El testamento de Elías (Provenance 1) 2
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Estambul de nuevo.

Ahmet de nuevo.

La misma vieja y destartalada librería.

La misma mirada codiciosa.

La misma sensación de repulsa al tener que lidiar con ese tipo de nuevo.

Ceremoniosamente, Ahmet fue a la trastienda a buscar las cartas de Mendes.

La postal enviada por Mendes a su hija Myriam iba acompañada de un sobre sellado que se suponía que debía llevar a un cierto profesor Adam Sarfati, un colega y amigo suyo.

Desafortunadamente, Mendes no sabía que entretanto su amigo había fallecido.

Su hija, esperando nuevas instrucciones de su padre que nunca llegaron, guardó el sobre en una caja de seguridad hasta su propio fallecimiento.

Tomé el sobre y extraje su contenido con cuidado. Lo único que encontré fue una larga carta dirigida por Mendes al profesor Sarfati, escrita también en ladino con caligrafía hebrea. Por un momento me quedé absorto contemplando ese documento. Un tesoro estaba ante mis ojos.

Ahmet debió sentir mi interés por esos “viejos papeles”, como él los llamaba, porque empezó a hablar del valor sentimental que tenían para él y de cómo le sería difícil separarse de ellos.

Una estrategia barata de vendedor de alfombras, pensé.

Me dieron ganas de regatearle el precio sólo por el hecho de hacerlo, pero al final, pensé que sería más tiempo perdido en su desagradable compañía, así que acepté su primera oferta sin rechistar.

“Siempre es un placer hacer negocios con usted, Sr. Schmidt”, dijo con su mejor sonrisa después de que acordáramos el precio. “¿Necesita una factura para su empresa?”

“No la necesito.” Y sabiendo la respuesta por adelantado, añadí: “En realidad, si no le importa, preferiría pagar en efectivo.”