13 Easton
TRECE
EASTON
El cielo. Estar dentro de Claire es como poseer un pedazo de cielo.
Estoy desesperado por ella. Jodidamente ido.
Darle placer ha sido puro éxtasis. Me ha encantado ver cómo el rubor ascendía desde su pecho hasta sus mejillas. He saboreado cada gemido que escapaba de su boca, sabiendo que yo era el responsable. Y he disfrutado como un puto loco de cada orgasmo que la he ayudado a alcanzar.
Pero ahora mismo tengo la polla hundida hasta el fondo de su cuerpo prieto y ni siquiera consigo ver con claridad. Lo único en lo que puedo concentrarme es en conseguir que esto dure todo lo posible. Salgo de ella despacio antes de volver a hundirme, soltando una maldición.
Se ríe y cambia de postura para levantar todavía más el culo.
Dios, la imagen de Claire así quedará grabada en mis párpados durante toda la eternidad.
Encuentro un ritmo entre los dos, deleitándome con cada jadeo y cada gemido que cae de sus labios.
Mis manos le agarran las caderas con brutalidad mientras embisto dentro de ella una y otra vez.
Sus pechos se balancean por el movimiento y me inclino hacia delante, apartando una mano de su cadera para acariciarle uno. Dios, nunca tengo suficiente.
¿Llegaré a saciarme algún día?
Le pellizco el pezón y acelero el ritmo, ahogándome en el sonido frenético de su respiración entrecortada. Hago un esfuerzo heroico, pero demasiado pronto mi cuerpo se tensa y se rompe, y me corro dentro de Claire. La abrazo contra mi pecho y hago que los dos rodemos sobre el colchón.
La sostengo durante un largo momento, mientras nuestra respiración agitada llena el silencio de la habitación.
Me ablando dentro de ella, salgo y me obligo a ir al baño para limpiarme.
Joder, ¿qué coño acaba de pasar? Aparte de haber sido el encuentro sexual más intenso de toda mi vida, lo cual ya es decir mucho, ha sido con Claire.
Soy el último hombre del planeta que quiere hablar después de follar, pero ahora mismo creo que eso es exactamente lo que Claire y yo necesitamos hacer. Sin embargo, cuando vuelvo a entrar en el dormitorio, sus suaves ronquidos atraviesan el aire.
Me río por lo bajo mientras la observo acurrucada de lado, con las manos dobladas bajo la mejilla. Parece un ángel. Extiendo el edredón sobre su cuerpo dormido y me meto en la cama junto a ella. Unos instantes después, caigo rendido. Por primera vez en meses, no sueño con nada.
Cuando me despierto por la mañana, tengo el cuerpo pegado al de Claire y ya estoy duro, preparado para un segundo asalto. Mierda.
Miro a Claire, que sigue durmiendo a mi lado.
La luz de la mañana se filtra por las ventanas y proyecta sombras temblorosas sobre las paredes.
Desde un punto de vista lógico, sé que debería estar paralizado de miedo.
Anoche Claire y yo cruzamos todos los límites, rompimos todas las normas y destruimos cualquier posibilidad de seguir siendo solo amigos.
Pero no me arrepiento de nada. De hecho, cada segundo con ella ha merecido la pena.
Le paso los dedos por el pelo.
Sé que no soy lo bastante bueno para ella.
Se merece un millón de veces más de lo que yo puedo ofrecerle.
Se merece a un hombre completo. No a uno atormentado por un monstruo.
No a uno al que apenas le basta ver una cerveza para que se le cierre la garganta.
No a un mentiroso experto, a un hábil estafador, a una puta sombra.
Pero ahora que la he tenido, no puedo alejarme. En el fondo lo sé y me odio por ello.
La única solución es ser suficiente para ella. No lo que se merece, pero sí una parte suficiente de lo que desea.
Hace un mes estaba a salvo y tenía la conciencia tranquila.
Era más fácil mantener a Claire apartada con insultos y tratándola con frialdad.
Pero ahora no puedo volver atrás, y la incertidumbre que me obstruye la garganta no se parece en nada a la necesidad habitual de desaparecer a la mañana siguiente.
Es un tipo de preocupación completamente distinto.
Claire Merrick podría adueñarse de mi alma. Y la parte más oscura de mí desea desesperadamente que lo haga.
Expulso un aliento tembloroso y observo cómo Claire se mueve a mi lado. Abre los párpados despacio, todavía pesados por el sueño. En cuanto me ve, una sonrisa se extiende por su rostro y contemplarla sonriendo para mí me llena el pecho de satisfacción.
—Buenos días, Clairebear.
Se estira hacia mí y me rodea el cuello con los brazos.
—Buenos días.
—¿Qué tal has dormido? —pregunto mientras jugueteo con la sábana que le cubre los pechos desnudos.
Se desliza un poco y alcanzo a ver uno de sus pezones, de un rosa apagado.
—Profundamente —murmura.
Levanto la cabeza de golpe al oír la elección de palabra.
—He tenido el sueño más extraño…
Sonrío, encantado con este lado descarado suyo. Claro que siempre supe que Claire era una pequeña diablilla, pero que me desafiara anoche fue mucho más de lo que esperaba.
—Cuéntamelo —la provoco mientras deslizo la nariz por su mandíbula.
Frunce los labios, meditando la pregunta.
Después se mueve y el calor de su piel gravita hacia el mío.
Presiona los dedos contra mis hombros hasta que me tumbo sobre las almohadas.
Se incorpora por completo y la sábana cae hasta su cintura.
Sus pechos son perfectos. Del tamaño perfecto para mis palmas, con el peso perfecto contra mis dedos.
Sencillamente perfectos. Pasa una pierna sobre mi cuerpo y se sienta a horcajadas sobre mi cintura.
—¿Qué estás haciendo, cariño? —susurro mientras noto cómo la polla despierta al descender ella sobre mí.
—Prefiero enseñártelo —susurra.
Después baja la boca hasta mi cuello y deja un rastro de besos húmedos por mi pecho y mi abdomen. Sus manos exploran cada plano de mi cuerpo mientras su boca saborea mi piel con avidez.
Intento permanecer inmóvil mientras me explora, pero la necesidad se enrosca en mis venas. Entre lo de anoche y esto, estoy desesperado por reclamar a Claire como mía y de nadie más.
Desciende cada vez más mientras se me tensan las extremidades. Pasa varios segundos largos estudiando, tocando y besando mi tatuaje. Estiro una mano hacia ella y enredo los dedos en su pelo.
—Claire —la advierto.
Entonces noto cómo saca la lengua y lame el glande de mi polla. Inspiro de golpe, soltando una maldición mientras me incorporo.
Niega con la cabeza y mantiene los ojos clavados en los míos mientras arrastra despacio la lengua por mi longitud.
—Ahora me toca jugar a mí, Easton —dice, empujándome de nuevo contra las almohadas.
Me río, fascinado y un poco enamorado de esta nueva faceta de Claire. Me siento borracho por ella, embriagado por su contacto, loco por sus palabras. Me tumbo y observo cómo se mete mi polla en la boca. Me lleva hasta el fondo de su boca y suelto una maldición al rozar su garganta.
Me la chupa como una experta y, durante un segundo, me pregunto cómo coño ha aprendido a hacerlo tan bien.
Una rabia silenciosa me invade al imaginarla haciendo esto con otros hombres, al comprender que otros hombres la han visto como la estoy viendo yo ahora.
Con los labios carnosos, los ojos salvajes y ese cuerpo sexy que suplica que lo recorran.
—Joder —gruño mientras me aparto de su boca.
Me muevo con rapidez, le doy la vuelta y me coloco encima de ella.
—Te quiero, Claire. Ahora.
Como respuesta, vuelve a sorprenderme separando los muslos.
—Entonces tómame, Easton.
—Dios —gimo, temblando por la necesidad de tenerla.
Estoy tan cerca de correrme que intento contenerme y pensar en cosas horribles solo para conseguir que este momento dure un poco más.
—Estoy limpio, Claire.
—Yo también. Y tomo la píldora —añade con una mirada cargada de intención.
Me aparto, sorprendido. La sorpresa se transforma enseguida en la grave comprensión de cuánta confianza está depositando en mí. La fe de Claire Merrick en mí es una droga en sí misma, más potente que el alcohol.
Le aparto el pelo y contemplo sus insondables ojos azul claro.
—¿Estás segura, Claire? Porque esto lo cambia todo.
Me observa durante un largo momento antes de asentir levemente.
—Anoche ya lo cambió todo, East. Sé lo que quiero.
Mantengo la mirada clavada en la suya mientras me introduzco en ella centímetro a centímetro, observando cómo innumerables emociones atraviesan su expresión.
Deseo, vulnerabilidad, emoción, un destello de sorpresa, una pizca de necesidad y después algo que no consigo identificar, pero que resplandece en sus ojos como rayos de luna.
Cuando estoy dentro del todo, me quedo inmóvil. Ella se aferra a mis hombros y yo le doy un beso desesperado. Después empiezo a moverme y encuentro un ritmo que hace gemir a Claire mientras yo cierro los ojos con fuerza para lograr que dure todo lo posible.
Gritamos al mismo tiempo y nos aferramos el uno al otro con una temeridad que desafía toda lógica, con una química que reduce cualquier razonamiento a cenizas.
—Compórtate con normalidad —me recuerda Claire mientras subimos los escalones que llevan a la puerta de casa de sus padres.
—Siempre me comporto con normalidad. La impredecible eres tú —le recuerdo.
Sonríe y me golpea con la cadera.
Yo le devuelvo la sonrisa.
La puerta se abre antes de que lleguemos y los dos controlamos nuestras expresiones.
—¿Qué es tan gracioso? —pregunta Austin mientras nos observa.
Claire pone los ojos en blanco y entra, alzándose sobre las puntas de los pies para besar a su hermano en la mejilla.
—Easton, que cree que sabe hacer bromas —responde con despreocupación.
Su capacidad para fingir me impresiona y una extraña sacudida de posesividad y placer se apodera de mí.
Observo cómo desaparece en la cocina de sus padres antes de avanzar. Cuando levanto la mirada, Austin me contempla con curiosidad.
—¿Qué? —pregunto mientras le tiendo la mano para saludarlo.
—¿Qué pasa entre vosotros dos? —pregunta, frunciendo el ceño.
—Nada, tío. Claire sigue siendo como un grano en el culo.
Austin mira hacia el lugar por el que ha desaparecido su hermana y sonríe con cariño.
—Eso sí. Entra, tío. ¿Cómo estás?
Entro y Austin cierra la puerta detrás de mí. Mientras me quito el abrigo de invierno y lo cuelgo en el armario del recibidor, respondo:
—Bien, gracias. Tomándome las cosas día a día.
—Se te ve bien en el hielo, East. Creo que todos estamos empezando a compenetrarnos otra vez.
—Sí. Yo también me encuentro bien. Mejor, quiero decir. Pero Sims está haciendo un trabajo de puta madre.
Austin me observa de una forma extraña durante un segundo antes de asentir.
—Sí, así es.
—¿Eres tú, Easton? —llama Mary desde la cocina—. Espero que tengas apetito.
—Sabes que sí, Mary.
Entro en la cocina e inspiro profundamente.
—Algo huele de maravilla.
—¡Oh! —Mary se ríe mientras se acerca para besarme la mejilla a modo de saludo—. He preparado tu plato favorito. Sé que hace poco comiste pollo piccata, pero no estaba segura de que Claire hubiera conseguido hacerlo bien. Como nunca me llamó para contarme qué tal…
Mary deja flotando en el aire la pregunta que no ha formulado.
—¡Fue el mejor que ha probado en su vida! —grita Claire.
Hago una mueca por su elección de palabras, pero Mary estalla en carcajadas. Joe se ríe mientras sirve varios vasos de Coca-Cola.
—No hace falta que hagas eso. Podéis disfrutar de vuestro vino y vuestra cerveza. —Levanto una mano para detener a Joe, sabiendo que la familia siempre toma vino durante las cenas de los domingos.
Joe se queda quieto y me lanza una mirada seria.
—¿Estás seguro, hijo?
—Completamente —respondo mientras la mirada se me escapa hacia Claire, que me devuelve una expresión de comprensión—. El otro día también salí a comer con Torsten y Panda. Necesito regresar poco a poco a la vida real y este es el mejor lugar para hacerlo.
Señalo la cocina.
La expresión de Mary se suaviza y asiente despacio.
—Nos avisarás si es demasiado pronto, ¿verdad? ¿Si resulta demasiado?
—Prefiero practicar aquí —admito.
Me vuelvo y reparo de nuevo en la extraña expresión de Austin.
—¿Qué?
—Espera, sigo intentando asimilar la parte en la que Claire te preparó pollo piccata.
Me río por lo bajo.
—Estaba bueno.
Austin frunce tanto el ceño que las cejas casi se le juntan sobre la nariz.
—¿Seguro que no te envenenó?
Joe echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Vamos, hombre —dice Mary con indulgencia mientras saca una botella de vino—. Claire cocina de maravilla.
—Ah, ¿ahora sales en mi defensa? —Claire se coloca junto a Mary y le rodea la cintura con un brazo—. ¿Qué ha pasado con eso de «no estaba segura de que Claire hubiera conseguido hacerlo bien»?
Mary se sonroja y las carcajadas de Joe aumentan.
Austin se ríe entre dientes y niega con la cabeza.
—Te ha envenenado fijo. —Me señala—. Estás siendo demasiado amable con ella.
Llaman a la puerta y Mary da una palmada.
—Deben de ser Jemmy y Leanne.
—O Noah e Indy —añade Austin mientras se dirige hacia la puerta—. Ya abro yo.
Claire le saca la lengua a su espalda y Joe se ríe mientras le tira de la coleta.
Me siento en un taburete de la barra y sujeto mi vaso de refresco, relajándome mientras observo desarrollarse las bromas de la familia Merrick.
Parece mi hogar.