28 Claire
VEINTIOCHO
CLAIRE
Se me abre la boca.
—¿Un despacho? ¿Me has hecho un despacho?
No puedo evitar la admiración contenida que se cuela en mi voz mientras paso la mano por el cartel de la puerta del dormitorio de invitados.
Solo que ya no es un dormitorio de invitados.
ClaireBear Designs me devuelve la mirada en los colores de mi marca: verde azulado, plateado y blanco.
El letrero incluye incluso mi nuevo logotipo, un osito con un gorro ladeado adornado con una estrella.
—Dios mío, East.
—Abre la puerta —dice.
Lo miro y, de repente, me pongo nerviosa.
Se muerde el labio inferior y comprobar que él también parece nervioso me da valor para girar el pomo y entrar en la habitación.
Jadeo y el aliento se me queda atascado en la garganta.
Es precioso. Impresionante, incluso. Paredes blancas con una atrevida pared verde azulada alrededor del enorme ventanal que da a la calle.
Un escritorio precioso de roble con una silla blanca y gris claro.
Sobre la mesa hay cestas metálicas plateadas y un juego de escritorio, ya llenos con todo lo necesario para trabajar.
Un iMac ocupa el centro y casi se me salen los ojos de las órbitas.
Permanezco en mitad de la habitación y giro despacio sobre mí misma.
Cada detalle en el que se posa mi mirada hace que el nudo de mi garganta aumente.
Incluso hay obras de arte. En una pared cuelgan tres piezas de técnica mixta que representan a las leyendas musicales de Boston, locales de la ciudad y algunos de sus elementos más emblemáticos, mientras que la otra está cubierta por estanterías empotradas.
Hay unos sujetalibros de ágata y geoda que me resultan terriblemente familiares.
Me acerco y sonrío cuando comprendo que pertenecían a mi dormitorio en casa de mis padres.
Miro a East.
—¿Cómo has…?
—Indy —explica.
Se balancea sobre los talones, con las manos metidas en los bolsillos.
Salvo la distancia que nos separa y le rodeo los hombros con los brazos.
—Gracias. Muchísimas gracias, Easton. Esto es… Dios, es precioso. No puedo creer que tú… Quiero decir, ¿cómo has conseguido…?
Expulso el aire y lo beso con fuerza. Cuando me aparto, me alegra ver la felicidad que resplandece en sus iris.
—¿De verdad te gusta?
—Me encanta de verdad.
Suelta un suspiro de alivio.
—Bien. Me alegro.
—¿Cómo has conseguido organizar todo esto? —pregunto mientras vuelvo a girarme.
—Tuve algo de ayuda. —Se ríe—. Uno de mis compañeros de la universidad está casado con Charlie, una diseñadora de interiores.
Ahora es bastante importante en Nueva York, pero, cuando le expliqué el proyecto, se lanzó de cabeza a ayudarme.
Indy la ha contratado para diseñar la habitación del bebé.
Tengo sus datos de contacto por si quieres cambiar algo.
Niego con la cabeza.
—Ni hablar. Es perfecto.
—Bien. —Me rodea los hombros con un brazo y me atrae contra su costado—. Entonces es tuyo.
—¿Así que ahora vendré a la oficina? —pregunto, levantando la mirada hacia él.
El color de su rostro se intensifica y tengo que contener la risa.
¡Easton Scotch se está sonrojando!
—No quiero apresurar nada, Claire. Tu padre me dio un buen consejo…
Gimo y él se ríe.
—Pero, cuando estés preparada, me encantaría que volvieras a vivir aquí. Mientras tanto, sí, considéralo como venir a la oficina. Hasta tenemos café.
Me río y me acurruco más contra su costado.
—Gracias a Dios, porque mamá me está volviendo loca.
Baja la mirada hacia mí, con los ojos iluminados por el humor.
—¿Mary? Imposible.
Los dos nos reímos y me vuelvo dentro de su abrazo.
Easton entrelaza los dedos en la base de mi espalda y me acerca hacia él. Me pongo de puntillas y alzo la boca hacia la suya. Cuando me besa, el mundo entero se desvanece y volvemos a ser solo nosotros.
Easton me besa con una promesa y yo le respondo con una certeza inquebrantable. Esta vez sé que estaremos bien. Esta vez creo de verdad que estamos hechos el uno para el otro.
Con cada fibra de mi ser y en la parte más profunda de mi alma, sé que Easton es mío de la misma manera que yo soy suya.
Y, en cuanto terminen los playoffs, pienso mudarme aquí.
Sus labios se deslizan por mi mejilla y descienden por la columna de mi cuello. Me arqueo contra él cuando sus manos bajan y me aprietan el culo.
Suelto una risita y tiro de Easton para hacerlo caer conmigo al suelo.
La mullida alfombra blanca me amortigua la cabeza mientras su cuerpo cubre el mío.
Easton se aparta y me sonríe mientras desabrocho la hilera de botones de su camisa de vestir.
Después vuelve a bajar la cabeza y me besa despacio.
Estrenamos mi despacho antes de pasar al resto de las habitaciones de la casa.
Y es perfecto.
Perfectamente nuestro.