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“Moshé Abramovich era uno de esos judíos bien integrados que poblaban la vida cultural e intelectual de Viena en los años 30. Como muchos de ellos, no había podido huir del país después del Anschluss y había sido deportado al gueto de Theresienstadt.
Allí conoció a un judío de Estambul cuyo nombre ya has oído antes: Elías Mendes.”
“¿Mendes?”, respondí sorprendido.
“La vida está llena de coincidencias…”
“Sin duda. ¿Pero quién era exactamente este Elías Mendes? ¿Y por qué está usted tan interesado en él?”
“Un poco de paciencia, Otto, estoy llegando a ello. Elías Mendes era un historiador, un gran experto de la historia de Constantinopla y particularmente de su magnífica basílica, Santa Sofía. Había estudiado en detalle las obras de renovación emprendidas en 1847 por los hermanos Fossati,
y debido a su amplio conocimiento del edificio le llamaron para la posterior campaña de restauración llevada a cabo por Thomas Whittemore a principios de la década de 1930. Más importante aún,
también colaboró con el profesor de la Universidad de Berlín Gustav Adolf Deissmann en la catalogación de la antigua biblioteca del Serrallo en el Palacio Topkapi.”
“¿Una biblioteca en un serrallo? Pensé que era...”
“¿Un prostíbulo, quizás? ¡No, mein lieber! En la época otomana, un serrallo era un lugar apartado donde las esposas y concubinas vivían juntas. En este caso, las esposas y concubinas del sultán. La Biblioteca del Serrallo contenía, entre otras cosas,
nada más y nada menos que los restos de la Biblioteca Imperial de Constantinopla. El profesor Deissmann reunió un catálogo de sus manuscritos no islámicos, es decir, aquellos documentos muy antiguos (y muy valiosos) anteriores al dominio otomano. El caso es que, según me dijo Abramovich,
durante este trabajo de catalogación Elías Mendes encontró en la Biblioteca del Serrallo algo muy importante.”
Estaba empezando a perderme un poco. “Vamos a ver si lo he entendido”, le interrumpí. “Mendes le dijo a Abramovich que había encontrado algo muy importante en la Biblioteca del Serrallo. Pero ¿qué es lo que había encontrado?”
“Me temo que Mendes no se lo dijo a Abramovich.”
“¿Es decir, le dijo que había encontrado algo muy importante, pero no dijo de qué se trataba?”
“Tienes que entender el contexto de la historia. Después de algunos meses en Theresienstadt, ambos hombres fueron deportados a Auschwitz. La salud enfermiza de Mendes no soportó mucho tiempo las condiciones inhumanas del campo, así que una noche, en un delirio febril,
le dijo a Abramovich que había encontrado algo muy importante. Y repetía incesantemente dos palabras en alemán: Ein Band...”
“Band es la palabra alemana para banda, cinta, tira o cordón. Puede significar muchas cosas diferentes dependiendo del contexto. ¿Qué quiso decir con la frase una banda?”
“Me temo que no lo dijo.”
“Extraño...”
“También murmuró otra serie de cosas sin sentido, como por ejemplo algo sobre una unterirdische Stadt.”
“Ciudad subterránea. Igualmente extraño. Supongo que no mencionaría por un casual el nombre ni la localización de esta ciudad.”
“Me temo que no. Su última palabra, y esto es todavía más insólito, fue scarpa…”
“Que significa zapato en italiano…”
“Exactamente.”
“Ok… Recapitulemos. Mendes descubrió algo muy importante en la Biblioteca del Serrallo en Estambul, que podría ser esta banda que mencionó, y murmuró algo sobre una ciudad subterránea y un zapato. Pero hasta ahora, no veo nada que parezca ser muy importante.
Y mientras no sepamos qué es esa banda no hay manera de buscarla.”
En ese momento, presa de la excitación, me atreví a preguntar algo a lo que llevaba dando vueltas en mi cabeza desde mi viaje a Estambul: “Albert, hay otra cosa que no entiendo: ¿por qué Elías Mendes, un historiador turco, tenía una cuenta bancaria en Zúrich, Suiza?
¿Y cómo sabía usted que esa cuenta existía?”
“Buena pregunta. Otto, ¿te suena la expresión turca Varlık Vergisi?”
“Me temo que mi turco sólo da para pedir baklava en una cafetería...”, respondí bromeando.
“Varlık Vergisi significa impuesto al capital”, explicó Albert.
“Este impuesto fue introducido por el gobierno turco en 1942 para gravar el patrimonio de los ciudadanos no musulmanes. El motivo oficial de la introducción de este impuesto fue recaudar fondos para el caso de que Turquía entrase en la Segunda Guerra Mundial. El verdadero motivo, sin embargo,
era obligar a los no musulmanes, y muy particularmente a los judíos acaudalados, a vender sus propiedades a la burguesía musulmana. Los que no podían pagar el impuesto eran enviados a campos de trabajo y sus bienes eran expropiados por el estado. Como te puedes imaginar,
algunos de esos ciudadanos turcos (pero no musulmanes) trataron de evadir al menos una parte de su dinero. Mendes lo hizo. Le dijo a Abramovich que había abierto una cuenta bancaria en Zúrich poco antes de la aprobación de la ley y que había transferido allí buena parte de su dinero.”
Había otra cosa que no estaba clara para mí. “Si Mendes era ciudadano de un país neutral, Turquía, y tenía su fortuna personal en otro país neutral, Suiza, ¿cómo es que terminó en un campo de concentración nazi?”
“Desafortunadamente, estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Roma, octubre de 1943.”