26 Claire #2
Su rostro se ilumina al verme y trago saliva, devorándolo con la mirada como si hubieran pasado años en lugar de poco más de un mes.
Quiero gemir.
En voz alta para que todos me oigan.
Porque Easton Scotch está increíble. Para comérselo. Sexy, atractivo, musculoso y…
—¿Has pedido? —Indy me da un codazo.
La aparto de un manotazo y continúo examinando sin ninguna vergüenza al único hombre capaz de hacer que me corra cuando él lo ordena.
Su sonrisa tímida se vuelve arrogante cuanto más tiempo lo observo, pero no me importa.
Porque tiene los ojos despejados, la piel más luminosa y esa boca.
Dios mío, esa boca.
Es suave y carnosa, y aún puedo recordar con una claridad perfecta cómo se sentía recorriendo mi piel.
—¿Claire? —Indy vuelve a empujarme.
Easton se baja del taburete y no aparto la mirada mientras se acerca.
—Ah —dice Indy cuando lo ve—. Yo estaré… allí.
Asiento sin molestarme en mirar dónde queda «allí».
Se acerca y me giro para apoyar la espalda contra el borde de la barra. A mi alrededor, la gente grita sus pedidos y reclama la atención de Pete. Taps está ruidoso y abarrotado. Pero todo parece desaparecer excepto Easton.
—No sabía si vendrías —dice cuando se detiene delante de mí.
Alguien choca con él por detrás y se acerca más, hasta que las puntas de nuestros zapatos se besan.
—Esperaba que lo hicieras —admite mientras se agarra la nuca y me dedica una sonrisa avergonzada—, pero no lo sabía.
—Yo tampoco esperaba verte aquí.
Se encoge de hombros y mira al equipo y a la multitud.
—Es una noche importante, así que… me estoy portando bien.
Bromea mientras alza un vaso de agua con gas y limón.
—Enhorabuena por clasificaros para los playoffs.
—Gracias.
—Has jugado genial esta noche y, en realidad, durante todo el mes. Has conseguido recuperar tu puesto frente a Sims.
Asiente despacio. Baja la barbilla y acerca la boca a la bebida. Easton da un sorbo y yo me quedo mirándolo, hipnotizada.
—¿Lo viste?
—Todos los partidos.
Mi respuesta le agrada. Esa sonrisa relajada que recuerdo de hace años se extiende por su rostro.
—Solo estás alimentando mi ego.
Me río y una oleada de nostalgia me atraviesa el alma. Echo de menos esto.
Con él.
Lo echo de menos a él.
—Tu ego no necesita que lo alimenten.
Niega con la cabeza y me guiña un ojo.
—Solo tú, Clairebear.
Sonrío y bajo la cabeza. Cuando vuelvo a levantarla, me sorprende la seriedad de su expresión.
—¿Cómo estás? —pregunta.
Es una pregunta cargada de significado y, por el brillo de sus ojos, sé que pregunta por todo lo que se esconde detrás.
—Estoy bien —respondo.
Me estudia durante un largo instante y sonríe.
—Bien —dice, satisfecho con mi respuesta.
—¿Y tú?
Se encoge de hombros.
—Voy tirando. Día a día. Yo… —Se ríe con nerviosismo y se pasa una mano por la mandíbula—. Te echo de menos, Claire. Ha habido tantas veces en las que he querido llamarte. Contarte… Dios, un millón de cosas.
Todo.
—Desearía que lo hubieras hecho.
Se humedece los labios.
—Yo también.
Easton estira la mano, me agarra el antebrazo y desciende lentamente hasta sujetarme la muñeca.
—¿Podemos hablar?
—Claro.
Te seguiría a cualquier parte.
Gracias a Dios, no pronuncio las palabras.
En lugar de hacerlo, sigo a Easton por un lateral de la barra hasta un pequeño rincón apartado.
Se apoya contra la pared con expresión intensa.
—¿Qué ocurre? —pregunto, preocupándome porque haya pasado algo.
Inspira hondo.
—¿Me escuchas hasta el final?
Asiento.
—Sé que llevamos un mes sin hablar. Sé que no tengo derecho a pedirte esto. Pero, Claire, lo que siento por ti no ha cambiado. Si no te hubiera visto esta noche, solo habría sido cuestión de tiempo que acabara buscándote.
Frunzo el ceño, tomo su mano y entrelazo nuestros dedos.
—¿Easton?
Esboza esa media sonrisa que me vuelve loca.
—Te quiero, Claire. Dios, estoy enamorado de ti. Han pasado… Bueno, han pasado muchas cosas. Con mi padre. Con el equipo. Con mi recuperación. Pero estoy mejor. Me encuentro en un lugar mejor. Y, si estás dispuesta, aunque no quiero presionarte si no lo estás…
—Dilo de una vez —lo interrumpo, perdiendo la paciencia.
Se ríe y me acuna un lado del rostro con la mano.
—¿Tendrías una cita conmigo, Claire? Una de verdad. Y, si sale bien y te diviertes, ¿aceptarías una segunda? ¿Te plantearías mantener una relación a distancia? Nueva Jersey no está tan lejos. Podría ir durante el verano y nosotros…
—No me mudo a Nueva Jersey —suelto de golpe, frunciendo el ceño porque aún no lo sepa.
Se detiene y la sorpresa queda patente en su expresión.
—¿No? ¿Por qué?
—Porque no quería el trabajo. Ya te lo dije.
Agarro la muñeca de la mano que sigue sujetándome la cara y me inclino hacia su contacto. Le sonrío.
—He abierto mi propio negocio. ClaireBear Designs. He conseguido un encargo con Big Roxi. Estoy haciendo mucho trabajo para The Burnt Clovers.
Arrugo la nariz y bajo la voz.
—Va realmente bien.
Cierra los ojos y una sonrisa enorme se extiende por su rostro. Cuando vuelve a abrirlos, están llenos de orgullo.
—¿De verdad?
Asiento.
—Dios, cariño, estoy jodidamente orgulloso de ti.
—Gracias —respondo—. Y lo digo en serio porque no sé si habría tenido el valor de empezar de no ser por ti.
—Lo habrías hecho —afirma con convicción—. Enhorabuena, Claire.
Me muerdo el labio inferior, me pierdo en sus ojos como siempre y me acerco un poco más.
—Pero, si sigue en pie la oferta de intentarlo sin distancia…
Baja la cabeza y espera mi respuesta.
—Entonces diría que sí.
Sonríe, con nuestras narices casi rozándose.
—¿Sí?
Me pongo de puntillas y lo beso. Es lento y profundo, lleno de alma.
Mejor de lo que recordaba.
—Sí.