16 Claire
DIECISÉIS
CLAIRE
Me encanta vivir en Boston. Me gustan sus calles bulliciosas. Adoro la energía que impregna la ciudad en primavera. Disfruto de esa mezcla de atemporalidad y modernidad que se respira en la arquitectura, las exposiciones y los restaurantes. Ni siquiera me molesta el tráfico.
Lo que no soporto es febrero. Febrero en Boston es jodidamente frío.
Ese tipo de frío que se te mete en los huesos y te deja los calcetines húmedos, aunque no haya nieve en el suelo.
El encanto del otoño, con sus hojas de colores, ha muerto, y la esperanza incipiente de la primavera aún no ha brotado.
Febrero en Boston hace imposible quedarse tonteando en los escalones de casa de mis padres con un pivón que, además, es una estrella del hockey.
Así que, en lugar de continuar con el intercambio coqueto que Easton ha iniciado en el coche, subo los peldaños a toda prisa y me lanzo por la puerta principal antes de pillar una neumonía.
Austin dice que soy melodramática, pero yo me limito a exponer los hechos.
—¡Eh! —Austin me agarra de los hombros cuando me estampo contra él—. ¿Estás bien?
Se echa hacia atrás para mirarme.
Sonrío a mi hermano y asiento.
—Hace un frío de muerte.
Austin resopla.
—Vives en la ciudad equivocada.
Levanta la mirada cuando Easton cruza el umbral.
—Hola, East.
—¿Qué pasa, Aus? —pregunta East mientras se quita el abrigo.
Lo cuelga en el armario del recibidor y después coge el mío para dejarlo junto al suyo.
¿Es patético que me guste cómo quedan nuestros abrigos colgados juntos?
Sí, por supuesto. Pero durante un segundo puedo imaginar toda una vida con nuestros abrigos uno al lado del otro.
Es como tener los cepillos de dientes compartiendo vaso junto al lavabo o nuestras llaves mezcladas en la pequeña bandeja de la entrada.
Easton y yo podríamos construir una vida entera juntos, y comprender que estamos avanzando en esa dirección me llena el alma de felicidad.
—¿Seguro que estás bien? —Austin me sacude un hombro y yo lo miro.
Cuando me doy cuenta de que estoy sonriendo como el Joker, aprieto los labios y asiento. Austin me lanza otra mirada extraña antes de preguntarle a Easton algo sobre el próximo partido en Chicago.
Sigo a mi hermano y a Easton hasta la cocina, donde mamá ya ha preparado un auténtico festín sobre la isla. Galletitas saladas, quesos, embutidos italianos… Mi madre es la reina de las tablas de charcutería y todos nos inclinamos ante ella.
—Hola, preciosa. —Mamá me besa a modo de saludo.
—Hola, mami.
Me subo a un taburete y cojo un poco de queso con galletitas. Papá deja una copa de vino delante de mí y le sonrío.
—¿Qué tal va todo, grandullón?
Papá se ríe y me revuelve el pelo con cariño.
—Tirando, pequeñaja. ¿Qué te traes entre manos?
Doy un sorbo al vino y miro a mamá.
—Veo que has abierto el bueno.
Resopla.
—¿Qué ocurre? —pregunto a mis padres.
Mamá cruza los brazos y se inclina sobre la isla.
—Escúchanos antes de decir nada, ¿vale?
Asiento despacio y doy otro sorbo al vino.
—El otro día vi a John Kimber en el gimnasio —empieza papá.
Arqueo una ceja.
—¿Estás haciendo ejercicio?
—No te desvíes del tema, Claire —me advierte mamá.
Aprieto el bíceps de papá para comprobarlo y él me aparta la mano de un manotazo.
—El vino es para inducirme a una falsa sensación de calma, ¿verdad? —Levanto la copa y hago girar el líquido—. La limpidez es excelente.
Mamá pone los ojos en blanco.
Suspiro.
—Vale, emboscadme. ¿Cuál es el trabajo?
Papá se queda mirándome durante un largo instante y una expresión que no entiendo le cruza el rostro.
—Solo intentamos ayudarte, Claire.
Asiento. En el fondo, sé que mis padres tienen buenas intenciones. Pero, en lugar de animarme a buscar oportunidades «estables y seguras», ¿por qué no pueden apoyarme para que persiga opciones «creativas y satisfactorias»?
—Su hijo Jacob. ¿Te acuerdas de él? —interviene mamá.
Jacob Kimber. Se graduó dos años antes que yo y jugaba en el equipo universitario de béisbol.
Me metió mano durante una hoguera un viernes por la noche, después de que yo me bebiera un pack de seis Mike’s Hard Lemonade con mi amiga Megan antes de salir.
Era la primera vez que bebía y estaba achispada, risueña y muy insegura.
—Me acuerdo.
—Ahora trabaja en Chicago, en una agencia de marketing. Le va muy bien —explica papá mientras se recuesta en la silla que hay junto a la mía—. Ha ido ascendiendo. Ese chico siempre ha sido emprendedor, ambicioso y muy dedicado.
Arrugo la nariz, preguntándome por un instante si papá seguiría deshaciéndose en elogios hacia Jacob si supiera que me desabrochó el sujetador y me manoseó los pechos incluso después de que yo le apartara las manos y le dijera que parase.
Le di una bofetada cuando me metió la mano por la parte trasera de los pantalones y le dije que no me encontraba bien.
Continuó hasta que Megan le «derramó» una cerveza encima.
—Necesita una asistente —suelta mamá como una bomba.
Levanto la mirada, alarmada.
—¿Una asistente?
—Ay, Claire —resopla mamá—, no seas tan desdeñosa antes de escucharlo.
—¿Queréis que trabaje para Jacob Kimber? ¿Que le organice la agenda y le lleve el café?
Mi tono chorrea desdén y ni siquiera intento disimularlo.
Papá entorna los ojos.
—Es un trabajo honrado, Claire. ¿Qué estás haciendo ahora?
Viviendo gratis en casa del mejor amigo de tu hermano mientras tu madre y yo te pagamos la vida.
¿Crees que eso te da derecho a despreciar un puesto como asistente?
Podría servirte para impulsar tu carrera en la dirección correcta, dentro de la empresa adecuada.
—Hasta que aparezca una denuncia por acoso sexual —murmuro.
Mamá frunce el ceño y papá parece verdaderamente sorprendido.
—¿De qué estás hablando? —interviene Austin.
Detrás de él, la expresión de Easton se vuelve impenetrable. Cierra las manos en puños y me observa con una intensidad controlada que hace que me hormiguee la piel.
—De nada —respondo.
—¿Pasó algo con Jacob Kimber? —pregunta mamá despacio.
Cierro los ojos y expulso el aire. Esto se ha torcido muy deprisa.
—No es nada. Olvidadlo.
—Claire. —El tono de papá es firme.
Lo miro a los ojos.
—Si ocurrió algo…
—No tiene importancia. Hablaré con él si queréis.
Mamá parece sinceramente preocupada.
—Claire, solo queremos lo mejor para ti. Y no estoy diciendo que sea Jacob Kimber —añade deprisa—. Pero tienes que poner algo de tu parte, cariño. Ayúdanos a entender qué tipo de trabajos estás solicitando. ¿A qué quieres dedicarte, Claire?
Me muerdo el labio para contener el torrente de palabras que bailan en la punta de la lengua.
¿Les cuento la verdad? Que estoy ganando dinero de manera constante con mis diseños para grupos independientes.
Que un grupo prometedor de Nueva York acaba de ponerse en contacto conmigo para que diseñe su logotipo.
Que ya no hago solo logos, sino también diseños de merchandising e identidad visual para páginas web.
Antes de que consiga decidir qué decir, Easton anuncia:
—Claire está haciendo un trabajo increíble diseñando logotipos para grupos y portadas de discos.
—¿Logotipos para grupos? —pregunta mamá, sorprendida.
Los hombros de papá se ponen rígidos cuando su mirada salta hacia Easton y vuelve a mí. Aprieta los labios.
—¿Qué clase de logotipos? ¿Para quién?
—Acaba de contactar con ella un grupo de moda de Nueva York —dice Easton mientras apoya una cadera contra la isla—.
La demanda ha aumentado muchísimo durante las últimas semanas.
Joder, si se lo tomara en serio, probablemente podría crear su propio imperio en lugar de llevarle el capuchino de la mañana a un gilipollas con aires de superioridad que, por lo visto, se ha propasado con ella.
—Jacob es más de americano —suelto, inquieta por la rapidez con la que Easton ha saltado en mi defensa.
Nadie hace caso a mi intento de aligerar el ambiente.
—Háblanos de esos logotipos, Claire —dice Austin, animándome con un gesto de la cabeza.
Su apoyo afloja un poco la ansiedad que se enrosca en mi pecho como una cuerda. Sigue habiendo suficiente para ahorcarme, pero, gracias al gesto de Austin y al respaldo de Easton, inspiro hondo.
—Empecé a hacerlo por diversión. Durante el verano estaba saliendo con un chico…
—¿Qué chico? —Papá frunce el ceño.
—Un músico. Es, eh… el cantante de The Burnt Clovers.
—¿Derek Reiner? —A mi hermano se le abre la boca.
Mamá arruga la frente.
—¿Debería saber quién es? —susurra.
Niego con la cabeza.
—En fin, estaba trasteando y preparé varias propuestas para el logotipo del grupo. A todos les encantó una. De hecho, es la que eligieron, y después los invitaron a salir de gira con The Failed Poets, así que…
—¿Mantuvieron tu logotipo? —pregunta Austin, impresionado.
Le sonrío.
—Sí. También he diseñado merchandising para ellos.
Derek me presentó a otros grupos y la cosa simplemente…
surgió. Ahora también preparo imágenes promocionales para sus redes sociales y diseños de identidad para páginas web.
Solo he hecho unas cuantas portadas de discos, pero son mis favoritas.
Me encanta desarrollar conceptos diferentes y trabajar cara a cara con los músicos para hacer realidad sus ideas.
Me encojo de hombros mientras observo las expresiones atónitas de mamá y papá.
—Me encanta de verdad. Y se me da bien. Ahora mismo no gano una fortuna, pero tampoco lo he organizado para que sea así. Aunque creo que Easton tiene razón. Si me lo tomara en serio, sí podría convertirlo en un pequeño negocio que me permitiera mantenerme.
—El veinte por ciento de los negocios fracasan durante el primer año —señala papá.
—Joe —lo reprende mamá.
—Ahí está el apoyo con el que contaba.
Levanto el brazo y hago un exagerado gesto de victoria con el puño. Austin hace una mueca.
Papá me fulmina con la mirada.
—Estoy siendo realista, Claire. Tú también deberías serlo si estás pensando seriamente en esto.
Tienes una carrera universitaria y una amplia red de contactos a tu disposición.
En lugar de aprovecharlos, quieres quedarte en casa, beber sofisticadas bebidas de Starbucks y diseñar el logotipo de un grupo para un tío que solo se pinta de negro una uña.
Mamá jadea. Austin oculta una carcajada con una tos. Ni siquiera miro a Easton para comprobar la risa que sé que le arde en los ojos.
—¿Conoces a Derek? —pregunto.
Papá me mira con hostilidad.
—Ahora le apetece más un tono azul marino. Resulta menos agresivo para su imagen.
—Claire Josephine Merrick. —Mamá pronuncia mi nombre completo.
Es una advertencia que debería escuchar.
Papá se pasa una mano por la cara.
—Siempre has sido difícil, Claire.
—Apasionada —lo corrige mamá.
Le lanzo una sonrisa agradecida y vuelvo a mirar a mi padre.
—¿No puedes alegrarte por mí sin más? Estoy haciendo algo que me encanta y gano más dinero que trabajando gratis como becaria.
Niega con la cabeza, claramente sin saber qué hacer conmigo.
—Prométeme al menos que seguirás solicitando trabajos de verdad. Ya sabes, de esos que te permitirán conseguir una hipoteca y tener seguro médico.
Me trago el comentario sarcástico que se muere por escapar y asiento.
—Claro.
Austin vuelve a llenarme la copa de vino y me guiña un ojo.
Suena el timbre y una oleada de alivio inunda la cocina. Mamá y papá se dirigen de inmediato a la puerta para recibir a la tía Leanne, el tío Jemmy, Indy y Noah.
En cuanto desaparecen, Austin, Easton y yo estallamos en carcajadas.
—¿El azul marino es menos agresivo para su imagen? —pregunta Austin.
Sonrío con suficiencia.
—Tienes un buen par, Claire —añade mi hermano.
—Alguien en esta familia tiene que tenerlos —respondo.
Me enseña el dedo corazón. Easton rodea la isla hasta colocarse a mi lado. Me agarra por la nuca y aprieta con suavidad. Levanto la mirada hacia él y sonrío, momentáneamente cegada por la suya.
—Gracias —le susurro.
—Eres muchísimo más grande de lo que crees, Claire —murmura antes de apartar la mano.
Echo de menos el calor de su contacto al instante.
Cojo la copa de vino mientras Indy y Noah entran en la cocina. Las voces de la tía Leanne y el tío Jemmy flotan detrás de ellos.
—¡Hola! —Indy me besa la mejilla para saludarme—. Hablé con Aiden el otro día y va a ponerse en contacto contigo. Está investigando a varios artistas nuevos que quizá busquen representación y dice que puedes acompañarlo cuando quieras.
—¿En serio?
Asiente.
—Sí. Está muy emocionado con un rapero llamado Big Roxi. Escuché algunas de sus canciones y seguro que te gusta su música. También mencionó algo de un grupo de bluegrass.
Sonrío.
—Parece genial. Gracias, Indy.
—Cuando quieras. Sinceramente, también le haces un favor a Aiden. Le encanta trabajar en la industria del entretenimiento y creo que descubrir artistas nuevos es su parte favorita. Pero, como acaba de llegar a la ciudad, prefiere no ir solo.
—Genial. Entonces esperaré a que me escriba. Mamá ha comprado vino espumoso sin alcohol para ti —le digo mientras bajo del taburete.
Me dispongo a sacar la botella del frigorífico de la barra, pero me detengo cuando veo la cara de Austin.
Mi hermano me observa con curiosidad. Los engranajes de su cabeza están girando mientras su mirada salta de Easton a mí y vuelve de nuevo. Me pongo rígida al instante y me agacho frente al frigorífico, agradecida por el aire frío que refresca el calor de mis mejillas.
Después del enfrentamiento con papá, lo último que necesito es que Austin descubra hasta qué punto su mejor amigo apoya a su hermana pequeña.