El testamento de Elías (Provenance 1) 6
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Un viaje en taxi en Estambul es una experiencia interesante.

En el lado positivo, los conductores suelen ser muy amigables y, a menos que te toque el típico taxista tramposo, las tarifas son baratas.

En el lado menos positivo, todos conducen como locos y no hablan inglés más allá de algunas palabras básicas.

El que me llevó al viejo distrito de Sultanahmet se las arregló para meterme el miedo en el cuerpo con sus arriesgadas maniobras mientras me explicaba en pocas pero explícitas palabras cómo odiaba a las hordas de turistas árabes que visitan Estambul.

Era una pena, me dijo, que todos los turistas no fueran americanos como yo.

Sin revelarle que en realidad soy mitad alemán mitad español, le pregunté el porqué de tanto odio.

Me explicó que los árabes venían en masa a Estambul, pero eran muy tacaños y no gastaban tanto dinero como los occidentales.

Sin embargo, me dio la impresión de que en su actitud había una pizca de esa arrogancia tan típica de ciudadanos de antiguos imperios con respecto a gente de sus antiguas colonias.

¿O era sólo la reacción de un ciudadano de un país laico (en teoría, al menos) ante la proliferación de burkas y otras prendas islámicas en su ciudad?

No lo tengo muy claro. En cualquier caso, mientras yo reflexionaba sobre los efectos del colonialismo en la mentalidad popular fui brutalmente llevado de vuelta a la realidad por otra de las maniobras suicidas del taxista, y decidí que era hora de ponerme el cinturón de seguridad.