20 Claire
VEINTE
CLAIRE
Como soy masoquista, veo el partido de Easton en Houston.
Por primera vez esta temporada, le gana minutos de juego a Sims y pasa todo el tercer periodo sobre el hielo.
Verlo deslizarse sin esfuerzo entre los jugadores, manejando el disco como si fuera una prolongación de su stick, me deja un poco sin aliento.
Está concentrado e intenso, con una fuerza y una destreza silenciosas vibrando a su alrededor como un aura.
Estoy sentada en el borde del sofá de la sala de juegos de East, con las uñas entre los dientes, contemplando cómo Easton, el dios del hockey, resurge de las cenizas como un fénix.
Su juego es impresionante, evoca el de temporadas anteriores, antes de que se hundiera, antes de que empezara a dar que hablar por culpa de su alcoholismo.
El Easton de esta noche es el hombre del que me enamoré por primera vez y me aferro a las imágenes que aparecen en ESPN con el aliento congelado en la garganta y los ojos llenos de lágrimas.
Después del último gol de Easton, los Hawks ganan seis a tres.
Easton ha marcado dos goles y ha dado una asistencia, convirtiéndose en un héroe aclamado en cuestión de horas.
Apago el televisor en cuanto termina el partido. Esta noche, el equipo saldrá de fiesta a lo grande. Easton se dejará arrastrar por la emoción de una victoria enorme, eufórico por sus propios logros, y entrará en cualquier club como si fuera el dueño.
Todos los pensamientos sobre lo que podría salir mal repiquetean dentro de mi cabeza y cierro los ojos con fuerza.
Odio estar tan obsesionada con él. Odio haber permitido que mi mundo gire alrededor de Easton y de lo que siente por mí.
Durante años lo observé desde lejos. Sentía cosas enormes por él, pero sabía cómo manejarlas.
Convencida de que jamás se sentiría atraído por mí, seguía saliendo, yendo de fiesta, teniendo citas y divirtiéndome.
Pero ahora, sabiendo que Easton se aleja un poco más con cada día que pasa, no consigo hacer otra cosa que compadecerme de mí misma.
—¡Aaargh! —Dejo escapar un grito estrangulado y cabreado antes de desplomarme contra el sofá.
Tengo que recomponer mi vida. No puedo limitarme a existir en este limbo emocional mientras Easton se toma un tiempo para sí mismo.
Yo también necesito tomarme tiempo para mí.
Me obligo a incorporarme y cojo el teléfono. Ignoro la punzada de decepción al comprobar que no hay ningún mensaje de East. Ni siquiera uno preguntando si he visto el partido.
Abro el correo y compruebo dos veces la hora de la entrevista telefónica de mañana. Las once. Aunque no me entusiasma especialmente diseñar envases médicos, incluso yo sé que no debería rechazar la oportunidad de hacer una entrevista.
Easton siempre fue una apuesta arriesgada. Me viene a la cabeza el viejo dicho: si algo parece demasiado bueno para ser verdad, seguramente lo sea.
Suspiro, me levanto, subo las escaleras, me doy una ducha y me dejo caer sobre la cama. Mañana empezaré de cero. Mañana conseguiré una oferta de trabajo.
Mañana me dolerá un poco menos el corazón.
—Cuéntamelo todo —exige Indy, pasando junto a mí en el recibidor y dirigiéndose hacia la cocina.
Se sirve de inmediato una cápsula descafeinada de Nespresso.
—Soy demasiado tacaña para comprarme una de estas —me cuenta por encima del hombro—, pero estoy un poco obsesionada.
Pongo los ojos en blanco y vuelvo a sentarme en el taburete de la barra.
—¿Quieres gofres? —Vierto una cantidad generosa de sirope sobre el mío.
—No, gracias. Ya he comido. —Indy se apoya contra la encimera mientras espera el café—. No puedo creerme que no me contaras lo de la entrevista telefónica. Podría haberte ayudado a prepararla.
—Eres la única persona a la que se lo he contado. Y no necesitaba ayuda para prepararla. Pero gracias —añado al ver su expresión.
—Espera, ¿todavía no se lo has dicho a tus padres?
Niego con la cabeza.
—¿A Austin?
—No.
—¿A East?
La fulmino con la mirada.
—¿Por qué no se lo has contado a nadie? —pregunta, incrédula.
Mastico un bocado enorme de mi delicioso gofre belga con una dosis extra de sirope de arce. Es muy propio de los hermanos Scotch tener una gofrera sofisticada que jamás han utilizado.
Hasta ahora.
—Para empezar, quiero saber primero si me dan el trabajo.
—Es justo.
—Y… —añado, sabiendo que solo admitiré la verdad ante ella y Rielle— no estoy segura de quererlo siquiera.
Indy hace una mueca.
—¿Por qué no? Es un buen puesto para principiantes en una empresa respetable.
—En Nueva Jersey —señalo.
Indy se encoge de hombros.
—A veces tienes que mudarte allí donde está la oportunidad.
—Diseñando envases médicos.
—Es un puesto de diseño gráfico.
Arrugo la nariz mientras Indy me observa pensativa.
—No te hace ilusión —afirma.
—No me hace ilusión —coincido.
—¿Sigues pensando ir a ver al rapero con Aiden el sábado?
Asiento.
—¿Sabes algo de East?
Niego con la cabeza y aprieto los labios para contener la emoción que se me acumula al oír su nombre.
Indy me dedica una mirada comprensiva.
—Lo siento, Claire. Odio que te esté haciendo sentir así.
—Pero… —la insto, sabiendo que quiere decir algo más.
—Pero ¿no crees que las cosas entre vosotros sucedieron muy deprisa? Quiero decir, en cuestión de semanas pasasteis de fulminaros con la mirada y de que te dolieran sus palabras porque te llamaba «niña» a desnudaros juntos y planear un futuro.
Suspiro, odiando que Indy se haga eco de Rielle. Aun así, no puedo descartar sin más su observación, ya que es la segunda vez que la escucho.
—Puede ser.
—Necesita tiempo —dice—. Y tú no puedes quedarte esperándolo mientras se lo toma.
—Odio sentir que estoy en el limbo —admito—. No sé qué lugar ocupo en su vida y me está volviendo loca. Casi es peor esperar que saberlo, aunque la decisión que tome no sea la que yo quiero.
—Bueno, ¿y qué hay de lo que tú quieres? —pregunta Indy antes de beber un sorbo de café—. No tienes que quedarte esperándolo. Estás eligiendo hacerlo.
Dejo que sus palabras calen y asiento despacio.
—Tienes razón.
—Tómate también un tiempo para ti, Claire.
Piensa en la clase de futuro que deseas.
Easton es un gran hombre. Es el hermano de Noah, el tío de mi bebé y me importa.
Pero tú también me importas. La recuperación de East es reciente.
Y frágil. Siempre vas a preocuparte por él.
Puede haber más momentos en los que necesite tiempo y espacio.
¿Estás dispuesta a soportarlo? ¿Puedes vivir así? —pregunta señalándome.
Me muerdo la comisura del labio. ¿Puedo vivir así? Tengo el estómago hecho un nudo y la garganta se me cierra por demasiadas emociones desesperadas que no tienen adónde ir. Me siento inútil, sin ningún valor y… dolida.
—No lo sé —admito.
Indy levanta una ceja, pero su tono es amable cuando dice:
—Pues este es un buen momento para pensarlo.
—Sí —respondo—. Rielle me propuso salir el sábado por la noche. Después de lo de Aiden. Hacer una noche de chicas.
—Hace mucho que no tenéis una.
—Ya lo sé. Supongo que me sentía… —Dejo la frase en el aire y aprieto los labios.
—Culpable —aporta Indy, leyendo correctamente mis pensamientos—. Porque no querías salir a beber mientras Easton se quedaba en casa trabajando en su sobriedad.
—Sí.
—Bueno, los chicos han vuelto esta mañana. Noah está durmiendo, pero me ha dicho que Easton ha decidido quedarse en casa de Panda. Si no ha vuelto para el sábado…
Deja la frase flotando en el aire.
—Entonces saldré con Rielle. Tendré una noche para despejarme y divertirme. Y el domingo por la mañana haré las maletas.
Indy asiente con expresión seria.
—Creo que es una buena idea.
Expulso un profundo suspiro.
—Yo también.
Desde un punto de vista lógico, creo que es lo más sensato. Pero, emocionalmente, la idea de marcharme duele. Duele profundamente y una oleada de angustia me atraviesa.
No solo porque no quiero regresar a casa de mamá y papá.
Sino porque de verdad no quiero dejar a Easton.
Claire
Me apunto. Salgamos esta noche, a lo grande.
Rielle
¡Gracias a Dios! Necesito desahogarme muchísimo.
Claire
***
Rielle
Ni siquiera merece la pena explicarlo. Solo ten en cuenta que quizá tengan que llevarme a casa en brazos.
Claire
Me encargo. He quedado con Aiden a las nueve.
Rielle
¿Sabes algo de Easton?
Claire
Nada.
Rielle
Uf. Lo siento, cariño.
Claire
¿Quizá sea lo mejor?
Rielle
Prométeme que esta noche te divertirás.
Claire
Es lo único a lo que puedo aspirar.
Rielle
Voy yo a tu casa. ¿Pedimos un Uber para reunirnos con Aiden?
Claire
Buen plan. ¿Vienes a las siete? ¿Cenamos primero?
Rielle
¡Me encanta! Nos vemos entonces.
Lanzo el teléfono sobre la cama y rebusco en el armario.
Paso las perchas hasta encontrar un vestido de infarto que no me pongo desde hace siglos.
Sonrío y saco el vestido azul marino, ceñido, corto y sexy, cuyo escote desciende hasta justo encima del ombligo y hace resaltar mis ojos.
Roza lo putón, pero de una forma que me proporciona justo la dosis extra de confianza que necesito.
Sobre todo esta noche.
Me tomo mi tiempo para rizarme las puntas del pelo y hacerme un maquillaje de ojos ahumado. Me pinto los labios, me pongo unos enormes aros y me rocío con perfume.
Estoy bajando las escaleras con los tacones en la mano cuando suena el timbre y abro de par en par para recibir a Rielle.
—¡Joder, tía! ¡Estás buenísima! —A mi mejor amiga se le abre la boca.
Me río, tiro de ella hacia el interior y la envuelvo en un abrazo rápido.
—Déjame ver qué llevas puesto.
Se quita el abrigo de invierno con un movimiento sensual y yo aplaudo al ver su diminuta minifalda de cuero negro y su blusa blanca transparente, abierta en los costados.
—Guau.
—Siento como si hubiéramos vuelto a la universidad. —Rielle se ríe mientras saca una botella de vodka del bolso.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás.
—Rielle, eso fue el año pasado.
Se ríe todavía más fuerte y pasa junto a mí en dirección a la cocina.
—Rielle, espera —digo, incómoda ante la idea de beber alcohol en casa de Easton.