4 Claire #2
Por mucho que disfrute diseñando logotipos y colaborando con grupos, no es una trayectoria profesional que mi familia fuera a aceptar.
Me muerdo la comisura del labio mientras me pregunto cuánto debería contarle a Indy.
Siempre me ha apoyado, pero también es una profesora inteligentísima y disciplinada con una agenda organizada por colores y un plan detallado para los próximos cinco años.
Indy frunce el ceño.
—Estás siendo demasiado dura contigo misma, Claire. Diseñar logotipos y colaborar en proyectos te permite reforzar tus habilidades de diseño y mejorar tu capacidad para relacionarte con los demás. Todo lo que estás haciendo ahora mismo sigue siendo un paso en la dirección correcta.
Le saco la lengua.
—Te está saliendo tu lado idealista de profesora. Aunque resulta muy alentador. Tus alumnos tienen que adorarte.
Indy echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—El otro día uno de mis alumnos me llamó doctora Merrick y ni siquiera respondí. Les digo a todos que me llamen Indy.
—Tienes el trabajo perfecto para ti.
—Tú también lo tendrás. No renuncies a ti misma, Claire. Eres inteligente y cautivadora. Sabes hablar con todo el mundo y conectar con la gente sin esfuerzo. Lo tienes todo.
Le sonrío con gratitud.
—Gracias por la charla motivadora.
—Gracias por la magdalena. —Baja del taburete—. Tengo que meterle prisa a Noah. Tenemos una ecografía dentro de una hora.
—¡Dios mío! ¿Vais a saber el sexo? —pregunto, dando pequeños saltos sobre las puntas de los pies.
Los ojos de Indy brillan.
—Me muero de ganas de saberlo.
—Tienes que llamarme justo después.
Niega con la cabeza.
—Noah quiere que sea una sorpresa.
—Puaj —digo, sabiendo cuánto le gusta a mi prima planificarlo todo y sentirse preparada para cualquier cosa.
—Ya lo sé —se lamenta Indy—. No tengo ni idea de qué comprar.
—Colores neutros.
—Qué aburrimiento —se queja.
Pongo los ojos en blanco y le beso la mejilla.
—Cuéntame qué tal os va en el médico.
—Cuéntame qué acaba pasando entre tú y Gruñón.
Resoplo.
—¿Ahora llamamos así a East?
—Necesitamos un nombre secreto para él. Todo el mundo sabe quién es.
—Y Gruñón es tan confidencial que nadie sería capaz de adivinarlo.
Indy intenta darme un manotazo.
—Tú avísame cuando sus comentarios de «niña» empiecen a formar parte de los preliminares.
—Lárgate de aquí. —Me río mientras la acompaño hasta las escaleras, donde empieza a gritar el nombre de Noah.
Él aparece un instante después con la correa de una bolsa de viaje cruzándole el pecho.
—¿Lista, cariño?
—Todo listo —responde Indy.
—Genial. Nos vemos luego, Claire. Le he dicho a East que venga a cenar el viernes. Vente tú también.
—¿El viernes por la noche?
Noah asiente.
—Sí. Mañana es el primer día de East de vuelta en los entrenamientos, así que pensé que el viernes lo mantendría entretenido, porque está acostumbrado a salir de bares y discotecas con los chicos.
—Es una buena idea. —Cambio el peso de un pie al otro—. ¿Crees que querrá que vaya yo también?
—Claro. Servirás de distracción.
—Mientras sea útil… —replico con sequedad.
Noah se ríe por lo bajo.
—A estas alturas haré lo que sea para mantener ocupado a Easton. Cualquier cosa con tal de que esté demasiado entretenido para quedarse por ahí enfurruñado.
—Tu hermano es la persona menos alegre que conozco —coincido mientras les abro la puerta principal.
—Está mejor cuando tú estás cerca —dice Noah, y sé que habla en serio.
Madre mía, para ser dos hermanos tan unidos como Noah y East, no puedo creer que Noah esté tan equivocado respecto a eso.
—Nos vemos el viernes.
—Nos vemos el viernes. —Los despido con la mano.
Cuando se marchan, regreso a la cocina. Mañana es el primer día de Easton de vuelta sobre el hielo. ¿Estará nervioso? ¿Emocionado? ¿Las dos cosas?
¿Qué se siente al pasar de ser el alma de todas las fiestas a evitarlas a cualquier precio? ¿Cómo piensa mantenerlo distraído Noah? ¿Va a invitarlo a cenar todos los fines de semana?
Frunzo el ceño. Aunque Easton y yo empezamos nuestra convivencia con mal pie, eso no significa que no me preocupe por él. De hecho, sigo pensando en él mucho más de lo que debería. Todo el tiempo, para ser exactos. Y sí quiero ayudarlo durante esta transición.
Me remango y llamo a mamá.
—¡Claire! —responde—. Me alegro mucho de que llames. Tú y East venís a cenar el domingo, ¿verdad?
Me río.
—Sí, mamá. Iremos.
—Bien. ¿Cómo estás?
—Bien, mamá. Solo quería preguntarte cómo haces esa receta de pollo piccata.
—¿La que le gusta a Easton?
Si mamá se sorprende, no lo demuestra, y mi gratitud hacia ella se multiplica.
—Esa misma.
—¿Vas a preparar la cena? —Esta vez sí parece sorprendida y yo resoplo.
—Lo estoy intentando, mamá. Solo eso. Mañana es su primer día de vuelta en el hielo.
—Ay, Claire… —La voz de mamá se suaviza—. Es un detalle muy bonito por tu parte. Mira, tienes que hacer lo siguiente…
Estoy nerviosa. No con esos nervios habituales llenos de mariposas, inquietud y emoción, sino con los que te revuelven el estómago y hacen que quieras vomitar un poco y esconderte.
Cuando Easton se ha marchado a entrenar esta tarde, se ha limitado a saludarme y despedirse con una inclinación de barbilla.
Y mi cuerpo traicionero ha reaccionado de la peor manera.
Se me ha hecho la boca agua al verlo con un pantalón de chándal desgastado y una sudadera. Llevaba una bolsa de deporte colgada del hombro y una gorra de béisbol puesta hacia atrás. Una barba de dos días le cubría las mejillas y la barbilla, y en sus ojos se aferraba un agotamiento demacrado.
Según los estándares normales, no estaba atractivo. Pero, según los míos, estaba condenadamente sexy. He cerrado las manos en puños y contenido la respiración esperando una palabra, cualquiera, que quisiera dirigirme.
No he recibido nada.
La puerta se ha cerrado detrás de él y he pasado treinta minutos enteros cuestionándome si debería prepararle la cena.
La bandeja de magdalenas ya está vacía, así que sé que no detesta cómo cocino, lo cual es positivo.
Pero tampoco quiero parecer una de esas mujeres que se quedan rondando por casa y pasan los días haciendo tareas domésticas para un hombre.
Mi yo habitual secuestraría a mi yo actual para organizarle una intervención si eso ocurriera.
Aunque esta mañana sí parecía nervioso. También sé que anoche no durmió bien porque oí correr el agua de la ducha alrededor de las tres de la madrugada.
¿Estaba luchando contra sus demonios? ¿Confiará algún día en mí lo suficiente como para hablarme de ellos? ¿O de verdad odia que haya invadido su espacio?
Dejo escapar un suspiro enorme y tamborileo con los dedos sobre la encimera.
¿Qué hago? ¿Qué hago?
Vale, ya está. Voy a intentar tenderle la mano una última vez. Voy a prepararle la cena a Easton, uno de sus platos favoritos, y a preguntarle qué tal ha ido el entrenamiento. Voy a ser atenta, considerada y amable.
Y, si vuelve a cerrarse en banda, saldré corriendo de su vida para no tener que soportar cada día esta presión en el pecho por no saber qué lugar ocupo para él.
Esta noche será la última vez que me arriesgue por Easton Scotch. Así que más le vale aceptarme ahora o despedirse para siempre.
Me remango y me pongo manos a la obra para preparar el mejor puto pollo piccata con verduras asadas y puré de patatas que el número veintisiete haya probado en toda su vida.
Por algún motivo en el que preferiría no pensar demasiado, parece que mi futuro entero dependa de ello.