El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 22 Claire
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22 Claire

VEINTIDÓS

CLAIRE

La tortura que veo en los ojos de Easton me rompe el corazón. La vulnerabilidad que me permite contemplar resulta sobrecogedora y consigue despejarme más deprisa que una semana entera durmiendo y cuatro litros de café. En este momento estoy justo donde quiero estar: entre sus brazos.

Nada ha cambiado. No hemos hablado de todo el dolor que provocó que se marchara.

No hemos atendido del enorme problema que debería estar enrareciendo el oxígeno de la habitación.

No hemos aclarado nada, no hemos acordado nada y no existe absolutamente nada concreto entre nosotros.

Y, aun así, estoy exactamente donde deseo estar.

En cuanto mis labios tocan los de Easton, estoy en casa. No sé si soy yo quien lo sostiene o si es él quien se aferra a mí. No importa. Nada importa excepto que estamos juntos y que se siente bien.

Las baldosas frías se me clavan en las rodillas desnudas, pero las ignoro.

Me duelen las caderas después de permanecer tanto tiempo en la misma postura, pero tampoco importa.

La piel de Easton arde bajo mis manos. Su aroma calma los latidos desbocados de mi corazón. Su boca sobre la mía es perfecta.

Introduzco la lengua en la boca de Easton y él la recibe con avidez.

Nuestros contactos lentos y vacilantes se transforman en una necesidad teñida de desesperación.

Sus manos bajan hasta mis caderas y tira de mí hasta que su cuerpo se cierne sobre el mío y me cubre.

Me besa profundamente, con tanta intensidad y pasión que vuelvo a caer bajo su hechizo.

Sus ojos están llenos de anhelo, bordeados de locura y teñidos de gratitud.

—Te necesito, Claire. —Su voz suena quebrada, ronca por el deseo y entrelazada con dolor.

—Soy tuya —le digo mientras le aparto el pelo de la cara con los dedos—. Siempre he sido tuya.

Al oír cómo se me quiebra la voz, algo dentro de él se rompe. Veo la emoción florecer en su expresión, hermosa y fugaz como el estallido de un fuego artificial. Respira de forma irregular mientras vuelve a inclinar la cabeza. Me besa despacio. Con el alma.

Sus manos exploran mi cuerpo con una gravedad que no estaba presente hace una semana. Ahora es diferente. Minucioso y feroz. Su contacto me marca, un recordatorio sutil de que ningún hombre conocerá jamás mi cuerpo con tanta intimidad como él.

Su boca recorre mi mejilla, mordisquea el lóbulo de mi oreja y desciende lentamente por mi cuello. Me arqueo contra él mientras mis caderas buscan las suyas. La presión que aumenta dentro de mí palpita, necesitada. Quiero que me devore y me saboree al mismo tiempo.

Sus dedos rozan la parte inferior de mis pechos, acariciándome y provocándome.

Mis manos recorren su espalda y le saco la camiseta por la cabeza para poder hundir las yemas de los dedos en su piel.

Él me baja la cremallera del vestido y yo me deslizo fuera de él.

Los ojos de Easton me devoran como si jamás hubiera visto a una mujer con el torso desnudo y sus labios se separan.

Trago saliva, sintiéndome más expuesta que nunca y, al mismo tiempo, más segura de lo que he estado en toda mi vida.

Easton mantiene los ojos clavados en los míos mientras estira una mano y recorre suavemente mi pezón con la yema del pulgar. Inspiro de golpe cuando sus otros dedos me rozan.

—Eres preciosa, Claire. Lo eres todo, cariño. Mi ángel.

Su voz es baja, tranquilizadora por su cadencia y tensa por la necesidad de que lo comprenda.

—Estoy enamorada de ti, Easton. —Suelto las palabras de golpe porque necesito que sepa hasta dónde llegan mis sentimientos, cuánto me importa. Más de lo que jamás creí que fuera capaz y, aun así, no lo suficiente.

Se le juntan las cejas y el dolor florece en su expresión.

—¿Por qué? —susurra, y la incredulidad de su tono me desgarra por dentro.

Levanto una mano y la coloco sobre la suya, presionando su palma contra mi corazón.

—Porque siempre has sido tú.

Sus ojos se llenan de humedad y la sorpresa me sacude. Nunca había visto a Easton tan desprotegido. Nunca lo había contemplado así, vulnerable y abierto.

Me enamoro un poco más.

Se humedece el labio inferior, se inclina hacia mí y roza mi boca con un beso suave.

—Déjame hacerte el amor, Claire.

—Sí —acepto, cerrando los ojos cuando su peso se acomoda sobre mí.

Pero, un instante después, me levanta. Easton me acuna entre sus brazos como si fuera su posesión más preciada.

Sube las escaleras despacio y nos lleva hasta su dormitorio.

Me deposita en el centro de la cama como si pudiera romperme.

Está muy lejos de la forma en que suele lanzarme, pero esta noche todo es diferente.

Más.

Es como si los dos estuviéramos desprendiéndonos de las capas con las que nos envolvemos para protegernos del mundo. Las retiramos una a una y nos exponemos ante la única persona capaz de comprender.

El uno ante el otro.

Easton se quita los pantalones y los bóxeres.

Me paso la lengua por el labio inferior cuando mi mirada desciende hasta su polla.

Está tan duro por el deseo que saber lo que le provoco hace que una oleada de calor me inunde entre las piernas.

Niega con la cabeza y una sonrisa diminuta le roza los labios.

—Todavía no, cariño. Te prometo que llegaremos ahí. Pero esta noche quiero venerarte.

Se coloca sobre mí y se acomoda entre mis muslos. Me besa un lado del cuello.

—Me salvaste, Claire.

Su boca encuentra la mía, sus manos ascienden por mi cuerpo y cierro los ojos.

Intento tocarlo, pero la mano de Easton cubre la mía y me sorprende.

—No nos apresuremos —murmura mientras su mirada recorre mi cuerpo como una caricia.

Esperaba que nuestro reencuentro después de una semana fuera frenético y necesitado, pero él ralentiza el ritmo, se toma su tiempo y saborea cada instante.

Una de sus manos me sujeta las muñecas mientras la otra desciende por mi brazo y se cierra alrededor de mi cuello. Se aparta y me mira a los ojos.

—Siento todo lo que ha pasado, Claire.

—Yo también, East.

—Déjame amarte, cariño —murmura mientras deja un rastro de besos por mi cuello antes de reclamar de nuevo mi boca.

Aprieto los muslos ante la promesa que esconden sus palabras. Sus dedos me masajean la nuca y me derrito contra él.

Easton me besa con pasión mientras una mano recorre el costado de mi cuerpo y me rodea. Me estrecha contra sí, eliminando cualquier espacio entre los dos.

—Eres jodidamente preciosa, Claire —me susurra al oído antes de descender por mi cuerpo.

Se mete uno de mis pechos en la boca y me arqueo hacia él mientras enredo los dedos en su pelo.

Quiero todo lo que Easton esté dispuesto a darme.

Y un poco más.

Cuando un gemido cae de mis labios, Easton cambia de ritmo.

Cubre mi cuerpo con el suyo y se introduce dentro de mí con una lentitud agónica.

Sus ojos se hunden en los míos y todas las emociones que se arremolinan en ellos calman las últimas dudas que aún me quedaban.

Easton me llena y, por primera vez en una semana, siento que puedo volver a respirar.

Nuestros cuerpos encuentran un ritmo tan antiguo como completamente nuevo para mí.

—Estás empapada, Claire —gime Easton.

Cierro los ojos mientras la presión aumenta en la parte baja del vientre.

Los labios de Easton recorren mi mejilla con la ligereza de una pluma y mordisquean mi oreja.

Mis manos se cierran sobre su espalda y lo atraen más profundamente dentro de mí mientras levanto las caderas para encontrarme con las suyas.

—Jodidamente perfecta —murmura mientras asciende por mi garganta con besos hasta que su boca captura la mía.

No sé cuánto tiempo pasamos besándonos y tocándonos. Sintiendo y explorando. Dando e intercambiando. Solo sé que, cuando nos rompemos, estamos perdidos en los ojos del otro y siento el corazón a punto de estallar. Cuando desciendo del éxtasis que Easton ha creado, toda mi vida parece distinta.

El mundo es distinto.

Con el pecho de Easton pegado a mi espalda y sus brazos rodeándome con fuerza, me siento completa. Por primera vez, siento que soy suficiente.

Para mí.

Para él.

Para mi futuro.

Me acurruco más profundamente entre sus brazos. Tengo el cuerpo agotado y satisfecho. Easton me ha hecho sentir tantas cosas a la vez que dejé de pensar y me perdí en el momento.

El momento más hermoso de toda mi existencia.

Los párpados me pesan por el sueño y me relajo, dejando que el cuerpo se hunda y la mente se silencie. Justo antes de quedarme dormida, noto el aliento de Easton sobre el pabellón de mi oreja.

—Te quiero, Claire.

Me duermo con una sonrisa en los labios.

Cuando despierto por la mañana, una luz gris y pálida envuelve la habitación.

La cabeza me palpita y no sé si se debe a los chupitos que me tomé con Rielle, a la sobrecarga emocional de lo ocurrido con Easton o a una combinación de ambas cosas.

Aparte de un dolor de cabeza sordo, no tengo demasiada resaca.

Me vuelvo despacio y sonrío al ver la expresión divertida de Easton.

—Buenos días, Clairebear. ¿Cómo te encuentras?

—No tan mal como pensaba.

Frunce el ceño, pero después resopla.

—¿Cuánto bebiste?

—Rielle siente debilidad por los chupitos.

—Torsten también. Dijo que te vio anoche. —Easton me atrae más contra su pecho.

Asiento y apoyo las manos sobre sus pectorales duros.

—Apoyó a Aiden cuando decidió que ya habíamos bebido bastante —admito riéndome—. A Big Daddy no le gustó nada que casi me pusiera a sollozar en la barra.

El ceño de Easton reaparece y sus ojos destellan.

—¿Por qué estabas llorando?

Arqueo una ceja y ejerzo un poco más de presión sobre su pecho.

—¿No resulta obvio?

Suspira.

—Lo siento, cariño. Tengo mucho por lo que disculparme.

Niego con la cabeza.

—Me alegro de haber vuelto cuando lo hice…

Comprende a qué me refiero y asiente mientras sus ojos se oscurecen.

—Yo también. Hoy tengo que ir a una reunión. Hablar con Rick. Todo esto… —Apoya una mano plana en el centro de mi espalda— son demasiadas emociones. Subidas y bajadas. No se me da bien gestionarlas. Normalmente las afrontaba emborrachándome hasta perder el conocimiento.

—Tenemos que hacerlo mejor, East.

—Lo sé. Yo tengo que hacerlo mejor.

—Puedes hablar conmigo, ¿sabes? —digo con suavidad, sin querer presionarlo pero deseando desesperadamente que confíe en mí para contarme cosas reales.

Su infancia. Su pasado. Sus desencadenantes.

Todo.

Permanece en silencio durante un largo instante y yo contengo la respiración.

—Noah y yo no tuvimos la mejor infancia —dice en voz baja.

Levanto la mirada hacia él, pero mantengo el resto del cuerpo completamente quieto.

Sus dedos juguetean con las puntas de mi pelo.

—Mi madre estaba demasiado sometida por mi padre, demasiado asustada para plantarle cara.

Cada año se marchitaba un poco más, permitía que su luz muriera bajo la oscuridad de él, hasta que apenas quedó nada.

No la culpo tanto. Es débil. Pero mi padre…

—Hace una pausa y mira al techo—. Mi padre es un hijo de puta cruel y retorcido.

Inspiro. Nunca había oído a Easton hablar de nadie con tanto veneno en la voz.

—Me obligaba a quedarme de pie en el patio trasero cuando todos los demás se habían acostado. Me colocaba en la portería, incluso cuando fuera estábamos bajo cero, y lanzaba botellas de cerveza contra mi cabeza con un stick de hockey.

Se frota la frente de manera distraída y no se me escapa cómo el pulgar recorre la cicatriz que tiene allí.

El estómago se me retuerce y me entran náuseas. ¿Fue su padre quien le hizo esa cicatriz? ¿Pegaban a Easton cuando era niño?

No digo nada por miedo a que deje de hablar.

—Toda mi vida me han comparado con Noah.

No Noah, claro. Mi hermano era la única buena persona que conocía hasta que conocí al tuyo.

—Me dedica media sonrisa—. La primera vez que cené en casa de tus padres, estaba aterrorizado por si hacía algo mal y no volvían a invitarnos.

Tu madre era como una de esas madres que veía en televisión.

Pensaba que era mentira, ¿sabes? Pero entonces conocí a tu familia y, Dios, Claire, deseaba tanto formar parte de algo así…

Después vosotros me disteis una oportunidad.

Hace una pausa y me acerco un poco más a él, sabiendo de algún modo que necesita mi apoyo para lo que venga a continuación.

—La cagué, Claire. He arruinado demasiadas cosas buenas y estoy cansado de ser un fracaso.

—No eres un fracaso.

Niega con la cabeza y tira de mi pelo para obligarme a encontrarme con su mirada.

—¿Por qué siempre me defiendes? Os he apartado a ti y a tu familia innumerables veces.

Hago que mi hermano se sienta culpable cada vez que intenta avanzar con su vida porque no quiere dejarme atrás.

No debería tener que cargar con eso. He apartado a todos los que me han ayudado y se preocupan por mí.

Incluida tú.

—No eres un fracaso —repito—. Estás en recuperación. Estás aprendiendo, creciendo y evolucionando. Estás haciendo todo lo posible y estoy orgullosa de ti.

Niega con la cabeza y sus ojos están tristes.

—No te merezco, Claire.

—Ya me tienes, East.

—Prométeme que no te irás —murmura con voz frágil.

Infantil.

Me rompe el corazón y me llena el alma al mismo tiempo. Presiono un beso en la base de su garganta.

—Te lo prometo, Easton. Estamos juntos en esto. No te das cuenta de cuánto me ha ayudado a crecer también tu apoyo. No ves todo lo bueno que aportas a mi vida. Esto no funciona en una sola dirección. Somos un equipo.

—Nunca dejaré que renuncies a tus sueños, Claire.

—Lo sé.

—Para que esto funcione, tenemos que ser sinceros el uno con el otro. Hablar de las cosas desde el principio. Para mí es demasiado fácil encerrarlo todo y apartar a la gente. Apartarte a ti. Es mi reacción por defecto. Pero te juro que me marcharé antes de hacerte daño.

Su voz desciende y el miedo prende en sus ojos.

—Yo no soy mi padre.

Se me oprime el pecho con dolor. Levanto la mano y apoyo la palma sobre su mejilla. Él baja el rostro y presiona un beso contra mis labios.

—No, no lo eres. Eres mío.