El testamento de Elías (Provenance 1) 3
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Me llamo Otto Schmidt-Toledano y dirijo desde mi oficina en París un pequeño bufete de abogados especializado en Derecho del Arte.

Nuestros clientes son principalmente galerías, casas de subastas y coleccionistas adinerados, y nos ocupamos de complejos asuntos jurídicos en materia de propiedad intelectual y fiscalidad internacional.

Los pingües beneficios que obtenemos me permiten financiar ciertos placeres personales.

Y si hay algo que disfruto particularmente son los casos de restitución de arte, de los cuales me ocupo personalmente y en muchas ocasiones pro bono.

En este tema concreto, llevo unos cuantos años trabajando para PROVENANCE, llevando a cabo en su nombre demandas judiciales tanto en Francia como en el resto de Europa,

negociando acuerdos discretos entre museos y propietarios legítimos y dando conferencias para promover la necesidad de una intervención activa de los poderes públicos en este respecto.

A pesar de mi estrecha colaboración con PROVENANCE, nunca había tenido el placer de conocer a su Presidente Fundador en persona, y no por falta de ganas de mi parte, ya que siempre he sido un gran fan de sus películas.

Creo que mi pasión por la arqueología bíblica me viene más de ver de pequeño las películas de romanos producidas por Albert Cohn que de acompañar religiosamente a mi madre a la iglesia todos los domingos.

Por eso me emocioné como un crío cuando su oficina me envió una invitación para una videoconferencia privada.

No indicaba razón alguna. Ni falta que me hacía.

Lo que no sabía era que ese encuentro iba a poner mi vida patas arriba.