El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 18 Claire
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18 Claire

DIECIOCHO

CLAIRE

—¡Hola! ¿Qué tal el entrenamiento? —le pregunto a Easton cuando entra por la puerta principal.

Se detiene y cierra los ojos. Se pasa una mano por el pelo y guarda la bolsa de entrenamiento.

—Bien.

—¿Tienes hambre? —Apoyo el hombro contra el marco de la puerta y lo estudio.

Tiene sombras marcadas bajo los ojos y no se afeita desde el domingo. Parece agotado, pero es algo más. Desde que habló con Austin, se muestra frío y distante conmigo.

—Qué va. Ya he comido.

Cierra la puerta del armario y se frota la cara con una mano. Uno de sus dedos recorre la cicatriz.

—Vale. —Expulso el aire—. ¿Quieres…?

—Tengo que ver unos vídeos antes del partido del jueves —me interrumpe mientras se dirige hacia las escaleras—. Voy a acostarme tarde, así que… no me esperes despierta.

Agacha la cabeza para no tener que mirarme a los ojos. En el siguiente parpadeo, ya está a mitad de la escalera.

Me quedo observándolo con la boca abierta por la incredulidad.

Un frío desagradable me recorre la espalda y se me revuelve el estómago.

¿Easton me está dando largas? ¿Ha tenido unos días complicados en los entrenamientos?

¿Necesita un poco de espacio? Incluso mientras los pensamientos atraviesan mi cabeza, los reconozco por lo que son.

Excusas.

En lugar de reunir el valor necesario para mantener una conversación de verdad conmigo, Easton me está apartando. Me está demostrando que ha terminado conmigo. Que las cosas con mi hermano y con el equipo son demasiado inestables como para querer luchar por nosotros.

Por mí.

Su rechazo me duele más de lo que imaginaba.

Muchísimo más que antes de convertirnos en compañeros de piso, antes de que me besara como si lo sintiera de verdad.

Presiono el talón de la mano contra el centro del pecho, intentando aliviar parte de la presión que se acumula allí.

Por tercera noche consecutiva, ocupo el tiempo viendo realities y rezando para que Easton aparezca, para que vuelva a invitarme a su cama.

Sin embargo, duermo sola. Cuando me despierto por la mañana, él ya se ha marchado.

Su ausencia resulta devastadora. Me rompe el corazón y consigue que mi cabeza se acelere sin control.

No puedo concentrarme en nada que no esté relacionado con él y, después de escribir mi tercera carta de presentación desastrosa, abandono la búsqueda de empleo y escribo a Rielle.

Mi desesperación debe de notarse en el mensaje porque acepta quedar para tomar un café a pesar de que está trabajando.

Cuarenta minutos después, estoy sentada en la parte trasera de nuestra cafetería favorita, a punto de sollozar sobre un plato de scones.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Rielle con expresión comprensiva.

—Es horrible —me lamento mientras me meto el pelo detrás de las orejas—. Austin nos pilló…

—¿Follando? —jadea.

Suelto una risa que se convierte a medias en sollozo y niego con la cabeza.

—No. Gracias a Dios, no. Solo nos estábamos besando, pero está furioso.

—¿Cómo de furioso? —Rielle arquea una ceja con escepticismo.

—Más cabreado que cuando usamos su mesa de hockey de aire para jugar al Alcohockey.

Rielle se atraganta con el macchiato y se lleva el dorso de la mano a la boca.

—Joder, aquella noche se puso hecho una fiera. Aunque, para ser justas, estábamos borrachas.

—Lo que lo enfureció fue que hiciéramos agujeros en la mesa para meter nuestros vasos.

Se ríe por lo bajo.

—Había olvidado que hicimos eso. ¿Cómo coño logramos utilizar herramientas eléctricas estando borrachas?

—No tengo ni idea —respondo mientras parto un scone por la mitad y me lleno la boca.

Que conste que Claire Merrick es una experta en comer por motivos emocionales. Es uno de mis muchos talentos.

—¿Qué ocurrió después de que Austin os viera? —Su tono se suaviza.

—Volvió a casa de Easton y yo intenté dejar claras las normas.

Rielle vuelve a levantar una ceja.

¿Por qué nadie me toma en serio?

—Por tu expresión, supongo que ya sabes que no funcionó.

—¿Se pelearon? —pregunta, y no se me escapa el destello de emoción que le ilumina los ojos.

Pongo los míos en blanco.

—No, Rielle. Easton básicamente le dijo a Austin que nuestra relación no era asunto suyo y que dejara de meterse.

A Rielle se le abre la boca.

—¿Estás de coña? —susurra emocionada—. Joder, Claire, le gustas muchísimo.

Entorno los ojos.

—Eso es lo que llevo tiempo diciendo. Estamos juntos en esto.

—Ya. —Hace un gesto con la mano—. Pero no sabía que te defendería de esa manera. Que se enfrentaría a Austin.

—Y que me defendería delante de papá.

—¿Qué?

Le cuento cómo Easton me apoyó con los logotipos para grupos y las portadas de discos.

Rielle asiente mientras hablo y su expresión se vuelve más curiosa con cada frase.

—Cariño. —Acerca el plato de scones para que pueda empezar con el segundo—. No lo entiendo. Esto es bueno, ¿verdad? Llevas muchísimo tiempo deseando a Easton y ahora está aquí, defendiéndote delante de tu familia, apostándolo todo por ti y contigo. ¿Por qué estás llorando?

Cierro los ojos. La siguiente parte es demasiado terrible para reconocerla en voz alta. Hay que reconocerle a Rielle que espera con paciencia, sabiendo que acabaré cediendo y le contaré todos los pensamientos preocupantes que repiquetean dentro de mi cabeza.

Inspiro para serenarme y admito:

—Creo que se arrepiente.

Se queda en silencio y me obligo a abrir los ojos.

Rielle me estudia durante un largo instante con expresión seria.

—¿Crees que se arrepiente de haberte defendido o…?

—No lo sé —admito—. Pero el domingo nos besábamos como adolescentes en casa de mis padres y, durante los últimos días, ya se ha marchado cuando me despierto.

Anoche ni siquiera quiso que durmiéramos juntos.

Llega tarde, menciona algo sobre ver vídeos de hockey o estudiar jugadas y se acuesta temprano.

Niego con la cabeza.

—Me está haciendo el vacío, Rielle. La semana pasada estaba planeando mentalmente nuestro futuro y ahora espero que termine conmigo.

Rielle frunce el ceño y se muerde el labio inferior mientras medita mis palabras.

—¿Crees que ha sido demasiado y demasiado pronto?

—¿Qué quieres decir?

—Claire, salió de rehabilitación hace solo unos meses.

Durante este tiempo ha tenido que empezar de cero con el equipo, aceptar que Noah está ahora con Indy y tiene su propia vida y, además, ha empezado algo bastante serio contigo.

La única familia que tiene, sin contar a Noah, es la tuya.

Si siente que su relación con ellos está en terreno inestable…

—Se encoge de hombros—. Quizá solo esté intentando asimilarlo todo y le resulte demasiado abrumador.

—Puede ser —admito, odiando la posibilidad de que tenga razón.

¿He empujado de alguna manera a Easton demasiado cerca del precipicio? ¿Nuestra relación, o las consecuencias de su enfrentamiento con Austin, harán que tome una decisión que acabe costándole la ficha dorada de Alcohólicos Anónimos?

El miedo pesa en mi pecho mientras considero la posibilidad de ser responsable de la caída de Easton. La culpa me revuelve el estómago y aparto el plato de scones.

—Claire.

Levanto la mirada hacia los ojos sabios de mi mejor amiga. Apoya una mano sobre mi muñeca y se inclina hacia delante hasta que las puntas de su pelo oscuro rozan la mesa. Baja la voz.

—Esto no es culpa tuya.

—¿Y si lo es? —susurro, aliviada y avergonzada a la vez porque sea capaz de leerme el pensamiento.

—No lo es. Llevas enamorada de Easton…

—Toda la vida —termino por ella—. ¿Y si lo que siente por mí no es real? Quiero decir, ¿y si cree que lo es porque se ha dejado arrastrar por el momento? Pero ¿y si en realidad solo soy una distracción mientras el resto de su vida parece estar fuera de control?

El horror se apodera de mí.

—Dios mío —susurro—. ¿Crees que soy su muleta?

Rielle vuelve a morderse el labio inferior. Es algo que hace cuando tiene un millón de cosas que decir, pero no sabe si debería pronunciarlas.

—Dilo —la insto.

—No lo sé. —Niega con la cabeza y parece desdichada—. Al principio pensé que quizá sí.

—¿Por qué no dijiste nada?

—Porque estabas muy feliz —admite—. Y te mereces ser feliz, Claire. Sé que este último año ha sido difícil para ti con la búsqueda de empleo. Savannah está ahora en Nueva York, Indy va a tener un bebé y sé que yo nunca estoy disponible de verdad.

Sus ojos se oscurecen y una expresión que no comprendo atraviesa su rostro. Se aclara la garganta y sus facciones vuelven a relajarse.

—Easton consiguió devolverte gran parte de esa chispa alegre que tienes, y te sentaba de maravilla.

No quería llenarte la cabeza de mierda pesimista cuando estabas flotando de felicidad.

Además, tampoco lo sabía con certeza. Nunca os he visto juntos.

Cuando me contaste cómo te defendió delante de tu familia…

Sí creo que siente algo más profundo por ti.

Es solo que todo junto y precisamente ahora podría ser demasiado para él.

Asiento mientras pienso en sus palabras.

—Sí, quizá.

—Tienes dos opciones.

Miro a Rielle y espero a que continúe.

—O lo presionas para que te dé una respuesta o le das algo de espacio.

Suspiro y me recuesto en la silla.

—No quiero ponerlo contra las cuerdas. Además, esta noche se marcha para jugar fuera. No volverá hasta el viernes.

—Entonces ¿por qué no le propones que quede con Noah y hagan una noche de chicos el viernes o el sábado? Quizá su hermano pueda ayudarlo a aceptar la tensión con Austin y a ordenar sus pensamientos. Y tú sales conmigo.

Abro la boca de par en par.

—¿Salir contigo? Ri, llevo meses suplicándote que vengas de fiesta conmigo. O que al menos tomemos algo en un sitio que no sea casa de Indy o la tuya.

Suspira y se frota la frente con los dedos.

—Lo sé. He sido una amiga de mierda, Claire. Pero el trabajo ha estado de locos y yo… Bueno, yo también necesito desahogarme.

Entorno los ojos ante ese mensaje críptico.

—¿Qué pasa?

Niega con la cabeza y me dedica una sonrisa fugaz.

—Nada. Hoy no estamos hablando de mí. Nos centramos en ti. ¿Qué dices? ¿Salimos este fin de semana?

Vacilo, porque no quiero rechazar a Rielle después de llevar desde el verano intentando convencerla para que salga conmigo. Por otro lado, Aiden Hardsin, el mejor amigo de Indy, se puso en contacto conmigo para ir a ver actuar a Big Roxi el sábado por la noche.

—Aiden, el amigo de Indy…

—¿El abogado especializado en entretenimiento?

—Sí. Me invitó a acompañarlo el sábado. Va a ver a un grupo de bluegrass y, más tarde, a un rapero que actúa cerca de tu casa. ¿Quieres venir? Siempre podemos ir a algún club después.

Me obligo a añadir la última parte. Porque ahora una noche en un local oscuro, con música palpitante y decisiones imprudentes, no me resulta tan tentadora como hace unos meses.

Antes ansiaba salir de fiesta. Ahora ansío pasar las noches en el sofá con Easton.

Menos mal que Indy animó a Aiden a ponerse en contacto conmigo.

De lo contrario, no estaría explorando la escena musical en busca de clientes con tanta intensidad como debería.

Y mi vida social sería inexistente.

Rielle sonríe sin el menor rastro de juicio.

—Claro, parece divertido.

Se levanta de la mesa.

—Lo siento, cariño, pero de verdad tengo que volver al trabajo.Ya me darás los detalles parar el fin de semana. Si no te apetece salir de fiesta, siempre podemos cenar antes de reunirnos con Aiden.

—Sí, puede estar bien—coincido.

—¿Quieres salir conmigo o quedarte un rato más?

Miro alrededor de la silenciosa cafetería.

Hay un parón en la actividad, ese periodo entre el almuerzo y la llegada de la gente que sale de trabajar.

Si regreso a casa de Easton, corro el riesgo de alterar todavía más su estado de ánimo y acabar sintiéndome peor conmigo misma. Miro el plato, donde queda medio scone.

—Me quedaré un rato.

—Vale.

Rielle me rodea el cuello con un brazo y me da un abrazo rápido.

—Hablamos luego. Llámame si me necesitas. En serio.

Me dedica una mirada firme.

Consigo esbozar una pequeña sonrisa.

—Lo prometo.

—Estarás bien, Claire —dice mientras se despide con la mano.

La observo marcharse y expulso un suspiro.

Una oleada de emociones retumba dentro de mí mientras recuerdo las últimas noches.

La soledad que me atravesaba cuando Easton llegaba a casa y me miraba con un dolor apenas disimulado en los ojos.

Es como si mi presencia le hiciera daño.

Los abrazos cálidos y los encuentros ardientes han desaparecido.

Durante semanas nunca teníamos suficiente el uno del otro.

Nuestros cuerpos estaban tan sincronizados que me preguntaba cómo había podido vivir tantos años y salir con otros hombres sin experimentar la intensidad y la pasión que compartía con Easton.

Ahora caminamos con pies de plomo a nuestro alrededor. Existimos en el mismo espacio sin conectar. Todo es educado y cordial, frío y rígido. Lo miro y veo tanto al hombre al que amo y que está sufriendo como a un desconocido al que no reconozco.

¿Cómo puede cambiar tanto en tan poco tiempo? ¿Cómo puedo estar en la misma habitación que Easton y sentir que se encuentra al otro lado del mundo?

Me termino lo que queda del segundo scone cuando mi teléfono emite un pitido.

Bajo la mirada hacia el correo que acaba de llegar y el corazón se me atasca en la garganta al leer el asunto.

Entrevista telefónica.

Me tiemblan los dedos mientras deslizo la pantalla para abrir el mensaje y recorro el contenido con rapidez.

Una empresa farmacéutica de Nueva Jersey busca una diseñadora gráfica para incorporarse a su equipo de envases farmacéuticos.

Es un puesto de nivel inicial, con un sueldo estándar y un paquete de prestaciones.

Trago saliva. Una pizca de orgullo me asciende por la garganta, pero desaparece al comprender que pasaría el día entero diseñando envases médicos convencionales, sencillos y genéricos.

Está a años luz de las portadas de discos emocionantes, creativas y provocadoras en las que he trabajado durante las últimas semanas.

Aun así, es un empleo. Un trabajo de verdad, de nueve a cinco y catorce días de vacaciones al año, de esos que enorgullecerán a mi padre.

Expulso una respiración profunda y dejo caer el teléfono dentro del bolso.

Aunque debería estar feliz y aliviada, cualquier sentimiento positivo queda eclipsado por la distancia de Easton.

Siempre pensé que mis amigas que se obsesionaban tanto con los hombres eran ridículas, pero ahora comprendo lo difícil que resulta luchar contra las emociones de estar irremediable y desesperadamente enamorada de alguien.

Es horrible.

Me levanto, cojo la cartera y camino hasta el mostrador. Después pido otro café con leche y una galleta con pepitas de chocolate.