El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 20 Claire #2
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20 Claire #2

Está rebuscando en los armarios. Cuando encuentra los vasos, coge dos. Me mira por encima del hombro y, al encontrarse con mis ojos, se queda inmóvil.

—¡Mierda! Ni siquiera lo había pensado. —Niega con la cabeza—. Lo siento, Claire. Vámonos de aquí. Tomaremos algo en el restaurante.

El alivio se desenreda dentro de mi pecho.

—Vale.

—¿Puedo usar primero el baño?

—Claro. Arriba, primera puerta a la derecha.

—Gracias.

Rielle me dedica una sonrisa y sube las escaleras a toda velocidad.

Termino de arreglarme, me pongo los zapatos y preparo el bolso de mano. En cuanto Rielle está lista, salimos al frío de la noche y pedimos un Uber hasta un restaurante moderno del centro que ninguna de las dos ha probado.

Para cuando Rielle y yo nos reunimos con Aiden, ya noto el alcohol.

Estoy un poco mareada, bastante risueña y soy una conversadora excelente.

Aiden Hardsin es muy agradable a la vista, con el pelo rubio peinado de forma desordenada y unos enormes ojos azules.

Va vestido como si un abogado de armas tomar y un hipster de Brooklyn hubieran chocado entre sí: americana entallada, pañuelo elegante en el bolsillo, vaqueros remangados y botines Chelsea.

El conjunto no debería funcionar, pero él lo lleva sin el menor esfuerzo.

—Hola, Claire.

Me abraza para saludarme y se ríe cuando tropiezo. Apoya una mano en mi espalda para sujetarme.

—Veo que habéis empezado la fiesta antes de venir.

Miro hacia atrás para comprobar si está enfadado porque, técnicamente, él está aquí por trabajo.

Y yo también.

Pero Aiden me sonríe, divertido, y se vuelve para presentarse a Rielle.

—Vale —dice mientras nos conduce hacia la entrada del local.

Una cola ya serpentea hasta la esquina de la calle y un portero corpulento protege la puerta con expresión de pocos amigos.

—Tomaremos unas copas y escucharemos a algunos de los teloneros.

Me gustaría hablar con Big Roxi antes de su actuación porque, si todo sale bien, después habrá demasiado caos.

Asegúrate de presentarte y hablarle de tu trabajo.

Propón también cualquier idea que tengas para el merchandising. ¿Tienes tarjeta de visita?

Niego con la cabeza y recupero parte de la sobriedad. Debería haber pensado mucho más en esto. ¿Por qué no lo hice? ¿Por qué nunca me preparo como debería? El rubor me asciende por el pecho mientras la preocupación se despliega en mi estómago.

Aiden debe de advertir mi inquietud porque niega con la cabeza.

—Te juro que es todo muy informal. No te preocupes. Solo quiero asegurarme de que tengas la oportunidad de hablar con él. Sé tú misma, Claire. Puedes hacerlo.

Aiden me empuja hacia delante e intercambia unas palabras con el portero.

Un instante después, Rielle y yo caminamos por un local abarrotado. Está oscuro y lleno de humo, y cuando Rielle me agarra de la mano y mira por encima del hombro, veo la emoción ardiéndole en los ojos.

Aiden nos guía hasta la barra y pregunta qué queremos beber. Después de tomarnos cada uno un chupito de Fireball, empiezo a relajarme. Este ambiente, el club, el ritmo palpitante y las expresiones soñadoras de los amantes de la música son algo que conozco bien.

Puedo hacerlo.

Aiden, Rielle y yo escuchamos a dos teloneros antes de que nos lleven entre bastidores para hablar con Big Roxi. En cuanto lo conozco, me deslumbra. Tiene una energía tranquila que lo envuelve como un aura. Sus ojos oscuros son cálidos y su sonrisa, relajada.

—Hola, tío, encantado de conocerte. Soy Aiden Hardsin, del bufete Pierce Parke Entertainment Law Group —se presenta Aiden.

Durante la conversación, Big Roxi escucha con atención y hace varias preguntas.

Demasiado pronto, Aiden apoya una mano en el centro de mi espalda y me empuja hacia delante.

—Esta es Claire Merrick. Está haciendo trabajos por cuenta propia para artistas de Boston, sobre todo para The Burnt Clovers.

Big Roxi me recorre con la mirada sin ninguna prisa. Cruza los brazos sobre el pecho y se recuesta.

—¿Eres la chica de Derek?

Me río y niego con la cabeza.

—No, solo somos amigos.

Le tiendo la mano y él la acepta. Me estudia mientras la sostiene un instante más de lo necesario. Satisfecho, la suelta, asiente y me sonríe con calidez.

—Vale. Bueno, he visto parte de tu trabajo y me ha impresionado. Busco ideas nuevas para el merchandising. Estoy a punto de salir… —Inclina la cabeza hacia el escenario—, pero, si tienes tiempo para quedar, me encantaría hablar de algunas propuestas.

—Por supuesto. Sería genial.

Le entrego una servilleta de la barra con mi número y mi dirección de correo electrónico.

—Todavía no tengo tarjetas de visita ni nada parecido.

Me sonrojo.

Se ríe y niega con la cabeza.

—Te entiendo. Cuando las cosas suceden en esta industria, suelen hacerlo de forma inesperada.

Se guarda la servilleta en el bolsillo trasero.

—Como mínimo, tu método es memorable.

Sonrío, aliviada porque esté dispuesto a reunirse conmigo aunque probablemente sea la persona peor preparada del planeta.

—Me pondré en contacto contigo —dice con una voz profunda y retumbante.

Una mujer se coloca a su lado, toda belleza y elegancia, y le aprieta la mano.

—Buena suerte, cariño.

Él la besa con dulzura y resulta evidente que están juntos. Se vuelve y mira a Aiden, Rielle y a mí.

—¿Nos vemos luego?

Asentimos y observamos cómo Big Roxi sube al escenario. Un murmullo recorre al público y la energía cambia. Empieza a sonar una base y, en cuestión de segundos, la energía silenciosa de Big Roxi estalla en un torrente salvaje de palabras con muchísimo más significado del que aparentan.

Se adentra sin pedir disculpas en cuestiones políticas, desigualdades económicas e injusticias sociales con una ferocidad que me provoca escalofríos en los brazos.

—Guau —susurra Rielle junto a mí.

Asiento.

—Es increíble.

La mujer que lo besó se vuelve hacia nosotros y sonríe.

—Esto no ha hecho más que empezar.

Estoy de acuerdo mientras observo la hipnótica actuación de Big Roxi.

No quiero perderme ni un solo segundo. Aiden nos hace retroceder hacia el público y yo absorbo la energía del grupo.

Me palpita en las sienes y atraviesa todo mi cuerpo.

El momento me arrastra y me deleito en él.

Cuando levanto la mirada, me encuentro con los ojos de Aiden y él me sonríe.

Es como si comprendiera, al mismo tiempo que yo, que necesito formar parte de esta industria, que mi alma lo exige.

Después de una hora, decidimos ir a Firefly, otro club del centro.

Aiden intenta excusarse, pero Rielle consigue convencerlo de que venga explicándole que quizá necesitemos un acompañante para llegar sanas y salvas a casa.

Ante ese intento de hacerle sentir culpable, Aiden no tiene elección.

Cuando llegamos a Firefly, señala la barra con la cabeza.

Nos tomamos otro chupito y Rielle nos agarra de las manos para llevarnos hacia la pista de baile.

Esta vez, Aiden consigue quedarse atrás, pero yo sigo a Rielle entre los cuerpos que se balancean hasta llegar al centro de la pista.

Levantamos los brazos por encima de la cabeza y hacemos girar las caderas al ritmo de la música.

Muevo el culo y cierro los ojos. Echo la cabeza hacia atrás y noto las puntas del pelo haciéndome cosquillas en la zona lumbar.

Por primera vez en meses, los pensamientos que se arremolinan en mi cabeza desaparecen.

Mi mente se despeja, felizmente insensible, y la noche toma el control.

Disfruto de la relajación que fluye por mi cuerpo.

Me aferro a la sensación de euforia que revolotea en mi estómago.

Disfruto de la música, de la oscuridad y de las carcajadas de mi mejor amiga.

—¡Echaba de menos esto! —Abro los ojos y le grito a Rielle.

Sonríe con picardía.

—¡Yo te echaba de menos a ti!

—¡Tenemos que hacerlo más a menudo!

Asiente con energía antes de llevarme otra vez hacia la barra.

Nos tomamos otro chupito e ignoramos a los hombres que nos rodean, buscando alguna manera de entablar conversación. Aiden se coloca a nuestro lado.

—Necesitáis más un guardaespaldas que un acompañante —nos dice.

Rielle y yo nos reímos y nos miramos. Las dos lucimos sonrisas ridículas. Esta noche volvemos a ser solo mi mejor amiga y yo.

Y lo necesitaba muchísimo más de lo que imaginaba.