VI La carta de Elías
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De vuelta en París.
La mañana después de mi viaje de regreso de Roma llegué a la oficina muy tarde y con el cerebro demasiado nebuloso para preocuparme de nada remotamente profesional, al menos no antes de tomar otra taza de café.
Estaba sirviéndome uno bien cargado en la cocina cuando apareció mi secretaría como un torbellino.
Su cara de cabreo me despertó por completo.
“Bonjour Otto, hay un tal Sr. Yilmaz que quiere hablar contigo por teléfono. Ya ha llamado tres veces esta mañana. Dice que es el nieto del Sr. Elías Mendes y que necesita discutir un asunto privado contigo.”
Exactamente lo que necesitaba, me dije a mí mismo.
Cuando me despedí de Ahmet en Zúrich no pensé que lo volvería a ver. Había encargado a un bufete de abogados el seguimiento del tema de su herencia y estaba muy contento de haberme deshecho de él.
“Es una llamada a cobro revertido desde Estambul, ¿debo aceptarla?”, añadió mi secretaria con indisimulado desdén.
La racanería de Ahmet me dio ganas de pedir a mi secretaria que le dijera que estaba ocupado, pero afortunadamente me resistí a mi impulso inicial y le dije que aceptara la llamada.
“Sr. Schmidt, ¿se acuerda de mí? Soy Ahmet Yilmaz, de Estambul. El nieto de Elías Mendes.”
“Por supuesto que le recuerdo”, respondí con indiferencia. “¿Qué puedo hacer por usted, Ahmet?”
“Tengo algo que puede interesarle. A petición del abogado que se ocupa de mi herencia, he revisado los papeles de mi madre y he encontrado algunas cartas que mi abuelo le envió desde Roma en 1943.”
Cartas enviadas desde Roma en 1943. Obviamente, esto me espabiló completamente.
“Adjunto a una postal había un sobre sellado. Y mi madre nunca lo abrió, lo cual me parece un poco extraño.”
“¿Dice usted que el sobre estaba sellado?”, respondí de la manera más neutral posible, tratando de ocultar mi creciente interés.
“Sí, con un sello de cera roja, pero lo abrí. Dentro había un documento escrito a mano.”
Su voz reflejaba su decepción. Ahmet seguramente esperaba encontrar algo más valioso que algunos papeles viejos. El pobre cretino no sabía lo que tenía en sus manos.
“¿Lo ha leído? ¿De qué trata este documento?”, pregunté impaciente.
“No tengo ni idea, está escrito en hebreo. Puedo enviarle una foto si quiere.”
“Por favor, hágalo.”
“Un segundo, por favor.”
Casi instantáneamente, recibí un correo electrónico de Ahmet.
Cuando abrí el mensaje no podía creer lo que estaba viendo.
La foto adjunta mostraba una postal con el Arco de Tito en la parte delantera que había sido enviada por Mendes unos días antes de la redada del Gueto romano.
En el reverso, había un mensaje para su hija escrito no en hebreo como Ahmet había pensado, sino en ladino con caligrafía hebrea. El texto decía lo siguiente:
Roma, 28 de septiembre de 1943
Mi querida Myriam,
Espero que esta carta te encuentre bien en tu nueva vida de casada. Siento mucho no haber estado presente en tu boda, una ausencia forzada por los acontecimientos que tú bien conoces.
Necesito que me hagas un favor. Tienes que llevar el sobre adjunto al profesor Sarfati sin dejar que nadie lo abra. Es importante que se lo entregues en persona, él sabe de qué se trata.
Tu padre que te quiere,
Elías
Ahmet me hizo salir de mi trance: “Sr. Schmidt, ¿sigue ahí? No le oigo...”
“Sí, Ahmet, estoy aquí.”
“Si le interesa el documento, estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo sobre el precio.”
“Pues sí, podría estar interesado. Hagamos lo siguiente: Viajaré a Estambul el sábado por la mañana y me reuniré con usted en su tienda a la hora de cerrar.”
“Perfecto. Que tenga un buen día, Sr. Schmidt.”