno de los más bellos palacios sevillanos.

La calle donde vive está cerca de una de las principales arterias de la ciudad y es fácilmente accesible en taxi, por lo que normalmente mi ruta desde el aeropuerto es bastante simple y rápida.

Pero no ese día. Ese día, pensé, mis huéspedes de Oriente Medio se habían ganado un pequeño paseo turístico, así que le pedí al taxista que me llevara a los Jardines de Murillo.

Este magnífico parque se encuentra a las puertas del casco viejo de Sevilla, un laberinto de callejuelas donde incluso los dispositivos GPS suelen perderse, y que en este momento estaba lleno de turistas y procesiones de Semana Santa.

Un lugar perfecto para despistar a un par de incautos.

Mientras sacaba mi equipaje del maletero ví llegar otro taxi.

Mis amigos de Oriente Medio salieron de él, tratando sin éxito de pasar desapercibidos.

Vigilándolos en todo momento, caminé rápidamente hacia la Plaza de los Refinadores, una bonita placita rodeada de árboles que alberga un monumento a Don Juan Tenorio, el inmortal libertino de Sevilla.

Sin que pudieran percatarse, desaparecí por la calle Mezquita, una de las más estrechas del centro de la ciudad.

El resto fue pan comido. Caminé rápidamente por la Plaza de Santa Cruz hasta el Consulado Francés y luego giré a la derecha en la calle Santa Teresa, donde me mezclé con los turistas que andaban buscando restaurante para cenar.

James Blando los había despistado.

O eso pensaba yo al menos.