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David entró en la oficina y me saludó cordialmente.
Parecía estar de muy buen humor, lo cual era algo raro en él (¡incluso me preguntó si había tenido un buen viaje!)
. Como la conversación intrascendente no era su especialidad, se puso inmediatamente manos a la obra y me preguntó sobre el descubrimiento que había mencionado por teléfono.
“¡Vaya, Otto, te has superado a ti mismo!”, me felicitó David al terminar mi narración, “esta carta es efectivamente una mina de información.”
“Bueno, encontrarla no fue más que una afortunada coincidencia. De todos modos, me temo que no he podido averiguar qué le pasó a Matthias Paul después de la guerra. Esperaba que tuvieras una forma de averiguar más sobre él.”
“Oh sí, déjame eso a mí. Te conseguiré toda la información que necesites sobre Matthias Paul en un par de horas.” Después de decir esto, escribió un mensaje rápido a sus colaboradores en su portátil.
Tal muestra de confianza habría pasado por arrogancia en el caso de cualquier otra persona, pero sabía que David cumpliría lo prometido. Siempre lo hacía.
“Debo decirte”, continuó David, “que no estoy completamente seguro de estar contento de tu descubrimiento.”
“David, no te entiendo.”
“Déjame que te explique algo. El verdadero sueño de mi padre es encontrar la menorá del Templo que se puede ver en el Arco de Tito, y la información que acabas de descubrir va a animarlo a continuar la búsqueda.”
“Espera”, dije confundido, “pensé que mi misión era encontrar la Biblioteca.”
“Eso es lo que él quiere que tú pienses. Para él, la búsqueda de la Biblioteca es sólo un medio para llegar a un fin. Su objetivo real es la menorá.”