El testamento de Elías (Provenance 1) 3
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Desde el principio, lo que más me sorprendió de David fue su apertura mental.

Siendo consciente de que mis lazos de sangre podían crear una mala impresión en un renombrado cazador de nazis, le mencioné de antemano mi sentimiento de culpa por estar relacionado con los asesinos de su pueblo.

David me respondió con una cita del Libro de Ezequiel: el hijo no cargará con las culpas del padre, ni el padre cargará con las culpas del hijo.

Sobre el justo recaerá su justicia, y sobre el malvado, su maldad.

El hijo no cargará con las culpas del padre...

pero ¿qué pasa cuando el hijo se beneficia de la riqueza y de los lazos sociales de su padre, y ambos son el subproducto de crímenes abyectos?

Mi padre, Siegfried Schmidt, consiguió un trabajo en el incipiente cuerpo diplomático de Alemania del Oeste gracias a algunos de los antiguos camaradas de guerra de mi abuelo que se habían convertido en altos funcionarios tras un benévolo proceso de desnazificación.

En cuanto a mí, la buena fortuna de mi padre hizo que mi familia viviera en media docena de países diferentes, con lo que pude ver mundo y aprender otros tantos idiomas extranjeros.

Estudié Derecho e Historia en las mejores universidades y disfruté como mi padre de todos los privilegios inherentes a alguien de mi posición social.

Todo eso de forma natural, como si me lo hubiera merecido por el simple hecho de haber nacido.

Todo eso de forma natural, al menos mientras no fui consciente de quién era realmente mi abuelo.