El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 27 Easton
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27 Easton

VEINTISIETE

EASTON

Joe Merrick abre la puerta y se echa un poco hacia atrás sobre los talones.

—Pasa, East —dice, apartándose a un lado.

Por primera vez en mi vida adulta, me pongo nervioso al entrar en casa de los Merrick.

—¿Qué tal va todo, Joe? —pregunto mientras me quito el abrigo.

—Bien. ¿Y tú?

Coge mi abrigo y lo cuelga en el armario del recibidor.

—Bastante bien —respondo mientras lo sigo hasta la cocina.

—Claire todavía se está vistiendo.

Asiento.

—¿Agua o Coca-Cola? —Se inclina hacia el frigorífico.

—Una Coca-Cola estaría bien.

Cambio el peso de un pie al otro. Joe no ha sido más que educado y cordial desde que abrió la puerta, pero ese es precisamente el problema: se muestra educado en lugar de sincero, rígido en vez de cálido.

Me lanza una lata y apoya la parte baja de la espalda contra la encimera. La expresión interrogante de sus ojos azules, de un tono más oscuro que los de Claire, está más que justificada, y suspiro.

Se merece una explicación. Joder, después de cómo intentó guiarme tras toda la mierda que mi padre me hizo pasar, se merece muchísimo más que mi silencio.

—Joe. —Me aclaro la garganta y lo miro a los ojos.

He pasado por suficiente terapia como para saber que dejar claras mis intenciones desde el principio es la mejor forma de avanzar.

—Estoy enamorado de tu hija.

Se endereza al oírme y un destello de sorpresa, aunque no de conmoción, le cruza el rostro.

—Sé que no soy lo bastante bueno para ella —añado—. Pero intento serlo. Claire y yo hemos tenido una relación complicada durante años. He intentado mantenerme alejado de ella. He intentado verla como la hermana pequeña de Austin. Pero ya no puedo hacerlo.

Da un trago a la Coca-Cola sin que su expresión revele nada.

—Siento cómo la traté y la forma en que terminaron las cosas entre nosotros.

Pero quiero hacerlo bien, como ella se merece.

Quiero salir con ella. Quiero que vuelva a vivir conmigo si eso es lo que desea.

Quiero tratarla como se merece y hacer las cosas bien con tu familia.

Y me gustaría que estuvieras de acuerdo.

Me observa con frialdad.

—¿Me estás pidiendo permiso, East?

Aprieto la lata de Coca-Cola mientras el corazón me retumba en los tímpanos. La sinceridad, mi antigua enemiga, hace sonar un gong dentro de mi cabeza, una advertencia y un recordatorio.

—No, Joe —respondo con la verdad—. Te respeto más que a ningún otro hombre que conozca. Pero mi relación con Claire es asunto de Claire y mío. Me gustaría contar con tu comprensión, pero no la necesito.

Resopla y niega con la cabeza. Contengo la respiración con el estómago hecho un nudo. Entonces Joe sonríe y sus ojos se despejan.

—Sigues siendo tan jodidamente terco como el día en que te conocí.

Consigo esbozar media sonrisa mientras espero a que continúe.

Ahora se ríe, niega con la cabeza y avanza hacia la isla de la cocina.

—Yo le dije lo mismo al padre de Mary.

Se me abre la boca.

—¿En serio?

Asiente.

—Al principio, no es que mi suegro fuese mi mayor admirador. Había dejado la universidad y tenía telarañas en la cartera.

¿Había dejado la universidad?

—No lo sabía.

Hace un gesto con la mano.

—Terminé la carrera más adelante. Pero en aquel momento necesitaba el dinero para ayudar con las facturas médicas de mi madre.

Jemmy todavía no había sido fichado por la NHL.

Seguía en el instituto. No me arrepiento de mi decisión y ahora volvería a hacer exactamente lo mismo.

Pero el padre de Mary, como es lógico, estaba preocupado por nuestra relación.

Le solté una frase parecida a la tuya: me gustaría contar con tu comprensión, pero no la necesito.

—¿Qué dijo?

—Se rio, me dio una palmada en la espalda y dijo: «Bien».

—¿«Bien»?

—Sí —responde Joe con una risita—. Dijo que ningún hombre que no estuviera dispuesto a defender a Mary, incluso frente a su propio padre, era lo bastante bueno para ella.

Y siempre se me quedó grabado. Llevas mucho tiempo formando parte de esta familia, East. Sé que lo has pasado mal, tanto de niño como más recientemente.

Siempre he creído que eres capaz de superar cualquier cosa que te propongas.

Y también sé desde hace años que Claire te importa.

Vuelvo a abrir la boca.

Se ríe y me señala con la lata.

—A Claire se le daba mucho peor ocultarlo, pero tú también tienes algunas señales que te delatan.

Me río.

—En fin, si puedo darte un consejo…

—Por favor.

—No os precipitéis. Este año has atravesado muchos cambios.

Claire también. Necesitan tiempo para asentarse.

Y los dos os merecéis ese tiempo para descubrir qué queréis, tanto de forma individual como, si así lo decidís, en pareja.

Hoy en día todo el mundo tiene prisa por llegar al siguiente paso.

Graduarse, trabajar, comprar una casa, casarse, tener un perro, tener un bebé…

No existe un proceso correcto. Fui duro con Claire por lo del trabajo porque odiaba verla vagar por casa sin dedicar su energía a algo constructivo.

Sé que no la apoyé como debería cuando me habló de ClaireBear Designs, pero, después de comprobar lo mucho que se está esforzando…

—Hace una pausa y baja la cabeza— y después de que Mary me dejara claras algunas cosas, puedo admitir que está haciendo un trabajo extraordinario.

Tú viste eso en ella antes que ninguno de nosotros.

Crees que no eres lo bastante bueno para Claire por culpa de tu pasado, pero no te estás dando suficiente crédito, Easton.

No reconoces todo lo que has trabajado para llegar hasta donde estás ahora.

Así que tomaos vuestro tiempo y disfrutad saliendo juntos.

—¡Papá! —La voz de Claire llega flotando hasta la cocina—. Deja de echarle la bronca.

Joe resopla.

—Deja de protestar. Vanny lo tuvo peor que tú.

Me guiña un ojo justo antes de que Claire entre en la cocina.

No respondo a Joe porque las palabras desaparecen de mi mente en cuanto veo a Claire. Su presencia me roba el aire de los pulmones y cualquier pensamiento racional.

Se ha alisado el pelo y le cae hasta la mitad de la espalda. Lleva unas botas negras muy sexys, medias negras tupidas, una falda vaquera desgastada y un jersey color crema enorme. Parece recién salida de una revista.

Pero eso no es lo que me hace sonreír.

Sonrío porque sus ojos brillan, tiene las mejillas sonrosadas y me mira como si no pudiera creer que esté aquí.

El alivio me abrasa por dentro al saber que esta mujer, mi Clairebear, me está dando otra oportunidad. Esta vez no la cagaré. Esta vez prometo ir despacio.

Esta vez no pienso arriesgarme.

—Estás preciosa.

Dejo la Coca-Cola sobre la encimera.

Se sonroja y es lo más dulce del mundo.

—Gracias. Tú tampoco estás nada mal cuando te arreglas.

Joe y yo nos reímos mientras él señala el recibidor.

—Pasadlo bien, chicos. Eh, East, ni siquiera te lo he preguntado. ¿Adónde llevas a mi hija?

Resoplo mientras mis dedos encuentran el centro de la espalda de Claire. En cuanto la toco, vuelvo a sentirme centrado.

—A The Ivy.

Joe silba.

—Bastante elegante para una primera cita.

—No cuando lleva tanto tiempo pendiente.

Joe se ríe mientras Claire y yo nos ponemos los abrigos. Nos abre la puerta principal y se despide con la mano mientras bajamos los escalones hacia mi coche.

Cuando estamos dentro y la calefacción funciona a toda potencia, me vuelvo hacia Claire.

—Me alegro de que dijeras que sí.

Pone los ojos en blanco.

—Como si alguna mujer fuera a decir que no a una cena en The Ivy.

Me río.

—O a ti —añade.

Estiro el brazo sobre la consola central y entrelazo mi mano con la suya.

—Te quiero, Claire.

—Ahora te estás adelantando bastante para ser una primera cita.

Sonrío.

—¿Vas a darme guerra toda la noche?

Niega con la cabeza y sonríe mientras se inclina sobre la consola para besarme la mejilla.

—No toda la noche.

Le aprieto la mano antes de soltarla para poder salir del camino de entrada. Justo antes de girar hacia la calle, dice:

—Y yo también te quiero. Siempre te he querido.

The Ivy es un restaurante elegante del centro de Boston, conocido por su ambiente de moda, su galardonada carta y sus célebres expertos en cócteles. Conseguir una reserva es como intentar conseguir entradas para Hamilton: casi imposible, a menos que sepas a quién pedírselo.

Está claro que llamé a Noah.

Como siempre, mi hermano no me falló.

Cenar en The Ivy es toda una experiencia.

Pero el postre juega en otra liga.

—Dios mío —gime Claire mientras muerde el tiramisú—. Esto es…

—¿Celestial? —propongo.

—Orgásmico —gime.

Resoplo y ella cierra los ojos mientras una sonrisa se extiende por sus labios.

—No puedo creer que pidieras toda la carta de postres.

Su tenedor queda suspendido sobre la tarta de queso con frambuesa.

Me encojo de hombros y doy un sorbo al té.

—Sería idiota si no lo hiciera con los sonidos que estás emitiendo.

Se sonroja, pero sus ojos bailan y deslumbran.

—Esto es divertido.

—¿Salir juntos?

—Volver a estar contigo. Te he echado de menos, East.

—Yo también te he echado de menos, Claire. Dios, fui un completo idiota. Lo siento, cariño. De verdad, de corazón, siento toda la mierda por la que te hice pasar.

Niega con la cabeza y deja el tenedor.

—No, en cierto modo lo entiendo. Quiero decir, podrías haberlo gestionado muchísimo mejor, pero tenías buenas intenciones.

—Hablé con mi padre.

—¿Lo hiciste? —Se inclina hacia mí.

—Sí. Marqué el límite y me quité unas cuantas cosas de encima. Me siento… más ligero. ¿Tiene sentido? No lo sé, Claire. Este último año ha sido jodidamente difícil. Pero siento que las cosas empiezan a encajar, y es sobre todo gracias a ti.

—Yo no hice nada.

—Hiciste muchísimo más de lo que crees.

Busco su mano y deslizo las yemas de los dedos sobre su piel suave.

—Me despertaste y me diste un propósito.

—¿Cuál? —Arquea una ceja con escepticismo.

Le sonrío. Sé que piensa que voy a decir alguna tontería, pero en su lugar le doy la verdad.

—Conseguiste que quisiera ser un hombre mejor. Por ti, por mí, por nosotros.

—Por nosotros —susurra, con los ojos iluminados por una esperanza a la que teme entregarse.

Entrelazo nuestros dedos y le doy mi verdad. Sincera, directa y sin rodeos.

—Ya no quiero correr riesgos, Claire. Quiero hacer las cosas bien contigo.

—¿Y cuál es la forma correcta?

—La que tú quieras.

Se ríe y yo sonrío.

—Quiero salir contigo, hacerte el amor y prepararte el café por las mañanas. Quiero apoyar tus sueños y verte con mi número en mis partidos. Quiero que vivamos juntos, en una habitación, con una sola cama. Puedes elegirla tú.

Su sonrisa se ensancha, pero sus ojos se llenan de lágrimas. Le aprieto la mano y continúo:

—Quiero construir una vida contigo, Claire. Pero quiero hacerlo bien. Así que tenemos que avanzar a tu ritmo y debe encajar con la vida y el futuro que tú deseas. ¿Qué te parece?

Parpadea para contener la emoción de sus ojos mientras me devuelve el apretón.

—Creo que quiero todo eso. Todo lo que acabas de decir, lo quiero. Multiplicado por un millón. Para siempre.

Le sonrío y ella me devuelve la sonrisa mientras nos contemplamos por encima de una mesa repleta de postres exquisitos.

—Tengo una sorpresa para ti —susurro.

El pánico prende en su mirada.

—No vas a pedirme matrimonio, ¿verdad?

Resoplo.

—Bueno, si fuera a hacerlo, ya no lo haría después de ver esa cara.

Pone los ojos en blanco.

—Solo quiero decir que todavía no estoy preparada para…

—Te entiendo, cariño. No es un anillo. Creo que ahora mismo te gustará todavía más.

—¿Qué es?

—Está en mi casa.

Me dedica una mirada.

—El regalo no serás tú, ¿verdad?

Me río.

—Porque eso sería muy poco original, East.

Niego con la cabeza.

—Tampoco soy yo. Pero gracias por pensar que soy un partidazo. Joder, creía que no ibas a meterte conmigo toda la noche.

Se ríe, suelta mi mano y se lleva a la boca otro bocado de tarta de queso.

—Entonces llévame a casa, East. Quiero mi regalo. Y después yo tengo uno para ti.

Mueve las cejas de forma insinuante.

—¿Y ahora quién está siendo cursi? —pregunto.

Pero lo amo.

La amo.