El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 14 Claire
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14 Claire

CATORCE

CLAIRE

—Te estás sonrojando. —Rielle sonríe con picardía antes de llevarse el macchiato de caramelo a los labios y dar un sorbo largo.

—¿No es maravilloso? —suspira Indy, juntando las manos contra el pecho.

—Te has vuelto muy empalagosa desde que Scotch te dejó embarazada —le digo a mi prima, poniendo los ojos en blanco.

Lo juro, en cuestión de unos meses, mi prima seria, perfeccionista y a menudo aburrida se ha convertido en la viva imagen del amor. Podría protagonizar el anuncio de una página de citas con todos los corazones y estrellitas que le brillan en los ojos.

—Tú vas pisándole los talones —me acusa Rielle—. Para ser justas, nunca te había visto tan trastornada por un hombre como por Easton, pero esto se lleva la palma. El sexo tiene que ser espectacular.

Suspiro, comportándome exactamente igual que Indy.

—Es orgásmico.

Rielle esboza una sonrisa e Indy se ríe.

—Pero es más que eso —continúo mientras me inclino hacia delante, como si estuviera a punto de revelar un secreto—. Me preparó el desayuno —susurro.

A Rielle se le abre la boca e Indy jadea, volviendo a agarrarse el pecho, aunque esta vez por la sorpresa.

—Ni de coña. —Rielle me señala—. ¿Hablas en serio?

Asiento.

—Joder. —Indy silba—. Eso ya es nivel relación.

—¿A que sí? —Sonrío mientras recojo mi café con leche—. Quiero decir, me pasé la mañana volándole la cabeza, así que necesitaba reponer fuerzas, pero…

Rielle estalla en carcajadas.

—Aun así, no esperaba una tortilla, un bagel integral y zumo de naranja.

—¿Qué llevaba la tortilla? —Indy entorna los ojos.

Rielle le lanza una mirada y yo suelto una risita.

—Era una tortilla de verduras. ¿Por qué?

Indy niega con la cabeza.

—Es solo que… me sorprende. Desde que éramos adolescentes, Easton rara vez se molestaba en hacer algo bonito por alguien.

—Ya lo sé —coincido.

—Sin duda, es más que sexo —decide Rielle.

Aunque yo también creo que es más que sexo —quiero decir, se siente como algo más—, que Indy y Rielle lo confirmen hace que parezca más real.

Les sonrío como si me hubiera tocado la lotería.

Diez veces.

—¿Se lo habéis contado a alguien? Quiero decir, ¿a alguien aparte de nosotras? —pregunta Rielle.

Niego con la cabeza.

—Easton no ha sacado el tema. Quiero decir, no hemos hablado de qué somos ni nada…

—Estáis saliendo —afirma Indy con seguridad.

—Supongo. —Me muerdo el labio inferior, inquieta.

—¿Qué pasa? —pregunta Rielle.

—Es solo que creo que a Easton le preocupa lo que puedan pensar Austin y mis padres. Además, está el equipo…

—Todos te tratan como si fueras su hermana pequeña —coincide Indy.

Rielle niega con la cabeza.

—No puedo imaginarme a mi hermano preocupándose por con quién salgo, y mucho menos a diez jugadores de hockey enormes.

Indy la mira con curiosidad, pero yo niego discretamente con la cabeza para hacerle saber a mi prima que la familia de Rielle es un tema prohibido.

No habla mucho de ellos; de hecho, casi nunca los menciona.

Cuando lo hace, suele ser como un comentario de pasada y cualquier intento de profundizar en el asunto —ya lo he probado— consigue que se cierre por completo.

Indy estira la mano sobre la mesa y me agarra de la muñeca.

—Claire, si estás tan colada por East y las cosas van tan bien, puedes hablar con él, ¿sabes?

—Ya lo sé.

—Es solo que no quiero verte atrapada en una especie de limbo sentimental porque te dé demasiado miedo agitar las aguas. Yo hice eso con Noah y fue una mierda.

—Lo sé —respondo en voz baja, recordando la angustia que la incertidumbre sobre su relación con Noah les provocó a los dos hace apenas unas semanas—. Pero todavía es muy reciente.

—Es verdad. —Indy asiente—. Y no estás embarazada.

Entorna los ojos.

—¿Verdad?

Le enseño el dedo corazón y ella sonríe mientras Rielle resopla.

—Esta vez es diferente. Todo con Easton es…

distinto. —No puedo impedir que una sonrisa enorme me parta la cara—.

Con él siento que puedo hacer cualquier cosa.

Quiero decir, me apoya muchísimo con lo de diseñar logotipos para grupos y me anima a perseguir mis sueños, a dedicarme a algo que me apasione.

Después de pasarme meses con mis padres y Austin encima para que encuentre un trabajo de verdad, resulta agradable tener a alguien de mi parte, ¿sabéis?

Rielle asiente despacio mientras me examina el rostro con atención.

Pero Indy frunce el ceño sin disimulo.

—No tenía ni idea de que te tomaras tan en serio lo de los logotipos para grupos.

Hago una mueca.

—Sí. Es solo que… me daba vergüenza decírtelo.

—¿Por qué? —Mi prima parece sinceramente desconcertada y la culpa me atraviesa el pecho.

—¿No es obvio? —Me obligo a reír con ligereza—. Indy, tú eres perfecta.

—Totalmente. Lo eres —coincide Rielle.

Indy niega con la cabeza.

—No, no lo soy. Yo…

—Eres organizada y disciplinada —la interrumpo.

—Centrada y decidida —añade Rielle.

—Sabes exactamente lo que quieres y lo persigues con tenacidad —continúo.

Rielle asiente.

—Ojalá fuera tan ambiciosa como tú.

Indy frunce el ceño mientras nos mira a las dos.

—Pero tú eres creativa y apasionada, Claire. Y, Rielle, no conozco a nadie que trabaje tanto como tú.

—Porque no tengo más remedio —murmura Rielle antes de dar un trago enorme a su bebida.

—Y mi lado creativo y apasionado siempre se descarta. —Jugueteo con el asa de la taza y miro a Indy—. Mis padres pensarían que esto de tontear con logotipos para grupos es un pasatiempo mono para combatir el aburrimiento.

Los hombros de Indy se hunden mientras la comprensión atraviesa su expresión.

—Lo siento muchísimo, Claire. No tenía ni idea. Si lo hubiera sabido, te habría defendido más. Sabes que apoyo cualquier cosa que quieras hacer.

Asiento. Sé que dice la verdad. Si hubiera sido más clara y directa acerca de lo que deseaba, Indy me habría apoyado.

—Es solo que resulta agradable que Easton se diera cuenta sin que yo tuviera que decir nada.

—Eso lo entiendo. —Indy me sonríe—. Entonces me alegro por ti. Y, si alguna vez quieres hablar con alguien para tener otra perspectiva o necesitas ayuda para organizarlo todo, sabes que Aiden es abogado especializado en el mundo del entretenimiento, ¿verdad?

—¿Tu mejor amigo Aiden? —pregunto, recordando al amigo de la infancia de Indy, de Florida, que pasó Acción de Gracias con nosotros—. ¿No acaba de mudarse aquí?

—Sí. Llegó la semana pasada. Puedes sentarte a hablar con él cuando estés preparada.

Sonrío a Indy mientras una oleada de gratitud me recorre.

—Gracias, Indy. Todavía no he llegado a ese punto, pero, en cuanto lo haga, aceptaré la oferta sin duda.

Hace un gesto despreocupado con la mano.

—Cuando quieras. Y, si alguna vez necesitas a alguien que te acompañe a ver grupos, Aiden es el hombre perfecto.

—Genial, gracias. —Sonrío.

—Me alegro de que por fin hayas encontrado con East el final feliz que llevabas esperando —añade Indy.

Rielle levanta la taza.

—Brindemos, pequeña. Me alegro de que estés tan jodidamente feliz.

Sonrío y hago chocar mi taza contra las de Indy y Rielle. Pero no se me escapa la mirada curiosa que intercambian ni la preocupación que asoma en los ojos de mi mejor amiga justo antes de beber.

Decido que solo están preocupándose demasiado y lo descarto. Porque soy demasiado feliz para permitir que nadie me fastidie la fiesta.

Esta mañana me he despertado con la cabeza de Easton entre las piernas. Y voy a deciros una cosa: después de eso no hay vuelta atrás. Ha conseguido que ningún otro hombre vuelva a satisfacerme, pero no importa, porque después de Easton no habrá nadie.

Él es mi futuro.

—Hoy te he echado de menos —susurra East.

Sus labios rozan los míos y me despiertan.

Los sueños todavía me nublan la vista mientras me obligo a abrir los ojos.

—¿Qué hora es? Debo de haberme quedado dormida.

—Poco después de las seis de la tarde.

—Ah. —Frunzo el ceño—. No me puedo creer que haya dormido tanto.

Easton me acaricia la frente con el pulgar.

—Es culpa mía, cariño. No te estoy dejando dormir lo suficiente.

Sonrío.

—Me gusta cómo pasamos el tiempo.

Easton se ríe y se deja caer a mi lado en el sofá. Me atrae hacia sus brazos, hasta que nuestros pechos quedan pegados, y me besa la nariz.

—¿Ah, sí?

Asiento y me acurruco más contra él.

—¿Qué tal el entrenamiento?

East se encoge de hombros y, durante un instante, la incertidumbre atraviesa su rostro. En el siguiente parpadeo, desaparece.

—Ha estado bien.

Frunzo el ceño.

—¿Quieres hablar de ello?

Niega con la cabeza y sonríe con picardía.

—No cuando hay tantas cosas mejores que podríamos estar haciendo.

El corazón me da un vuelco ante el brillo juguetón de sus ojos. Me colma de atención y cariño, dos cosas de las que mi alma lleva demasiado tiempo privada.

—¿Qué tenías pensado? —Mi voz suena más ronca de lo que pretendía.

Easton se muerde una comisura de la boca y sus ojos destellan.

Me hace subir más sobre su pecho hasta que nuestros labios quedan alineados. Inhalamos el aire que exhala el otro y resulta sorprendentemente íntimo.

—He perdido demasiado tiempo contigo, Clairebear —murmura antes de besarme despacio.

La punta de su lengua recorre la línea de mis labios y, cuando los separo, se aparta.

—Tengo que recuperar el tiempo perdido.

Sonríe antes de volver a apoderarse de mi boca.

Esta vez, hay picante bajo la dulzura. En cuestión de segundos, estoy inmovilizada bajo él en el sofá.

La lengua de Easton se hunde en mi boca y me arqueo contra su cuerpo, desesperada por más.

Desesperada por todo. Sus manos ásperas ascienden por mis costillas y arrastran la camiseta hacia arriba.

Aparta la boca de la mía y la cierra alrededor de mi pecho derecho.

Mis manos vuelan hacia su pelo y tiro de él para acercarlo mientras rodeo su cintura con las piernas.

—Te necesito —gimoteo prácticamente.

El calor ya se acumula entre mis piernas. ¿Cómo es posible que, con unos pocos besos y caricias, ya esté desesperada y necesitada? ¿Cómo consigue Easton provocar esta clase de reacción en mi cuerpo en apenas unos instantes?

—Soy tuyo, Claire.

Se desabrocha el cinturón y se quita los vaqueros con rapidez.

Todavía lleva el pelo húmedo de la ducha después del entrenamiento.

Se le riza alrededor de las orejas, revuelto, y hace que parezca el chico de nuestra adolescencia.

Pero la forma en que me mira pertenece por completo a un hombre, y me estremezco ante la intensidad de sus ojos.

Easton huele a jabón y a invierno. Parece la combinación perfecta entre un antiguo dios griego y un modelo moderno de ropa interior de Calvin Klein. Me destroza con una simple mirada, me arruina con su contacto y me ahoga con sus besos.

Mientras Easton me baja los leggings y recorre mis muslos con besos, dejo caer la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.

El calor de su boca me eriza toda la piel.

Su mano serpentea por mi estómago hasta que los dedos se cierran alrededor de uno de mis pechos y lo masajean con movimientos imprevisibles, justo cuando su lengua asciende por el centro de mi coño.

Jadeo. Easton sopla con suavidad sobre mi carne hipersensible. Me pellizca el pezón.

—Estás jodidamente buena, Claire —declara antes de bajar la boca.

Esta vez me devora como si yo fuera la cena de Acción de Gracias.

Disfruto de cada segundo.

Después de que me deshaga en pedazos, se desliza dentro de mí.

Encajamos a la perfección. Nuestros movimientos se sincronizan y nuestras miradas quedan atrapadas.

Todas las palabras que a Easton le cuesta pronunciar se derraman desde la expresión embriagadora con la que me contempla.

Todo lo que necesito escuchar se imprime en mi piel a través de sus caricias. Él me llena de asombro y esperanza.

Yo ahuyento sus demonios.

El sonido de nuestros cuerpos al encontrarse llena el aire y nos envuelve en un capullo protegido del resto del mundo. Mientras los ojos azul oscuro de Easton se hunden en los míos, comprendo que no necesito que nadie sepa lo nuestro. No necesito a nadie aparte de él.

Nada más que esto.

Porque esto es suficiente.

De hecho, lo es todo.