El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 17 Easton
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17 Easton

DIECISIETE

EASTON

—Me defendiste —me susurra al oído después de cenar.

Me giro en la silla y le rodeo la cintura con un brazo para poder mirarla a la cara.

—Siempre te defenderé, cariño. Estoy orgulloso de ti.

Sonríe. Sus ojos recorren el estudio vacío.

Terminamos de cenar hace aproximadamente media hora.

Indy y Claire ayudaron a Mary y Leanne a recoger la mesa y preparar el postre, mientras Austin, Jemmy, Noah, Joe y yo nos retirábamos aquí para ver un poco de hockey.

Esta noche hay un partido de las ligas menores entre Windsor y Toronto.

Pero entonces Joe necesitó que Jemmy lo ayudara con algo, Indy llamó a Noah y Austin se escabulló para atender una llamada.

En este momento, solo estamos Claire y yo.

El ambiente se relaja al instante y me acomodo en el sillón.

Claire siempre consigue tranquilizarme. Desde que salí de rehabilitación, es la única persona con la que puedo relajarme por completo, y ansío su presencia.

Tiro de su mano y ella se sienta sobre mi rodilla.

Aspiro su perfume floral y coqueto y recorro con las yemas de los dedos la piel suave que queda al descubierto entre el borde de su jersey y la cinturilla de sus vaqueros.

Inclina la cabeza hacia mi oído.

—¿Quieres escaparte conmigo?

Sonrío ante la insinuación de su voz.

—¿Adónde iríamos?

Se levanta de mi regazo y me tiende una mano.

—Te lo enseñaré.

Resoplo y niego con la cabeza. Las voces de la cocina llegan flotando hasta el estudio.

—Estamos en casa de tus padres, Claire.

—Ya lo sé.

Sonrío ante el desafío que hay en sus ojos. Brillan con intensidad, azules como zafiros.

—Más vale que te des prisa, Scotch. Pensaba que te gustaba jugar con fuego.

Me levanto del sillón y le agarro la mano.

—Pensabas bien, cariño.

Suelta una risita y tira de mí para sacarme del estudio y llevarme por el pasillo.

Al llegar al final, se detiene y mira a ambos lados, y tengo que contener las ganas de reírme.

Es jodidamente adorable. Con Claire todo es divertido y juguetón, real y sin filtros.

Es la mejor contradicción que he conocido en mi vida.

Me mira por encima del hombro y se lleva un dedo a los labios.

La luz temprana de la luna entra por la ventana e ilumina su expresión traviesa. Le sonrío.

Sigo a Claire al doblar la esquina del pasillo y bajar tres peldaños, hasta que llegamos a un rellano apartado, oculto entre la entrada al sótano y un armario.

—¿Es aquí donde traes a todos tus amantes secretos? —le susurro en la penumbra.

—Solo a los afortunados.

Resoplo mientras le rodeo la parte baja de la espalda con las manos y la atraigo contra mí. Apoya las suyas en mis bíceps y se pone de puntillas, haciendo que sus pechos se deslicen por mi torso.

—Gracias por lo de hoy con mi padre. De verdad.

Oigo la sinceridad en su voz y eso araña mis propias inseguridades.

La dulce Claire nunca ha tenido a nadie que luchara por ella, al menos no de la forma que necesita. Acerco los labios a los suyos.

—¿Todavía no te has dado cuenta de que haría cualquier cosa por ti?

Apenas alcanzo a distinguir su expresión bajo la tenue luz. La ternura invade su mirada mientras alza la boca para cerrar los pocos centímetros que nos separan. Entonces me besa, yo respondo y el resto del mundo desaparece.

El calor de la boca de Claire me arrastra al fondo, más potente que el vodka.

Su contacto marca mi piel y me convierte en suyo.

La levanto y sus piernas me rodean las caderas de manera automática.

Ya estoy duro, desesperado y preparado para hundirme dentro de ella.

Con Claire paso de cero a cien en un abrir y cerrar de ojos.

Nunca había reaccionado de una manera tan visceral ante una mujer.

Bueno, no desde que era un niñato inexperto de quince años.

—Claire —murmuro mientras recorro la columna de su cuello con besos—. Tenemos que volver.

Tenemos que detenernos antes de que me la folle aquí mismo, empotrada contra la pared del armario de sus padres.

—Chist, todavía no —jadea.

Mi mano se desliza bajo su camiseta y acaricia su piel suave. Su pecho prácticamente empuja contra mi palma, tan hambriento de mi contacto como yo de sentirla. Inclina la pelvis hacia arriba para frotarse contra mí y suelto una maldición antes de volver a capturar su boca.

El sonido de la puerta al abrirse nos sorprende a los dos. Todo sucede tan deprisa y de forma tan inesperada que no tenemos tiempo de desenredar nuestros cuerpos. La luz inunda el pequeño escondite y un Austin muy cabreado oscurece el marco de la puerta.

—Joder —maldigo mientras dejo caer la cabeza sobre el hombro de Claire.

Muy despacio, saco la mano de debajo de su camiseta.

Ella gimotea y oigo cómo Austin contiene el aliento, horrorizado.

Deposito a Claire con cuidado sobre el suelo y dejo la mitad de su cuerpo protegida detrás del mío mientras me vuelvo para enfrentarme a la furia de mi mejor amigo. Emana de él en oleadas y se estrella contra Claire y contra mí como un rayo lanzado por Zeus.

Austin señala a su hermana.

—Vete.

Su tono es amenazador y peligrosamente bajo. Reconozco la rabia de su expresión, la traición en sus ojos y cómo se le escapa el control al que intenta aferrarse.

Claire avanza unos centímetros, pero le agarro la muñeca y la mantengo detrás de mí.

Ni de coña voy a dejar que se marche como si esto no tuviera nada que ver con ella.

Ahora estamos juntos, aunque no se lo hayamos anunciado a todo el clan Merrick, y no voy a permitir que se aleje de mí como si su lugar no estuviera a mi lado.

Austin entorna los ojos.

—¿Qué coño estás haciendo? —me gruñe.

—Aus… —Claire intenta avanzar de nuevo, pero le aprieto la mano con más fuerza.

Cierra la boca de golpe.

—Tenemos que hablar, Austin —digo con un tono firme y controlado.

—No me digas.

—Aquí no. —Niego con la cabeza—. Volvamos dentro y despidámonos de tus padres. Después iremos a mi casa.

Austin suelta una risa carente de humor.

—¿Por qué? ¿No quieres que sepan que te estás follando a mi hermana?

—Vigila cómo hablas —replico entre dientes.

Austin tiene la decencia de parecer arrepentido.

—No puedo creerlo.

—No es lo que piensas —le digo.

La mano de Claire se queda rígida dentro de la mía. Le acaricio los nudillos con el pulgar para tranquilizarla.

Austin me fulmina con la mirada.

—¿Qué coño significa eso, East?

—Significa que me importa Claire. Esto que hay entre nosotros es real, Austin.

No es una chica cualquiera. Lo es todo, joder.

Así que iremos a mi casa y responderé a tus preguntas por respeto a nuestra amistad, a tu relación con Claire y a tu familia.

Pero no te equivoques: no te debemos nada y no vas a darle órdenes a Claire como si fuera una cría.

Ya es una mujer adulta y puede tomar sus propias decisiones.

Sobre dónde vive, a qué quiere dedicarse y con quién sale.

Claire inspira con brusquedad. Mi mejor amigo se queda mirándome durante tres largos segundos como si no me reconociera. Pero me da igual. Estoy poniendo a Claire por delante. Siempre la pondré por delante.

—Vámonos. —Austin hace un gesto brusco con la cabeza.

Claire y yo salimos del escondite y tengo que reconocerle algo a mi chica: mantiene los hombros rectos y la cabeza bien alta.

Nos despedimos del resto de los Merrick de una forma bastante incómoda.

Mary frunce el ceño, preocupada, e Indy le lanza a Claire una mirada inquieta, pero salimos por la puerta principal antes de que nadie pueda empezar a hacer preguntas.

—Sube a mi coche, Claire —ordena Austin.

Le lanzo una mirada y él suelta una maldición.

—Por favor.

Claire asiente y me mira. Yo le dedico un gesto tranquilizador.

Lo último que quiero es estropear la relación de Claire con algún miembro de su familia.

Me siento al volante de mi coche y compruebo que Austin esté preparado antes de salir del camino de entrada de los Merrick y dirigirme hacia mi casa.

El trayecto transcurre despacio y deprisa al mismo tiempo.

El tiempo es extraño de esa manera. Por un lado, mi preocupación por Claire aumenta y hace que cada semáforo en rojo me irrite.

Sé que Austin nunca le gritaría, pero estoy seguro de que la está interrogando a conciencia.

No es que Claire no pueda soportarlo, pero aun así me gustaría estar allí para ella.

Por otro lado, ese tiempo adicional parece necesario para que Austin y yo nos calmemos un poco.

Lo último que quiero es acabar intercambiando puñetazos con mi mejor amigo.

Aparco delante de mi casa de piedra rojiza y Austin deja el coche un par de plazas más adelante.

Cuando él y Claire salen, les mantengo abierta la verja principal y los tres subimos los escalones.

Claire introduce el código para abrir la puerta y no se me escapa el ceño fruncido de Austin.

Es como si acabara de darse cuenta por primera vez de hasta qué punto las vidas de su hermana y la mía están entrelazadas.

Bien.

Cuando ya estamos dentro, Claire se acerca en silencio a la cafetera Nespresso e introduce una cápsula.

—Vamos a sentarnos y hablar con sensatez —dice, sonando mucho mayor que sus veinticuatro años.

Austin permanece de pie detrás de un taburete y me fulmina con la mirada.

—¿Cómo empezó esto? —exige mientras mueve un dedo entre Claire y yo—. Os odiabais.

—Del amor al odio hay un paso —señala Claire.

Deja la taza de café de Austin sobre la encimera.

Él resopla y su mirada se endurece.

—¿Amor?

Gira la cabeza bruscamente hacia mí.

—¿Eso es lo que le has contado? ¿Que la quieres? ¿Seduciste a mi hermana pequeña, Easton?

—Austin, basta. —Claire se coloca entre los dos, aunque estamos en lados opuestos de la isla—. Easton no me sedujo. Esto no es la Inglaterra victoriana. No necesito que protejas mi honor. Llevo años deseando a East y, cuando me mudé aquí, me aseguré de que lo supiera.

Austin y yo volvemos la cabeza hacia Claire al mismo tiempo. Ella se acomoda en un taburete, imperturbable, y da un largo sorbo al café.

—¿Quieres un té, East? Creo que cualquier cosa con cafeína hará que te cueste dormir esta noche.

Niego con la cabeza, asombrado por su actitud despreocupada.

—Vale. —Vuelve a mirar a su hermano—. Esto va a funcionar así. Tú… —Señala a Austin— vas a comprender que soy adulta. Estoy saliendo con Easton Scotch porque quiero y, por algún motivo incomprensible, porque él ve en mí algo que todos los demás parecen pasar por alto.

Austin hace una mueca, pero mantiene la boca cerrada.

—Y tú… —Claire me señala— vas a seguir esforzándote por ti mismo, por tu equipo y por mí. Le contaremos al resto de mi familia que estamos saliendo cuando estemos preparados, aunque preferiblemente más pronto que tarde.

Asiento.

—Los dos vais a sentaros en esta isla y hablar como hombres.

Sois mejores amigos, estáis en el mismo equipo de hockey y los dos queréis y deseáis proteger a esta chica de aquí.

—Se señala a sí misma—. No permitiré que exista esta tensión entre vosotros.

Así que os pido, por mí, que arregléis vuestras mierdas para que podamos avanzar.

Se levanta de la isla con la taza en la mano.

—Estaré abajo viendo The Real Housewives of New Jersey. Gritad si me necesitáis, pero, si no conseguís arreglar esto, no prometo no empezar a volcar mesas como Teresa.

Dicho eso, Claire se marcha de la cocina.

Austin y yo nos fulminamos con la mirada. Suspiro y decido comportarme como un hombre.

—Me importa, tío. Muchísimo.

Austin entorna los ojos.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Levanto las manos.

—Porque soy un puto desastre, Austin. Yo lo sé y tú también.

Pero esa chica… —Señalo la puerta por la que ha desaparecido Claire— cree en mí.

Me está ayudando más de lo que jamás podrías imaginar.

Intento ser suficiente para ella y, para conseguirlo, no puedo soportar todo el ruido que los demás van a lanzar contra nosotros.

Esto es demasiado reciente. Somos demasiado frágiles. Y yo sigo demasiado jodido.

Austin se pasa una mano por la cara.

—¿Cuánto tiempo?

—Casi dos meses.

Suelta una maldición.

—¿Va en serio?

Asiento.

—Trataré bien a tu hermana, Austin. Siempre la pondré por delante. Siempre la protegeré, incluso de mí mismo si es necesario.

—¿Qué significa eso, Easton? —Su voz es afilada.

—Significa que Claire es mi prioridad. Más que preocuparme por tus sentimientos heridos o por lo cabreado que vaya a ponerse Joe. Más que jugar al hockey o conservar todo esto.

Abro los brazos para abarcar la casa.

—Algunos días solo consigo seguir adelante porque ella cree que lo haré. Es quien consigue que tenga fuerza, Austin. Y no pienso aprovecharme de su corazón, aunque tenga que destrozar el mío para proteger el suyo.

Austin sopesa mis palabras durante un largo minuto antes de asentir.

—Sigo jodidamente cabreado contigo.

—Lo sé.

—Trátala bien.

—Lo haré.

—Esto se queda fuera del hielo. El equipo va primero.

—De acuerdo.

Asiente y se dirige hacia la puerta.

—Pero todavía no estoy preparado para sentarme a tu mesa y charlar como si nada. Ahora mismo quiero estamparte el puño en la cara. Me mentiste, Easton.

Niego con la cabeza.

—Nunca te he mentido, Austin.

—Mentiste por omisión.

—Mi lealtad es hacia Claire —le digo para que sepa con exactitud cuál es mi postura.

Reflexiona sobre ello y asiente una vez.

—Supongo que no puedo enfadarme por eso, porque querría que el hombre que saliera con mi hermana la pusiera por delante.

Me fulmina con la mirada.

—Solo desearía que no fueras tú.

Sus palabras se estrellan contra el centro de mi pecho como el puñetazo de un campeón de artes marciales mixtas. Es un golpe devastador y necesito unos segundos para encontrar la voz.

—Lo entiendo.

—Bien —dice Austin mientras abre la puerta principal y sale.

No vuelve la mirada.

Cierro la puerta detrás de él. Un silencio pesado se instala en la casa. Sé que Claire y yo hicimos lo correcto al defendernos, al proteger esto que existe entre nosotros. Sé que hice lo correcto, lo maduro, lo propio de un hombre, al hablar a solas con Austin.

Lo sé.

Pero no lo siento.

Se me oprime el pecho y la presión aumenta dentro de mi cabeza hasta que las sienes empiezan a palpitar.

Si lo he hecho todo como se supone que debía hacerlo, ¿por qué coño me siento tan desequilibrado?

Como si acabara de desplazar nuestras vidas unos milímetros en la dirección equivocada y ahora los cimientos que nos conectan a Claire, Austin, Noah, Indy, todos los Merrick y a mí estuvieran temblando bajo nuestros pies.