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El gueto de Theresienstadt fue creado por los nazis en la que es hoy en día la ciudad amurallada de Terezín, en la República Checa.
Pese al importante número de muertes acaecidas en su recinto desde su creación en 1941 hasta el fin de la guerra (unas 33.000), Theresienstadt no era un campo de exterminio en sí mismo.
Tenía una doble función: era una especie de etapa en el camino al matadero de Auschwitz, y al mismo tiempo fue utilizado por los nazis para hacer propaganda sobre las condiciones de vida de los judíos en Alemania y sus territorios ocupados. Eficacia nazi…
A pesar de las penurias impuestas por la vida en el gueto, sus habitantes hacían todo lo posible por organizar la vida en común de la manera más llevadera posible, incluyendo una rica vida cultural e intelectual: había música, teatro, cabaret...
y conferencias. Albert me explicó que fue en uno de estos eventos en el que Mendes y Abramovich se conocieron.
“Una noche, Mendes fue invitado a hablar sobre cualquier tema que considerase interesante para el público. Eligió La historia del Templo de Jerusalén. Según Abramovich, Mendes dio un discurso erudito pero accesible, y el público quedó encantado.
Abramovich nunca había visto a este distinguido turco en el gueto, así que fue a presentarse al recién llegado. Mendes le contó cómo los nazis lo habían enviado de Roma a Theresienstadt para participar en el Talmudkommando.”
“Espere, ¿ha dicho Talmudkommando?”
“Talmudkommando era el apodo que los nazis le dieron a un grupo de rabinos y eruditos que fueron obligados a catalogar los libros judíos que los nazis robaron por toda Europa. El nombre oficial era Bucherfassungsgruppe.”
Grupo de catalogación de libros. Hay que ser alemán para dar un nombre tan perfectamente burocrático a lo que era trabajo de esclavos puro y simple.
Hay que decir que dada la cantidad de libros que había que ordenar (30.000 hasta abril de 1945), ciertamente necesitaban un grupo de catalogación de este tipo.
En la era actual de Internet y el Big Data, estamos acostumbrados a tener todo el conocimiento del mundo a un clic de distancia, pero poder acceder al contenido de una biblioteca física presupone un trabajo de catalogación llevado a cabo por un ejército de bibliotecarios expertos cuyas únicas armas
son el tiempo, la paciencia y el conocimiento.
Los nazis eran plenamente conscientes de ello y, dado que disponían de una mano de obra extremadamente barata, eligieron a las personas mejor preparadas del gueto para realizar esta operación.
“Ahora viene la parte intrigante de la historia”, dijo Albert en su estilo más teatral. “Mendes le dijo a Abramovich que los libros robados por los nazis en Roma no habían sido enviados a Theresienstadt.”