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La mayoría de la gente asocia a los nazis con la quema de libros.
Todo el mundo ha visto en televisión o en Internet las dantescas imágenes de estudiantes lanzando cientos de libros al fuego en las calles y plazas de ciudades alemanas en los años 30.
Auténticas piras funerarias de la civilización occidental, fueron un preludio bárbaro de la quema de seres humanos, exactamente como lo describió de manera visionaria el poeta alemán Heinrich Heine.
Mucho menos conocido es el meticuloso saqueo llevado a cabo por los nazis en las bibliotecas de toda Europa.
Antes de mi conversación con Albert había escuchado algo al respecto, pero ignoraba tanto las razones por las que este robo masivo había tenido lugar como las dimensiones del mismo.
Mientras que el robo de una obra de arte se hace generalmente por pasión artística o simple avaricia, ¿qué pudo haber llevado a los nazis a transportar toneladas de libros en vagones de tren a través de toda Europa?
Y no era un ejercicio selectivo, no: los libros se tomaban a granel sin ningún tipo de clasificación, es decir, eran trasladados sin conocimiento previo de su valor.
Un hecho particularmente sorprendente explica el interés que el régimen nazi tenía en los libros judíos.
Según uno de sus más influyentes ideólogos, Alfred Rosenberg, era importante para las generaciones futuras conocer al enemigo después de su derrota final.
Por eso las bibliotecas judías públicas y privadas fueron saqueadas en toda Europa para llenar las estanterías del Institut zur Erforschung der Judenfrage, el Instituto para la Investigación de la Cuestión Judía.
En los ojos y en los sueños más delirantes de los nazis, era un instituto de investigación dedicado a estudiar un pueblo que estaba abocado a la extinción...