El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 11 Easton
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11 Easton

ONCE

EASTON

El resto de la semana se hace largo. Duro. Y tentador de cojones.

Sabía que, en cuanto probara a Claire por primera vez, nunca tendría suficiente.

En parte, por eso me resistí a ella durante tanto puto tiempo.

Pero ahora que he besado su dulce boca, ahora que mis palmas han rozado las curvas y los recovecos de su cuerpo, no puedo volver a fingir.

La cena de esta noche es una tortura deliciosa, como unos preliminares. Cada bocado que Claire le da al pan de focaccia hace que entorne los ojos. Cada hebra de espagueti que sorbe entre esos labios carnosos me deja la garganta seca. Y no quiero ni empezar con los sonidos.

La chica come con auténtico entusiasmo, dejando escapar gemidos y suspiros mientras disfruta de todos los sabores de la comida italiana que hemos pedido.

Lo único que agradezco es que no haya vino, porque ya estoy al borde de perder la cabeza.

—Yo recojo —le digo en cuanto termina.

—No pasa nada. Ya lo hago yo.

Se levanta de la mesa y apila nuestros platos y cubiertos.

Cuando Claire se vuelve hacia el fregadero, mi mirada desciende hasta su culo. Redondo, firme y jodidamente perfecto. Quiero recorrerlo con las palmas, agarrarla de las caderas y hundirme en…

—¿Postre? —Me mira por encima del hombro.

Levanto los ojos de golpe hasta los suyos.

Contrólate de una puta vez, Scotch. ¿Qué coño te pasa? Es Claire, no una groupie cualquiera del hockey.

—He preparado brownies esta tarde —añade.

Cierro los ojos. Por supuesto que sí. Además de ser perfecta, también sabe hornear. Si hace tres años hubiera sabido lo que sé ahora, jamás habría vivido con mi hermano. Él nunca preparaba la cena ni brownies, ni parecía un rayo de sol cuando yo cruzaba la puerta.

—¿East?

Me aclaro la garganta.

—Me encantaría uno. Ya sabes que no tienes que hacer todo esto. —Señalo la mesa con un gesto—. Sé que estás aquí básicamente para vigilarme, pero no tienes que cocinar para mí ni recoger todo lo que dejo por medio.

Pone los ojos en blanco.

—He preparado los brownies para mí. Solo me ofrezco a compartirlos porque he oído que hoy has fallado tres tiros a puerta.

Regresa hacia el fregadero con ese seductor balanceo de caderas que me llama, incluso mientras una carcajada se me escapa de los labios.

—¡Te han informado mal! —le grito, aliviado porque siempre consigue romper toda la tensión con su boca coqueta y su sentido del humor.

—Eso no es lo que dice mi hermano. Ni Big Daddy.

—¿Torsten? —Frunzo el ceño—. ¿Cuándo has hablado con él?

Claire vuelve a aparecer con un plato en el que hay cuatro brownies. Se sienta en la silla frente a mí.

—Esta tarde.

Cojo uno del plato y me quedo mirándola. ¿Por qué coño mi buen humor acaba de transformarse de golpe en cabreo? Torsten se lleva bien con todo el mundo. Es el tío más coqueto del planeta, pero nunca tiene novia. Todo el mundo lo sabe y, aun así…

—¿Hablas con él a menudo?

Doy un mordisco enorme al brownie.

Claire se queda quieta y me observa mientras mastico esa delicia de chocolate densa, jugosa y perfecta.

—¿Están buenos?

—¿Estás de coña? —gruño prácticamente mientras me meto la otra mitad en la boca—. Son los mejores brownies que he probado en mi vida.

Me caen migas de la boca y ni siquiera me importa.

Claire sabe cocinar y hornear.

Se relaja de forma visible y da un mordisco a un brownie mientras yo cojo el segundo.

—No has respondido a mi pregunta.

Se encoge de hombros.

—Hablo con él de vez en cuando. Necesitaba ayuda con una cosa, así que se puso en contacto conmigo y estuvimos charlando un rato.

¿Eh? Me recuesto en la silla y sopeso la información. ¿Para qué necesita ayuda Torsten? ¿Por qué recurriría a Claire?

—¿Todos los chicos te escriben para pedirte consejo o algo así?

Claire se pasa la lengua por el labio inferior para recoger una miga de brownie.

—A veces. Me llevo bien con todos. Para el equipo soy algo así como su…

—Hermanita —termino por ella, haciendo una mueca.

Si me lío con Claire, las cosas no solo se irán a la mierda con Austin, sino con todo el equipo. Suspiro.

—Claire…

—No. —Levanta una mano.

—¿No qué?

—No pienso hacer esto contigo. Soy adulta, Easton. He dejado perfectamente claro lo que siento por ti. Y tú también has sido sincero conmigo. ¿Verdad?

Asiento y me aclaro la garganta. Por alguna razón, tengo la sensación de que Clairebear, la chica de la que me he burlado por ser una niña durante demasiados años, está a punto de darme una lección. Resulta inquietante y me remuevo en la silla.

—Compartimos un beso. Un solo beso. —Su voz es firme y me avergüenza que pueda hablar de esto con muchísima más facilidad que yo.

—Lo sé. Es solo que no quiero estropear las cosas entre nosotros, Claire. Y no somos solo nosotros. Tu hermano es mi mejor amigo. El equipo es lo único que tengo aparte de Noah. No puedo…

—Arriesgarlo todo por mí —termina mi frase en voz baja.

Al instante me siento como un gilipollas monumental. Sobre todo por la expresión de abatimiento que le cubre el rostro.

—Tampoco es eso, cariño.

Levanta la mirada, cautelosa.

—¿No?

Dejo el brownie y me inclino hacia delante, acercándome a ella.

—No eres tú, Osita Claire. Soy yo. Y no te estoy soltando una frase hecha de mierda —añado al interpretar su expresión—.

Salí de rehabilitación hace poco más de un mes.

Estoy intentando cumplir con mi rutina, mis horarios y mis reuniones.

El apoyo del equipo, de tu familia, el tuyo…

—Hago una pausa, tratando de encontrar las palabras adecuadas—.

Lo necesito todo. Te necesito a ti mucho más de lo que pensaba.

Frente a mí, Claire se suaviza. Estira el brazo sobre la mesa y entrelaza sus dedos con los míos. El gesto es muy sencillo y, sin embargo, cuando su pulgar presiona mi palma, me llena de una fuerza silenciosa que llevo demasiado tiempo ansiando.

—Te deseo, Claire. Te deseo de todas las maneras imaginables. Pero no puedo perderlo todo, incluida tú, cuando lo nuestro se vaya a la mierda.

—¿Por qué iba a irse a la mierda? —Se le quiebra la voz y odio la inseguridad que siempre consigo provocar en ella.

—Porque soy un puto desastre, cariño. Y voy a estropearlo. Solo es cuestión de tiempo.

Niega con la cabeza, con los ojos tan claros como un cielo de verano.

—No me lo creo.

Suelto una risa áspera e intento recostarme de nuevo en la silla.

Claire atrapa mis dedos antes de que se escapen de los suyos. Tira de mí hacia delante y niega con la cabeza.

—Tu problema es que siempre te has salido con la tuya.

—¿Qué quieres decir?

—Nadie te ha dado nunca algo en lo que creer de verdad. Si metías la pata, las únicas consecuencias tenías que soportarlas tú. No digo que no afectara a Noah o que no hiciera daño a los miembros del equipo, pero esto es diferente.

Se pasa los dientes por el labio inferior y, de repente, quiero arrastrarme sobre la mesa solo para estar más cerca de ella.

¿Qué coño me pasa? ¿En qué estoy pensando?

—Si me llevas a tu cama, Easton, después no puedes simplemente alejarte de mí.

—Ya lo sé —respondo, con una extraña mezcla de rabia y alivio obstruyéndome la garganta.

Al menos, por fin está entendiendo mi postura.

—Pues no lo hagas —me desafía, con los ojos encendidos.

—¿Que no haga qué?

—No lo estropees. Te reto.

¿Está de coña? Abro la boca, pero no consigo emitir ningún sonido. La determinación de Claire resulta evidente y sus dedos se cierran con más fuerza alrededor de los míos.

—Claire, no puedo limitarme a…

—Siempre te ha gustado correr riesgos, Easton. Apostarlo todo.

Expulso el aire sin rebatirla. Porque es verdad. Asumo riesgos enormes, dispuesto a perderlo todo por disfrutar durante un instante de la sensación de tenerlo todo.

—No voy a arriesgarte a ti, Claire.

Sonríe de medio lado.

—Entonces no pierdas.

Después de pronunciar esas palabras, Claire suelta mi mano y se levanta.

La observo hipnotizado mientras rodea la mesa y se acerca a mí.

—Claire —la advierto.

Mi capacidad para mantener las manos quietas es inexistente después de pasarme el último mes tratando de controlar mis pensamientos desesperados.

Claire sonríe y en sus ojos titila el destello más pequeño de vulnerabilidad.

Joder, no puedo hacerle daño a esta chica. No puedo.

No deja de avanzar hasta que acaba sentada sobre mi puto regazo.

El peso de su cuerpo sobre mis muslos resulta mejor de lo que debería.

Por puro instinto, mis dedos se cierran alrededor de su cintura y la atraen más cerca cuando debería estar apartándola.

Me rodea el cuello con los brazos y apoya los codos sobre mis hombros.

Nuestros ojos quedan a la misma altura cuando se humedece el labio inferior y mi mirada cae hacia su boca.

Huele a verano y a flores, tentadora y dulce. Su presencia me envuelve y me mantiene cautivo. No tengo la más mínima posibilidad.

No existe ninguna manera de que pueda rechazar lo que Claire me ofrece.

Porque se está ofreciendo a sí misma. No solo su cuerpo, sino sus cuidados, su preocupación, su puta luz. Solo un necio la rechazaría y yo ya he sido un necio demasiadas veces. No volveré a apartarla. No permitiré que me mire con dolor cuando podría mirarme con orgullo.

Ella cree que puedo hacerlo. Cree que puedo ser lo bastante fuerte como para merecerla.

¿Cómo voy a decepcionarla? ¿Cómo no voy a intentarlo siquiera? Por ella.

Me inclino hacia delante despacio, acortando la distancia entre nuestras bocas. Claire inspira con brusquedad y sus ojos saltan hacia los míos antes de descender a mis labios. Apoyo una palma en el centro de su espalda; el meñique y el pulgar casi le rozan las costillas.

Aspiro su aroma, saboreo el momento y me permito caer en su dulce promesa.

Mis labios tocan los suyos con suavidad, casi con reverencia, aunque estén teñidos de hambre.

La beso una vez, dos, y después la aprieto contra mí hasta que sus pechos se presionan contra mi torso y nuestros cuerpos quedan pegados.

En el tercer beso, Claire separa los labios y mi lengua se introduce despacio, rozando la punta de la suya.

Suspira y baja todavía más sobre mi regazo.

La polla se me endurece cuando el deseo se precipita por mis venas.

Beso a Claire a conciencia, mientras nuestra necesidad aumenta con cada encuentro de nuestras lenguas.

Me pongo completamente duro bajo la costura de sus vaqueros.

Sus dedos se aferran a mis omóplatos. Cuando los dos respiramos con dificultad, se frota contra mí y veo las estrellas.

Me siento más como un niñato de diecisiete años que como un hombre a punto de cumplir treinta que ya ha estado con unas cuantas mujeres.

Pero ninguna me ha hecho sentir jamás tan torpe y desesperado como Claire.

Me levanto de la silla con ella en brazos y avanzo hacia las escaleras.

—¿Qué te pasa a ti con las sillas? —susurro contra su mejilla mientras dejo un reguero de besos por la columna de su cuello.

Se ríe sin aliento.

—Contigo tengo que aprovechar lo que pueda conseguir.

Resoplo mientras subo los escalones de dos en dos. Entro en mi dormitorio y la lanzo en el centro de la cama. Parece relajada y cómoda cuando retrocede hacia el cabecero y apoya la espalda contra las almohadas.

Me quito la camiseta y la dejo caer al suelo. Sonrío de medio lado al ver cómo los ojos de Claire descienden hacia mis abdominales y se quedan allí.

—¿Y si te dijera que voy a dártelo todo, Claire? —la provoco mientras me acerco a la cama.

Jadea y levanta los ojos de golpe hacia los míos.

—Te diría que más vale que te pongas manos a la obra, East.