El Ter: una biografía 3. Un aliento fétido #4
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3. Un aliento fétido #4

Convencida y confiada, la Biógrafa está a un dedo de dejarse ir hacia la oscuridad absoluta.

Un aleteo descoordinado se acerca por la derecha y unas garras la cogen de la nuca.

Del susto, inhala y sabe que está en el aliento de campo otra vez.

Lentas, las alas se esfuerzan por llegar a algún lugar en medio de la neblina amiga.

El encinar se desloma por proporcionar alguna rama segura donde las alas dejen caer a la Biógrafa y vuelven a desaparecer cielo allá.

Así es como se vuelve a encontrar en medio de la nube pestilente que le asegura que: «La muerte atrae, ¿verdad?

El vacío invita. El sueño es mucho más sugerente que la vigilia.

El agua del riego que acabas de conocer ya mató a la doncella de agua de la riera.

Podría haber dejado que ahora te matase a ti.

Ella y yo estamos hechas de lo mismo. A menudo salgo de ella y, en el fondo, tenemos las mismas intenciones.

No somos malas, pero esta es nuestra naturaleza.

La que nos habéis dado. Pero a ti aún no te toca morir.

Antes tienes que darme un nombre y, para dármelo, tienes que acabar de conocerme un poco más, porque yo también soy parte de Ter».

Incapaz de responder nada, la Biógrafa suspira y mira al cielo.

Esta parece una noche eterna e intuye que no se hará de día hasta que no le dé un nombre a la pobre neblina.

Intenta concentrarse de nuevo en inhalar y exhalar, a ver si así puede pensar un poco con claridad.

Además de su respiración, siente la de todo el encinar que la acompaña.

Aunque no las ve, la Biógrafa sabe que está rodeada de muchas otras encinas.

De hecho, diría que detrás de ella está la falda de una montaña plagada de encinas. ¿Y delante?

Delante se entrevé una luz fosforescente, como una aurora boreal que se mueve a ras de suelo.

Un tono verdoso radioactivo y brillante traza un camino fino y tortuoso que avanza de derecha a izquierda.

Hace ruido de agua que fluye con extrema lentitud.

La neblina levanta a la Biógrafa y la lleva sobre el sendero reluciente.

Empieza a seguirlo. Forma meandros porque es un río y emite el olor característico de una planta prohibida.

Este es Ter entrando en el pantano de Sau tras meses de lluvias demasiado escasas y de sobreexplotación de sus aguas.

Este es Ter verde radiactivo por el proceso de eutrofización que sufre, lo que provoca el crecimiento descontrolado de cianobacterias.

Este es Ter en un estado casi anaeróbico, cargado de amoníaco tóxico y otros contaminantes.

El camino verde se ensancha un poco cuando llega al pantano.

En sus márgenes, ahora no se ve, hay un barro negrísimo como una especie de petróleo producto de todos los sedimentos orgánicos que se han ido acumulando durante los años.

También hay restos de casas de la gente que vivió aquí antes de que se construyera la presa.

En esta agua casi no hay peces porque, ante la sequía persistente, los humanos decidieron pescar la mayoría de carpas, siluros y barbos que solían habitar las aguas.

Los capturaron para que no convirtiesen el pantano seco en un charco de cadáveres.

A la derecha, en un margen hoy alejado del agónico camino de Ter, está la iglesia de Sau.

Un viento fuerte hace repicar las campanas y empuja el aliento pestilente presa abajo.

Biógrafa y aliento siguen juntos recorriendo Ter, que ahora entra en Susqueda.

Otro pantano en forma de tubo digestivo lleno de ramificaciones complicadas, de vegetación frondosa alrededor —encinas a la izquierda, robles y hayas a la derecha—, en un valle adusto y enroscado.

De él bajan rieras junto a las que malviven algunos humanos cultivando ilegalmente plantas problemáticas. [47]

«La Tiñosa sale muchas mañanas de entre estos bosques.

Oculta bandoleros de ayer y hoy, oculta historias que no quiero conocer.

Caminos cortados y excursiones poco recomendables.

Casas que cambian de nombre y vecinos a punto de caer en la locura…

—empieza la Biógrafa—. Aquí es donde ella y tú, Fetídica, os encontráis, como pasado y presente de una misma realidad.

Ambas sois Ter, sois cielo y sois aire. De Ter salís y en él os deshacéis en cuanto despunta el día.

La Tiñosa es misteriosa y romántica. Tú eres radicante y mortal.

Fetídica, te respiramos y nos corrompes.

La invisibilidad que muestras de día no te hace inexistente.

Tus partículas suben al aire fétido que respiramos.

También bajan a la tierra en la que cultivamos nuestros alimentos y que enfermas de formas fatídicas.

»Te podríamos llamar Fétida, pero te falta esta parte: la fatídica, la que anuncia desgracias.

Y aquí, en tus pantanos, tú te concentras con todos tus compuestos.

Te vuelves líquido y nube. La Tiñosa te observa entre los encinares y los robledos.

Los pantanos son coágulos de destino fatal, aunque también almacenas esperanza para los humanos sedientos de llenar piscinas y hacerse bañeras en un clima cada vez más caliente.

Moriremos todos, Fetídica, y tú nos lo anuncias.

Moriremos todos y no habremos entendido nada».

De detrás de la cresta de Sant Martí Sacalm, un tímido rayo de sol empieza a acariciar el abrigo boscoso de esta tierra.

Casi invisible, la Fetídica se deja caer como una lluvia fina en el agua del pantano.

La Tiñosa se agarra fuerte a los bosques de la umbría, deseosa de durar un poco más y ver los colores con la luz.

A la solana, la Biógrafa se duerme a los pies de un roble vigilada por una, dos y tres abubillas.