III El enigma de Mendes
1
Chance is the instrument of Providence
Horace Walpole
Le hasard n'est que la mesure de notre ignorance
Henri Poincaré
La vida está llena de coincidencias. Hay incluso quién dirá que todo es una cuestión de coincidencia, y que las cosas que más valoramos están fuera de nuestro control.
Por ejemplo, lo que somos depende completamente de una serie de factores externos, como el material genético que recibimos de nuestros padres o nuestras propias circunstancias personales (lugar de nacimiento, situación socioeconómica y cultural, etcétera).
Por otro lado, desde una perspectiva puramente racional, podría decirse que nada en la vida es aleatorio, ya que cada efecto tiene una causa.
El hecho de que no seamos capaces de predecir o explicar la causa no significa que el efecto no la tenga.
La teoría del caos. El efecto mariposa. Bla bla bla. Albert no era una persona que perdiera el tiempo en tales disquisiciones metafísicas.
“Algunos lo llaman suerte, y otros prefieren creer en el destino. Yo simplemente tengo una certeza: una serie de encuentros fortuitos han dado forma y propósito a toda mi vida. Aquel joven lector de Stefan Zweig en el tren. Mis padres adoptivos. Ese capitán del ejército. Hannah.
Y en el asunto que nos ocupa, un sobreviviente del Holocausto, Moshe Abramovich.”
Albert se permitió otro sorbo de su extraordinario whisky escocés antes de continuar su narración. Y yo aproveché para hacer lo mismo.
“¿Sabes algo, Otto? Morir en un campo de exterminio nazi es algo horrible, pero el sentimiento de culpa del sobreviviente es algo casi tan terrible. En mi caso, es algo que pesa como una enorme losa sobre mi conciencia. Imagínalo por un momento:
mis padres me enviaron a Inglaterra sabiendo que probablemente no me verían nunca más. Ser consciente de ello me ha sido siempre insoportable, e incluso hoy haría cualquier cosa para deshacerme de él. Cualquier cosa. Este sentimiento corrosivo, venenoso, y que sin duda me acompañará hasta la tumba,
me hizo involucrarme activamente, con el invaluable apoyo de David, en todo lo que concierne a las consecuencias del Holocausto. Como tú ya sabes, he hecho hincapié muy particularmente en dos aspectos:
la caza de los criminales nazis y la restitución de las obras de arte llevada a cabo por PROVENANCE. Siento que es mi deber hacia los seis millones de judíos asesinados por los esbirros de Hitler. Pero todo ello no me era suficiente. Mis padres y mi hermana estaban entre esos seis millones,
y no tenía ninguna información sobre cómo o cuándo murieron. Piénsalo. No saber si tu familia murió de enfermedad y desnutrición en un gueto o gaseada con Zyklon B y cremada como tantos otros. De hecho, ni siquiera sabía con seguridad que estaban muertos. Quién sabe,
tal vez se las habían arreglado para sobrevivir y emigrar a Palestina, Australia o quién sabe dónde. En cualquier caso, yo sentía la necesidad imperiosa de saber qué había sido de ellos, así que decidí emprender una investigación en profundidad sobre el destino de mi familia. A cualquier precio.
La única información que tenía era que habían sido enviados al campo de concentración de Theresienstadt antes de ser deportados a Auschwitz, así que comencé mi investigación tomando contacto con los sobrevivientes del Holocausto que siguieron ese trágico itinerario. Desafortunadamente,
mis investigaciones no dieron frutos y hoy en día todavía no sé cuándo, cómo o dónde murieron.”
Albert hizo una pausa, obviamente superado por la pena, pero se recuperó rápidamente y continuó: “Lo único bueno que salió de esa operación infructuosa fue conocer a Moshe Abramovich, uno de los pocos sobrevivientes del Holocausto que pasó por las penurias de Theresienstadt y Auschwitz.
Cuando lo visité en su casa de Tel Aviv, Moshé ya era un viejo enfermo con mala memoria. No supo darme ninguna información sobre mi familia, pero insistió en contarme una historia que, según él, no había mencionado a nadie antes. Una historia triste y maravillosa que cambió mi vida por completo.”