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Blando.
James Blando.
James jodidamente Blando.
Eso es lo que soy. O al menos así me llamó mi padre cuando, a los cinco años, le anuncié (de forma bastante pomposa) que quería ser espía.
Hay gente que diría que el comentario de mi padre carecía de empatía, era contraproducente o alguna otra tontería de esas que están de moda hoy en día.
Mi padre habría estado muy en desacuerdo, por supuesto.
Para él, la suprema forma de apoyo moral era desalentarte de persistir en el error.
Todo esto sin olvidar que burlarse de mí era su pasatiempo favorito.
Mirando la definición de la palabra blando en el diccionario de la Real Academia española se encuentra como tercera de sus acepciones la siguiente: adj.
Dicho de una persona: Pusilánime, de carácter débil.
Está claro que la imagen que mi padre se había hecho de mí estaba a millas de distancia del prototipo ario macho que le habían enseñado a admirar.
Ciertamente, un modelo que se basaba más en las fantasías wagnerianas de mi abuela prusiana que en el ejemplo real de mi abuelo.
¡Ah, Großmutter! Lo único que recuerdo de ella es que solía mirarme con poco cariño, y de vez en cuando, sacudía la cabeza como si algo en mí la disgustara.
Pero esa es otra historia. A lo que iba, el hecho es que siempre representé una pequeña decepción para mi padre.
No era ni alto, ni fuerte, ni rubio. Mis genes maternos eran absolutamente dominantes.
Lo bueno es que a mi madre nunca le impresionaron ni las razas puras ni las valquirias rubias, y ella era la verdadera jefa en casa.
En cuanto al jodido James Blando, debo decir que, en más de un sentido, supongo que mi padre tenía razón.
No tengo pasta de espía. Sobre todo porque soy un cobarde.
Sí, un cobarde. Y sin valor, no se va a ninguna parte, ¿verdad?
Misión: ¿Infiltrado? Ni de coña. ¿Arriesgar mi vida para robar secretos de estado de una nación enemiga?
Para nada. Así que, como blando sucedáneo de un emocionante puesto de trabajo en la CIA o en el MI6, me convertí en un ávido lector de libros de espías y un experto en películas del género.
Y por increíble que parezca, hay muchas cosas que puedes aprender en esos libros y esas películas si prestas atención.
Como, por ejemplo, saber cuándo alguien te está siguiendo.