El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 15 Easton
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15 Easton

QUINCE

EASTON

Claire Merrick me desarma por completo.

Con cada día que pasa, el ardor de mi garganta y el dolor de mi cabeza disminuyen. En su lugar, sustituyo una adicción por otra.

Claire.

El sabor de su piel. La sensación de sus curvas. El aroma de su pelo.

El ingenio de su mente. La sonrisa ladeada de su boca. El brillo de sus ojos.

Claire Merrick me tiene hipnotizado. Es mi salvación después de tantas noches consumido en el infierno.

Nos resulta fácil caer en una rutina. Me despierto deseándola, paso el día pensando en ella y cierro los ojos por la noche con su olor impregnado en la piel.

Estoy tan desesperado y perdido en el deseo que Noah, Austin y el resto de los chicos del equipo no tardan en darse cuenta de que una mujer me tiene completamente trastornado.

Pero ni de puta coña voy a decirles que es Claire. Al menos hasta que me obliguen.

Porque no quiero compartir mi pedazo de cielo. No quiero que sus expectativas contaminen esta cosa delicada que está surgiendo entre nosotros. Ahora mismo, Claire es el único punto de luz en mi vida. Y que se prepare cualquiera que se atreva a oscurecerla.

—Hola. —Su sonrisa me recibe cuando entra en la cocina.

—Hola. —Saco del microondas el plato de sobras y lo señalo—. ¿Tienes hambre?

Niega con la cabeza.

—Ni hablar. Esta noche cenamos en casa de mis padres y ya sabes que mamá sigue cebándome a la fuerza.

Me río. Mary Merrick es una auténtica obsesa de alimentar a todo el mundo. Pero, como alguien que creció con una madre a la que le daba exactamente igual si comía o no, agradezco la dedicación de Mary.

—Esto me mantendrá lleno hasta entonces.

Doy un bocado al pollo a la parmesana.

Claire se sube a un taburete de la barra y me observa comer. Cada pocos segundos, el tacón de su zapato golpea el travesaño inferior con un tintineo.

—¿Qué te ronda por la cabeza, Clairebear?

Levanta la mirada hacia mí y niega con la cabeza, como si intentara despejarla.

—Nada.

—Venga ya. Prácticamente puedo oír los pensamientos dando vueltas dentro de tu cabeza. ¿Qué pasa?

Suspira y juguetea con el borde de la manga de la camiseta.

Un hilo de inquietud me resbala por la garganta y va llenándome despacio el pecho de preocupación.

¿Ha pasado algo? ¿Ya no quiere vivir aquí?

Odio los pensamientos negativos que me invaden, pero, de repente, el miedo a perder a Claire me provoca pánico.

—¿Claire? —insisto, impaciente.

—¿Crees que…? Quiero decir… —Hace una pausa—. ¿Te avergüenzas de mí?

—¿Qué? —Suelto una carcajada brusca—. ¿Avergonzarme de ti? ¿Estás borracha?

Pone los ojos en blanco, aunque una pequeña sonrisa le juega en la boca.

—Es solo que no le has contado a nadie lo nuestro. Quiero decir, ni siquiera hemos hablado de lo que somos ni nada… Pero Rielle e Indy saben…

—Que estamos… —Hago un gesto entre los dos.

Asiente y frunce el ceño al detectar la incertidumbre en mi expresión.

Mierda.

—¿No quieres que la gente lo sepa? —Su voz suena muy pequeña.

Niego con la cabeza y me inclino sobre la isla para agarrarla de la muñeca.

—No es eso, cariño.

—Entonces ¿qué es?

—Mira, Claire… —Expulso el aire.

La verdad es que es la única persona de mi vida que tiene fe en mí y, por mucho que disfrute de ello, sé que no debería creer que está justificado.

—Cariño, lo estoy intentando. Cada día hago todo lo que está en mi puta mano por comportarme bien. Por no recaer. Por ser bueno para ti.

—Ya lo sé. Y lo eres.

Le sonrío.

—Claire, eres la única persona que conozco que confía tanto en mí. Y antes de que digas que no es verdad, sé que sí lo es. Te necesito, Claire. Te necesito muchísimo más de lo que tú me necesitas a mí.

—Easton… —Hace una mueca como si mis palabras le dolieran, pero a veces la verdad duele.

Aprieto más los dedos alrededor de su muñeca.

—Si todo el mundo sabe que nos estamos acostando…

—¿Eso es todo lo que somos?

Suspiro y corrijo la frase.

—Si todo el mundo sabe que estamos juntos…

Su expresión se ilumina y yo sonrío.

—Entonces aparece otra capa de expectativas y no sé si estoy preparado para gestionarlo todo.

Está Austin, tus padres, joder, el equipo entero…

Todos señalarán que estoy demasiado jodido para ti.

Que lo nuestro es una mala idea. Hasta mi padrino está nervioso porque me haya metido en esto contigo tan deprisa.

—¿Rick sabe lo nuestro?

Asiento y me humedezco los labios.

—¿Te molesta?

Niega con la cabeza, con los ojos muy abiertos.

—Claro que no. East, solo quiero lo mejor para ti. Es lo único que he querido siempre.

—Tú eres lo mejor para mí, Claire. Pero yo no soy lo mejor para ti. Y soy demasiado egoísta para dejarte marchar como sé que debería.

—¡Ni se te ocurra!

Tira de mí hasta que quedo inclinado sobre la isla. Me sonríe con descaro, se sube directamente a la encimera y me besa con profundidad.

Claire me deja sin defensas. ¿Cómo coño voy a sobrevivir a esta mujer?

Se aparta de repente y me pasa los dedos por la boca.

—No tenemos que contárselo a nadie si es demasiado. Solo quería asegurarme de que los dos estamos en la misma página.

—¿En qué página, cariño?

—En la que esto conduce a algún sitio.

Asiento al percibir la vulnerabilidad de su mirada.

—No estoy jugando contigo, Claire. Te lo juro, deseo esto tanto como tú. Solo que no quiero estropearlo. Nos lanzamos mucho más deprisa de lo que esperaba y, ahora que estamos aquí, no quiero frenar, aunque a veces pienso que necesitamos hacerlo. ¿Sabes a qué me refiero?

Asiente con solemnidad. Claire se mueve hasta quedar sentada en el borde de la isla. Me coloco entre sus muslos, olvidándome por completo del pollo a la parmesana. Apoyo las manos en la parte superior de sus piernas y aprieto.

—No quiero perderte, Claire. Siento como si estuviéramos suspendidos constantemente al borde de un precipicio y bastara un paso en falso, algo tan simple como una ráfaga de viento en la dirección equivocada, para hacernos caer —admito, compartiendo mi miedo lo mejor que sé.

Una parte de mí sabe que voy a perderla. ¿Cómo no iba a hacerlo? Pero una pequeña chispa de esperanza sigue encendiéndose dentro de mi pecho.

¿Y si pudiera ser suficiente? ¿Y si pudiera lanzarme al vacío y amar a Claire como se merece?

—No permitiré que ocurra —declara con seguridad.

Sonrío ante su descaro, sabiendo que, si alguien pudiera plantarle cara a la madre naturaleza o al destino, sería Claire.

Su expresión se vuelve seria mientras desliza las manos por mis brazos hasta apoyarlas sobre mis hombros. Me mira directamente a los ojos e inspira hondo.

—No quiero asustarte, East. Pero me estoy enamorando de ti.

Me quedo inmóvil. Se me bloquean todas las extremidades mientras observo su rostro.

Y Dios, es jodidamente impresionante.

—Llevo mucho tiempo haciéndolo —continúa—. Siento tantas cosas por ti que a veces ni siquiera sé qué hacer con ellas. Pero odio pensar que soy la única que las siente.

—No lo eres —respondo deprisa, deseando tranquilizarla.

El corazón me golpea con tanta fuerza que el sonido me retumba en los tímpanos. Las palmas de las manos se me humedecen y una extraña mezcla de euforia y terror se expande por mi pecho.

—Joder, Claire. Se me da fatal esto —admito mientras me paso una mano por la cara—. No sé hablar de mis sentimientos y toda esa mierda. Me enseñaron desde pequeño a guardármelo todo dentro.

Claire frunce el ceño y las cejas se le juntan. Nunca hablo de mi infancia, de mi pasado ni de los monstruos que se esconden allí. ¿Por qué iba a hacerlo?

Niego con la cabeza para apartar los pensamientos sobre mis padres.

—Pero, cariño, créeme cuando te digo que no estás sola. Estoy loco por ti. Por todo lo que eres. La mayoría de los días me aterra acabar estropeándolo todo.

Me sujeta la cara entre las manos, tira de mí hacia ella y me besa con dulzura.

Cierro las manos en puños y las apoyo contra el granito implacable de la encimera mientras la encierro entre mis brazos y profundizo el beso.

En cuestión de segundos, la respiración de Claire se acelera.

Sigo besándola con pasión, invadiendo su espacio hasta que acaba tumbada sobre la encimera.

La agarro de los muslos y tiro de ella hasta el borde.

Me sonríe mientras me quito la camiseta y desabrocho el botón de sus vaqueros.

—Se me dan fatal las palabras, Claire.

—No lo has hecho mal —susurra.

Niego con la cabeza.

—Prefiero demostrártelo.

Me quito los pantalones.

—¿Aquí? —Abre los ojos de par en par mientras mira alrededor de la cocina.

—Dondequiera que me dejes.

Vuelvo a colocarme entre sus muslos y agacho la cabeza para dejar un reguero de besos por la franja de piel que ha quedado al descubierto al subírsele la camiseta.

Ella se la quita mientras yo le deslizo los vaqueros por sus piernas torneadas. Sus ojos se aferran a los míos y un escalofrío le eriza la piel cuando le retiro las bragas. El deseo tiñe su mirada.

—¿Estás preparada para mí, cariño? —murmuro mientras arrastro dos dedos por el centro de su coño.

Gimotea.

Me llevo los dedos a la boca y succiono su humedad mientras observo cómo se le nublan los ojos.

—Dulce —le digo con sinceridad.

La agarro por detrás de la rodilla, le levanto la pierna, me alineo con su entrada y me hundo dentro de ella.

Se le ponen los ojos en blanco y la ayudo a recolocarse hasta que consigo entrar por completo. Claire se aferra a mis antebrazos mientras retrocedo antes de embestir con más profundidad.

—¡Easton! —grita.

—Te tengo, cariño.

Marco un ritmo constante que se vuelve implacable en cuanto se rompe el hilo que me mantiene unido.

Claire Merrick, con sus bromas coquetas y toda su belleza, me deshace. Su dulzura me hace pedazos. Su descaro me pone en mi sitio. Pero su puto corazón me ama.

Y ese es el único pensamiento que necesito mientras embisto dentro de ella como si jamás fuera a ser digno. Como si no fuera a volver a tenerla. Como si cada instante entre nosotros fuera precioso.

Para un jugador de hockey acabado que no para de recaer, sé que lo es. Nada está garantizado. Nada es para siempre. Por mucho que lo espere, por mucho que desee ser suficiente para Claire, siempre me quedaré por debajo de lo que merece.

La follo con fuerza y ella responde a cada una de mis embestidas hasta que los dos gritamos y nos rompemos exactamente al mismo tiempo.

Suelto una maldición mientras caigo hacia delante y cubro su cuerpo con el mío.

—Me destruyes, Claire —jadeo con la respiración entrecortada.

Ella respira con dificultad junto a mi oído durante varios segundos. Su mano me acaricia el pelo para tranquilizarme.

—No dejaré que nos destruyas —susurra con una comprensión que deseo y detesto.