El testamento de Elías (Provenance 1) 2
33%

2

Tras mi breve paseo berlinés volví al hotel para nuestra cita con Lukas Paul.

Este nos había pedido que nos reuniéramos en un lugar público, así que acordamos que el opulento vestíbulo del Adlon sería un lugar ideal para nuestro encuentro.

Mientras esperábamos tomando té y galletas me entretuve observando la colorida fauna que poblaba el hotel: gente con mucho dinero sin duda, pero no necesariamente con mucha clase.

Mucho nuevo rico ruso y chino, con los inevitables adinerados turistas americanos al lado.

Nada que pudiera recordar el glorioso pasado del hotel.

Sentado en una de sus lujosas sillas junto a la fuente con forma de elefante que se erige orgullosamente en el centro, no pude evitar imaginar los personajes y los acontecimientos históricos que este hotel debe haber visto.

Después de todo, sus salones eran el centro social de Berlín antes de la Segunda Guerra Mundial.

Desde el propio Kaiser alemán o el zar Nicolás II de Rusia e incluyendo la flor y nata del cuerpo diplomático, su lista de invitados notables cuenta con Thomas Edison, Henry Ford, John D. Rockefeller, Charlie Chaplin, Albert Einstein, Enrico Caruso, Thomas Mann y Franklin Roosevelt,

por citar sólo algunos.

Por desgracia, tras la contienda el hotel quedó en el lado equivocado de la historia y perdió su papel de hogar de ricos y famosos, siendo demolido en dos etapas, primero el edificio principal en 1952 y luego el resto en 1984, renaciendo de sus cenizas en 1997.

Los ricos y famosos volvieron, pero ya no eran los mismos.

Mientras yo me perdía en disquisiciones históricas David parecía ajeno a todo lo que le rodeaba.

Revisaba en silencio sus correos electrónicos en su laptop sin hablar o siquiera tomar un sorbo de su taza de té.

Sin embargo, fue él quien avistó a Lukas Paul entrando en el vestíbulo. Nada escapaba a su atención.