26 Claire
VEINTISÉIS
CLAIRE
—Por ClaireBear Designs. —Rielle alza su copa de vino, con los ojos brillantes.
Indy sonríe y hace chocar su agua con gas y lima contra nuestras copas.
—¡Bien!
Pongo los ojos en blanco, pero no consigo contener la sonrisa que se instala en mi cara.
—Gracias, chicas. No puedo creer que de verdad esté haciendo esto.
Rielle hace un gesto con la mano.
—Sinceramente, ya era hora.
Indy asiente.
—Y tus padres ya no parecen tan en contra desde que les enseñaste tus planes de negocio y marketing.
Arrugo la nariz.
—Es verdad. Pero no visteis la cara de papá cuando le dije que había rechazado la oferta de trabajo de Nueva Jersey.
—Ha cambiado de opinión bastante rápido en solo tres semanas —comenta Indy.
—Mamá ayudó —le explico.
Cuando les hablé por primera vez de la oferta de Nueva Jersey, después de que Austin se la mencionara, se pusieron eufóricos. Quiero decir, mamá me aseguró que me echaría de menos si me mudaba, pero estaban orgullosísimos de que hubiera conseguido el trabajo de sus sueños para mí.
¿El único problema?
Que no era el trabajo de mis sueños.
Lo asumí por completo cuando fui físicamente incapaz de aceptar la oferta.
Eso y que Big Roxi me pidió que diseñara la portada de su próximo sencillo y varias propuestas de merchandising.
Dijo que estábamos probando y que, si le gustaba mi trabajo, podríamos hablar sobre la portada de un álbum completo.
También firmó una carta de encargo con el bufete de Aiden.
Después de rechazar el trabajo de Nueva Jersey, salí disparada hacia el piso de Rielle.
Con sus conocimientos de marketing y el talento de Indy para la investigación, preparamos un plan empresarial y de marketing que hizo que papá abriera los ojos con sorpresa, que la sonrisa de mamá se ensanchara y que incluso me ganara el respeto de Austin.
En una semana monté una página web, registré una sociedad de responsabilidad limitada y empecé un boletín informativo. Soy empresaria. De un negocio pequeño, incipiente e incierto, pero ClaireBear Designs es completamente mío.
Doy un largo sorbo de vino y disfruto del sabor.
—¿Cómo llevas lo demás? —me pregunta Indy.
Me encojo de hombros.
—Estoy bien.
Rielle arquea una ceja.
Corrijo:
—Estoy intentando estar bien. Estoy dolida. Echo de menos a Easton. Muchísimo. Pero, en cierto modo, creo que vosotras e incluso East teníais razón. Nos lanzamos demasiado deprisa. Fueron muchas cosas en muy poco tiempo y…
Hago una pausa para ordenar mis pensamientos.
—Quizá necesitaba este tiempo para aclararme yo sola.
Me siento mejor ahora que mi vida tiene una dirección.
Me encanta tener una vía de escape para mi creatividad.
Si no tuviera ClaireBear Designs, estaría sin duda compadeciéndome de mí misma.
Supongo que estoy todo lo bien que puedo estar ahora mismo.
—Pero ¿sigues deseando que Easton y tú estuvierais juntos? —pregunta Rielle.
Asiento. Después suspiro.
—No quiero poner en peligro su recuperación, pero cuando estábamos juntos…
lo era todo a la vez. ¿Sabéis esas historias de amor que salen en las películas?
Cuando todo es arrollador y apasionado. Con East todo era así.
Existía una intensidad, una comprensión entre nosotros.
Era más profundo y más real que cualquier cosa que hubiera vivido antes.
Les dedico una sonrisa triste a mi prima y a mi amiga.
—Me preocupa que él sea el único para mí. Que nunca vuelva a encontrar algo así con otro hombre.
Espero que se rían o resten importancia a mi preocupación. En cambio, las dos me observan con inquietud reflejada en el rostro. Y no esa preocupación cargada de lástima, sino una llena de empatía.
Indy estira la mano y toma mis dedos entre los suyos.
—Todavía puede pasar.
Me encojo de hombros.
—Puede ser. ¿Cómo está él?
Indy expulsa un suspiro y Rielle se inclina hacia delante. Indy nos mira.
—Ya sabéis que Noah y yo prometimos que no nos involucraríamos en lo que sea que ocurre entre vosotros.
Rielle se ríe.
—Pero tú eres de mi sangre, así que… está todo lo bien que puede estar —dice Indy.
Frunzo el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Significa que está haciendo lo mismo que tú. Se mantiene exageradamente ocupado. Reuniones de Alcohólicos Anónimos, entrenamientos, ejercicio, terapia. Se está volcando en ello totalmente. Pero también está sanando, aclarando las cosas y saliendo adelante.
—Bien. —Sonrío.
Y lo digo en serio. Más que nada, quiero que Easton sea feliz. Aunque duela que no estemos juntos. Aunque me hiciera daño cuando rompimos. A pesar de muchas cosas, al final quiero lo mejor para él de la misma manera que él desea lo mejor para mí.
Si eso no es amor, no sé qué lo es.
Pero sigo sufriendo los sacrificios que exige. El amor es un auténtico hijo de puto caprichoso.
Indy me sonríe, me aprieta los dedos y después me suelta.
—Estoy orgullosa de ti, Claire.
Hago una pequeña reverencia.
—Gracias, gracias. Y gracias a las dos por toda vuestra ayuda. No habría podido conseguirlo sin vosotras.
Rielle se termina la copa de vino y sonríe.
—Cuando quieras. Además estoy aliviada porque no te mudes a Nueva Jersey.
Me río.
—Sí, yo también.
Rielle se levanta y acerca la botella de vino hacia mí.
—Tengo que irme a trabajar, pero tú quédate y bebe el vino.
Me señala.
—Puedes hacerle compañía.
Sonríe a Indy.
Indy y yo nos reímos, pero también nos ponemos en pie.
—¿De verdad tienes que irte a trabajar ahora? —pregunto, aunque ya conozco la respuesta.
—Trabajas más que nadie que conozca —interviene Indy—. Más vale que te den ese ascenso.
La sonrisa de Rielle desaparece y, durante un segundo, una oleada de preocupación le cruza la cara. Pero enseguida vuelve a controlar la expresión y fuerza una risa.
—Sí. Eso espero.
Algo en su voz me inquieta y le toco el brazo.
—Rielle, ¿va todo bien? —pregunto al fin algo que lleva semanas dando vueltas en mi cabeza.
Pero durante la mayor parte de ellas estaba demasiado absorbida por mi propio drama como para preguntarle de verdad a mi mejor amiga cómo estaba llevando el suyo.
Rielle se muerde el labio inferior y abre mucho los ojos, aunque asiente.
—Sí, estoy bien.
Se mete el pelo detrás de las orejas y levanta un hombro.
—Últimamente tengo mucha presión en el trabajo. A veces me siento abrumada.
—¿Seguro que solo es eso? —insisto, buscando más información.
Mira alternativamente a Indy y a mí.
—Seguro.
—Vale —dice Indy mientras se inclina para besar a Rielle en la mejilla a modo de despedida—. Pero, si necesitas desahogarte, ya sabes a quién llamar.
Apoya una mano sobre la barriga cada vez más redonda.
—Prácticamente vivo en el sofá a partir de las cuatro de la tarde.
Rielle se ríe.
—Estás increíble, Indy. Resplandeciente y todo eso.
—Y todo eso —coincido con un resoplido.
Abrazo a mi mejor amiga para despedirme y sigo a mi prima hasta su coche.
—¿Crees que está diciendo la verdad? —le pregunto a Indy.
Indy abre las puertas y se detiene con una mano sobre el tirador.
—No lo sé —responde pensativa—. Creo que nos está contando todo lo que puede en este momento. Sí parece agobiada y su trabajo es realmente intenso. No es de las que cuentan demasiado, así que a veces me pregunto si sabe siquiera cómo desahogarse.
Asiento, de acuerdo con su valoración. Aunque Rielle y yo compartimos habitación en la universidad, es una persona muy reservada. Abro la puerta del copiloto.
—¿Quieres que cenemos?
Las dos nos metemos en el coche e Indy lo arranca.
—¿Mexicano?
—Obviamente —respondo.
Desde la primera vez que comí en el restaurante mexicano de fusión el día que Easton salió de rehabilitación, me he convertido en clienta habitual. Unas dos veces por semana.
Indy se abrocha el cinturón y sale de la plaza de aparcamiento en dirección a su piso.
—¿Vas a comprarte un coche ahora que te quedas por aquí?
Me río y le doy unas palmaditas al salpicadero.
—¿Para qué iba a hacerlo si os tengo a ti y a Austin para llevarme a todas partes?
Resopla.
—Quizá —digo despacio—. En cuanto encuentre un sitio donde vivir.
—¿La tía Mary y el tío Joe ya te están volviendo loca? —Indy me mira de reojo.
—Tienen buenas intenciones. Es solo que… estoy preparada para avanzar con mi vida, ¿sabes?
Indy asiente y se detiene ante un semáforo en rojo. Se vuelve hacia mí y sonríe.
—Lo sé. Pero, Claire, ya lo estás haciendo.
Pienso en eso durante el resto del trayecto hasta el restaurante. La frase permanece conmigo durante toda la cena, por la noche cuando me quedo trabajando hasta tarde y a lo largo de toda la semana.
Indy tiene razón.
Ya estoy avanzando.
DOS SEMANAS DESPUÉS
¿Lo mejor del comienzo de abril? Que se empieza a vislumbrar la primavera a la vuelta de la esquina.
Y que los Hawks se clasifican para los playoffs.
La noche en la que ganan el último partido de clasificación, la ciudad estalla. Los vítores resuenan, las banderas ondean desde porches, ventanas de pisos y coches, y todo el mundo brinda por una posible victoria en la Stanley Cup.
Una Indy en el segundo trimestre tiene mucha más energía que una Indy en el primero, así que nos unimos al equipo eufórico en Taps para tomar unas copas de celebración.
Esta noche, Taps rebosa de aficionados emocionados. La zona trasera del pub, reservada para el equipo, está más alborotada que de costumbre, con amigos y familiares de los jugadores apiñándose dentro.
Las mejillas de Indy están encendidas por el frío y la felicidad mientras baila junto a la barra.
Su barriga por fin empieza a notarse y yo estoy disfrutando muchísimo documentando su embarazo, para deleite de Noah y horror de Indy.
Pero, como diseñadora gráfica de la familia, todos sabemos quién va a preparar los elaborados álbumes de recuerdos y fotografías.
Levanta la mano.
—¿Agua o ginger ale? —le pregunto a Indy mientras me inclino sobre la barra para llamar la atención de Pete.
—Ginger ale —responde.
Asiento y miro hacia el otro extremo de la barra.
Unos ojos azul oscuro se aferran a los míos y aspiro con brusquedad.
Easton está aquí.