El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 10 Claire
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10 Claire

DIEZ

CLAIRE

En cuanto le veo la cara, sé que algo no va bien. Dos líneas profundas enmarcan su boca y tiene los ojos agotados. Desde que tengo uso de razón, Easton Scotch siempre ha sido pura arrogancia y seguridad.

Pero ahora se tambalea y yo me bajo del taburete.

Frunzo el ceño mientras busco una explicación en sus ojos. No comprendo del todo qué significan sus palabras, pero entonces me dedica la sonrisa más brillante y deslumbrante del mundo, y me flaquean las rodillas.

Está recurriendo a mí. Ahora mismo necesita consuelo, apoyo y comprensión, y confía en mí.

Esa certeza actúa como un bálsamo sobre todo un año de comentarios despectivos y rechazos por parte de Easton.

Abro los brazos sin dudarlo y él se deja caer contra mí.

Me acuna la nuca con una mano y me aprieta contra su pecho en un abrazo sorprendentemente íntimo.

Sus dedos se entrelazan con mi pelo. Su cuerpo envuelve el mío de forma protectora, aunque el temblor de su respiración deja claro que soy yo quien lo mantiene entero.

La habitación da vueltas mientras vierto toda mi fortaleza y mi compasión en Easton.

Se aferra a mí con una vulnerabilidad que me rompe el corazón.

No sé cuánto tiempo permanecemos abrazados, pero podría quedarme así toda la eternidad.

El latido del corazón de East resuena bajo mi oído y su olor, a cedro, sudor y necesidad, me atrae todavía más hacia él.

Se aparta ligeramente y baja la mirada hacia mí. Una comisura de su boca se eleva en una sonrisa ladeada.

—¿Estás bien?

Asiente una vez, con los ojos azules ardiendo.

—Sí.

—¿Quieres hablar de ello?

Ladea la cabeza mientras se lo piensa.

—No demasiado.

—Pero, si cambias de opinión…

Expulsa el aire y asiente. Rodea el extremo de mi coleta con una mano y tira de ella.

—Gracias por estar aquí, Clairebear.

—East… —Retrocedo medio paso.

No quiero presionarlo, sobre todo porque acaba de insinuar que no desea hablar. Pero…

—He ido a comer con Torsten y Panda. —Frunce el ceño y se frota la cara con una mano—. Han pedido cervezas…

Inspiro de golpe.

El brazo de Easton se tensa alrededor de mi cintura.

—No, deben hacerlo. Quiero decir que quiero que las pidan.

Quiero poder salir con los chicos del equipo, con mis amigos, con mi hermano, sin que se sientan incómodos por tomarse una Corona.

Pero, joder… —Niega con la cabeza, con los ojos atormentados—.

Odio no poder controlarlo. De repente no podía respirar ni pensar.

—¿Qué han dicho los chicos? —Me muerdo la comisura del labio, esperando que las cosas no hayan quedado tensas entre él y sus compañeros.

—Nada. —Suelta una risa a medias—. Supongo que lo he disimulado bastante bien. He puesto en práctica un montón de mecanismos para sobrellevarlo, toda esa mierda que aprendí en terapia de grupo.

—Bien. Eso está bien, East. —Rodeo sus bíceps con las manos—. Sé que no es fácil, pero lo estás consiguiendo. Estás haciendo las cosas bien porque te enfrentas a todo día a día. Situación a situación.

Se pasa los dientes por el labio inferior. Le brillan los ojos y juraría que el color de sus mejillas se intensifica.

—¿Sabes en qué pensé para superar la peor parte?

Niego con la cabeza.

—En ti —susurra.

Sus ojos arden al clavarse en los míos y ensancha las aletas de la nariz, como si no pudiera creer que acaba de admitirlo en voz alta.

¿Y yo? Yo prácticamente me derrito sobre el suelo porque ¿estádeputacoña?

—¿De verdad? —pregunto con un tono demasiado esperanzado como para sonar despreocupada.

East me rodea la cintura con el otro brazo y me acuna contra su cuerpo.

—De verdad, Claire.

Cambia el peso de postura hasta apoyar la espalda contra la isla. Sus ojos recorren mi cara. Se oscurecen, azul marino y cargados de necesidad.

—Mierda.

—¿Qué? —Me río nerviosa.

Aprieto los muslos ante la intensidad de su expresión, pero él no aparta la mirada.

En lugar de hacerlo, levanta una mano y la apoya en mi mejilla. La yema de su pulgar traza una línea por el centro de mi barbilla. Saca la lengua y se humedece el labio inferior.

Contengo la respiración. La mantengo atrapada en los pulmones, como si mi cuerpo supiera que este momento está a punto de cambiarlo todo.

Una sombra de preocupación prende en sus ojos y la inquietud se extiende por mi estómago. Aprieto la mejilla con más fuerza contra su mano.

—Sabía que no podría hacer esto contigo, Claire. Por eso no quería que te mudaras aquí.

—¿De qué estás hablando? —Observo su rostro, nerviosa de repente.

—De esto. —Su pulgar me acaricia el pómulo—. De tenerte aquí, con toda tu puta energía, tu luz y tu felicidad.

—¿Preferirías que fuera malhumorada e insoportable?

Resopla y niega con la cabeza.

—No. Preferiría no tener ganas de levantarte sobre las puntas de los pies y besarte.

Jadeo.

—¿Lo ves? —Me sonríe, pero hay algo oscuro en el gesto—. Sabía que esto pasaría. Estoy jodido, Claire. Estoy jodido y tú eres dulce. Te trato como una mierda durante una semana y tú me preparas mi comida favorita en uno de mis peores días. Yo te aparto y tú vuelves a atraerme.

Me sujeta la barbilla con firmeza y me inclina la cabeza para obligarme a encontrarme con su mirada furiosa.

—¿Por qué coño haces eso?

Mientras Easton continúa haciendo preguntas, es decir, confesando los mejores secretos que mi corazón ha oído jamás, acorto la distancia entre los dos. Me necesita. Me desea. Solo está demasiado asustado para hacer algo al respecto.

Pero que hoy me haya dejado entrar, que me haya contado que lo ayudé a atravesar la niebla que le nublaba la mente durante el almuerzo, significa algo.

Me acerco más hasta dejar apenas un susurro de espacio entre nosotros.

El pecho se me agita y cada inspiración hace que mis pechos rocen la parte delantera de su camiseta.

Levanto los brazos, pero él me atrapa una muñeca con su enorme mano.

La tensión prende entre los dos y la electricidad crepita.

La yema de su pulgar presiona mi pulso. Toda la seguridad que mostraba hace un segundo ha desaparecido y ahora me mira con los ojos atormentados y hambrientos.

—¿Qué me estás haciendo, niña?

Me muerdo el labio sin apartar la mirada.

Niña.

—¿Por qué me llamas niña? No soy tan inmadura.

Una comisura de su boca se eleva en una sonrisa apenas insinuada.

—Para recordarme que eres demasiado pura para mi puto mundo.

—¿Eso es lo que piensas?

La frustración y una descarga de emoción me recorren la columna. Niña. No es tanto un insulto como su última línea de defensa contra… mí.

—Easton, yo… Llevo mucho tiempo pensando en ti…

Frunce el ceño.

—Pensando en esto… —Intento que me salgan las palabras.

—Claire. —Su tono contiene una advertencia.

Pero he terminado de jugar. Easton tenía razón.

Él me aparta y yo vuelvo a atraerlo. Hoy ha dicho todo lo que llevo años esperando oír.

No pienso permitir que lo eche todo a perder apartándome de nuevo ahora.

Los nervios recorren mi cuerpo como un cable pelado.

Años preguntándome, esperando y soñando, y ahora estamos aquí.

El contacto de Easton en mi muñeca y sus ojos clavados en los míos me dan el valor necesario para deslizar la otra mano por su brazo y rodearle el hombro.

Me pongo de puntillas y lo miro de frente, permitiéndole ver todo lo que deseo de él.

—Joder —murmura mientras cierra los ojos y baja la cabeza—. Claire.

Sus manos encuentran mis caderas y los dedos se hunden en mi carne.

—Eres la hermana de Austin.

—Tú eres el hermano de Noah.

Resopla.

—No es lo mismo, cariño.

Me encojo de hombros mientras las yemas de mis dedos rozan la parte superior de los suyos. Hasta sus hombros son sexis.

—No tengo nada que ofrecerte, Claire.

—No te estoy pidiendo nada, East.

—Pero te mereces el mundo —discute.

Me aparto ligeramente. ¿Quién coño es este hombre que, de repente, está siendo tan sincero respecto a sus sentimientos? Rectifico: respecto a lo que siente por mí.

—Yo decidiré lo que me merezco —susurro antes de tirar de sus hombros.

Muy despacio, baja la cara hacia la mía y nuestros labios por fin —¡por fin!— se encuentran.

Los labios de Easton Scotch saben todavía mejor de lo que llevo imaginado durante una eternidad.

Suaves y carnosos, se amoldan a los míos entre besos breves y pequeños mordiscos.

Sus manos me agarran de las caderas mientras me atrae más cerca y yo voy encantada.

Se sienta en un taburete y tira de mí con él hasta que termino a horcajadas sobre su regazo, con las rodillas apoyadas contra la parte exterior de sus muslos.

Cuando bajo sobre él y me mezo hacia delante, gime y su boca se vuelve más exigente, más hambrienta.

Le rodeo el cuello con los brazos y separo los labios justo a tiempo para que su lengua se introduzca en mi boca y me saboree.

Los ojos se me cierran mientras desconecto la cabeza y me limito a sentir.

Este es el momento con el que llevo años soñando.

Easton Scotch es el hombre con el que he comparado a todos los demás y ahora, justo ahora, me besa con dulzura y ferocidad a la vez, como si yo fuera su salvación y su condena.

Sabe a menta y a hombre. Huele de maravilla, a sudor dulce y esfuerzo, y bajo mis manos parece perfecto.

Le muerdo el labio inferior y Easton gime antes de besarme con fiereza.

Gimoteo contra su boca mientras mis manos recorren sus hombros y bajan por su espalda.

Agarro el borde de su camiseta y empiezo a subírsela por el cuerpo.

Los músculos que rodean sus costillas se ondulan.

Easton se endurece bajo mí y casi veo las estrellas cuando cambio de postura y me froto contra él, deseando que me desnude y me tumbe aquí mismo, sobre la isla de la cocina.

—¡Joder!

Arranca su boca de la mía y me sujeta las caderas con fuerza, manteniéndome inmóvil.

Abro los ojos y me encuentro con la locura salvaje que arde en los suyos.

Una leve sombra de barba cubre su mandíbula y me muerdo el labio inferior.

Easton se fija de inmediato en el movimiento y cierra los ojos con un estremecimiento.

Una expresión demasiado parecida a la vergüenza se extiende por sus facciones, y no me gusta nada.

—Claire. —Se aclara la garganta.

Mierda. No pretendía devolverme el beso. Quiere besarme, pero no quiere desear hacerlo, y acabo de complicar muchísimo las cosas entre nosotros. Me echo hacia atrás para bajarme de su regazo, pero sus manos me rodean la parte posterior de los muslos y me mantienen en el sitio.

—Mírame.

Su voz es áspera.

Muy despacio, arrastro los ojos hasta los suyos. El corazón me va a toda velocidad y tengo el estómago hecho un nudo. ¿Acabo de arruinarlo todo entre nosotros? ¿Volverá Easton a ignorarme y mostrarse distante?

—Claire —murmura mientras levanta una mano para acunarme la mejilla—. ¿No has escuchado nada de lo que he dicho?

¿Eh?

—¿Lo de la luz y la energía?

Sonríe, con un rostro tan hermoso que quiero fundirme con él.

—Estás fuera de mi alcance, cariño.

Niego con la cabeza mientras jugueteo con el cuello de su camiseta.

—Me gustas desde hace mucho tiempo, Easton.

Traga saliva con esfuerzo. La mano que aún descansa en la parte posterior de mi muslo se desliza arriba y abajo, rozando apenas la curva de mi culo.

—No soy bueno para ti, Claire.

—Eso no lo sabes —respondo a la defensiva—.

Toda mi vida, todo el mundo intenta decirme qué hacer.

Mis padres, Vanny, Austin, incluso Indy.

Sé lo que siento por ti. Lo sé desde hace mucho tiempo y que fueras a rehabilitación no cambió nada.

Aunque durante el último año hayas sido un capullo monumental conmigo.

Hace una mueca, aparta la mano de mi mejilla y me pasa el pulgar por el labio. Le doy un pequeño mordisco y retira la mano.

—Ya no eres una niña, Claire.

—Hace mucho tiempo que no lo soy.

—Para mí era más fácil fingir que sí.

—Para mí no ha sido fácil —le confieso, odiando lo mucho que me dolió su rechazo.

—Nunca quise herir tus sentimientos, Clairebear. —Atrapa las puntas de mi pelo con la mano y tira hasta que me obliga a mirarlo.

Sonrío de medio lado y me muevo hacia delante hasta que nuestras bocas vuelven a quedar alineadas.

—Sé cómo puedes compensármelo.

Easton echa la cabeza hacia atrás y se ríe. El sonido es fuerte y desinhibido. Es música, la mejor puta melodía que he escuchado en mi vida.

Niega con la cabeza y me da un beso breve y contundente. Después me palmea el culo y yo me deslizo fuera de su regazo.

—Esta noche hemos cruzado un límite, Claire. Y, ahora mismo, es el único que puedo manejar.

Levanto la mirada hacia él y observo las emociones enfrentadas que luchan en su expresión.

—Vale —acepto, un poquito decepcionada.

Está claro que preferiría besar a Easton durante el resto de mis días y confiar en que esos besos conduzcan a… algo más que besos.

—Vamos. —Me rodea los hombros con un brazo y me guía hacia la sala de juegos—. Incluso veré uno de tus realities.

Resoplo y me acurruco contra su costado. Ver la televisión no sería mi primera opción, pero estar envuelta en los brazos de Easton tampoco puede considerarse precisamente un premio de consolación.