2 Claire
DOS
CLAIRE
—No me puedo creer que nunca me hayas traído aquí —regaño a mi prima Indy mientras entramos en el pequeño restaurante mexicano que suele frecuentar.
Indy se encoge de hombros.
—Normalmente voy a tu casa.
—Eso tiene que cambiar. Mis padres me están volviendo loca. —Arrugo la nariz.
—¿Sigues sin suerte con la búsqueda de trabajo? —pregunta Indy, señalando una mesa con la cabeza.
Voy detrás de ella.
—Nada fijo. Sigo haciendo trabajos por mi cuenta. Aunque el último encargo debería traerme más proyectos.
—Eres una diseñadora gráfica increíble, Claire. Encontrarás algo.
—Nada que me permita largarme de casa de mis padres —murmuro, y al instante me invade la vergüenza.
No es que no les esté agradecida a mamá y papá, porque sí lo estoy. El problema es que siguen tratándome como si todavía estuviera en el instituto y, después de pasar cuatro años fuera en la universidad, me está costando volver a someterme a sus normas cuando lo único que quiero es hacer mi vida.
Indy me dirige una mirada comprensiva mientras nos sentamos en una mesa del fondo.
Noah reparte los menús. Durante unos instantes, nadie habla.
El silencio es incómodo, asfixiante. Todos estudian la carta, pero hay algo más.
Nadie sabe qué decir ni cómo comportarse ahora que Easton está aquí, sentado con nosotros.
Han cambiado muchas cosas en los últimos noventa días.
Para empezar, Noah se lió con Indy y la dejó embarazada.
Eddie Sims ha ocupado el puesto de Easton como extremo izquierdo titular de los Boston Hawks.
Y yo sigo viviendo con mis padres. Supongo que en mi vida no ha sucedido nada especialmente importante, pero, por alguna razón, las cosas entre Easton y yo también parecen distintas.
Ha desaparecido aquel pique despreocupado, casi de hermanos, con el que solía provocarme.
Ahora me fulmina con la mirada y me llama «niña» con aspereza, en lugar de hacerlo con cariño.
Apenas hemos hablado desde que salió de rehabilitación por primera vez, hace ya un año, y, aunque la llama que siento por él sigue ardiendo, me mira con el ceño fruncido como si no entendiera qué hago aquí.
Aprieto el menú entre los dedos y noto cómo se me tensan los hombros al agachar la cabeza.
Nunca he sido tímida con los hombres. He crecido rodeada de demasiados por ser la hermana pequeña de Savannah y Austin.
Pero Easton Scotch siempre consigue que me quede sin palabras y me entren ganas de soltar risitas tontas. Otra cosa que detesto.
—Hola, chicos. Me llamo Shell y voy a atenderos hoy. —La camarera se detiene en el extremo de la mesa y todas las miradas se vuelven hacia ella—. ¿Qué os pongo de beber?
Austin abre la boca y vuelve a cerrarla. Noah e Indy intercambian una mirada. Easton suelta una maldición.
—Por el amor de Dios, pedid una cerveza, una margarita o lo que os dé la gana. Estoy bien. De verdad.
Suspiro.
—Yo quiero una Coca-Cola Light, por favor. Con hielo y una rodaja de limón.
Shell sonríe, pero noto la mirada asesina con la que Easton me perfora la mejilla. El resto de la mesa pide sus bebidas y Noah añade un montón de entrantes para compartir. En cuanto Shell desaparece de nuestra vista, Noah suspira y se recuesta en la silla.
Easton mira a su hermano.
—¿Estás bien? Noah, te juro que yo estoy bien.
—Lo sé, East. No es eso. Es solo que… bueno…
Indy se inclina hacia delante y los ojos de Easton saltan de su hermano a ella y de nuevo a Noah.
—Es solo que, ahora que Indy está embarazada, las cosas han cambiado —dice Noah sin decir absolutamente nada.
Austin se muerde el labio para contener la risa.
—No me jodas, tío. Estoy a punto de convertirme en tío. —East se ríe.
Noah traga saliva y mira a Indy en busca de apoyo moral.
—Estoy pensando en mudarme con Indy. Definitivamente. Vamos a tener un bebé y…
Easton frunce el ceño y levanta una mano.
—Por supuesto que vas a mudarte con Indy. No esperaba que no lo hicieras.
El alivio asoma en los ojos de Noah y parte de la tensión abandona sus hombros.
—¿En serio?
—Claro. Sin ánimo de ofender, pero ya he vivido solo antes. Ya sabes, cuando tú y…
—Sí, ya lo sé —lo interrumpe Noah antes de que Easton pueda mencionar a Courtney, la ex prometida de Noah.
El silencio asfixiante vuelve a flotar sobre la mesa. Porque Courtney no es lo único que nadie menciona. Lo que ninguno quiere decir en voz alta es que, cuando East vivió solo, su alcoholismo pasó de ser funcional a destructivo.
Austin se aclara la garganta y East gira la cabeza hacia mi hermano. Algo pasa entre ellos. Easton baja la mirada y resopla por la nariz.
—Claro. Pero cuando Noah vivía con Courtney, yo mandé toda mi vida a la mierda.
—Eso no es lo que quería… —empieza Noah, pero Easton niega con la cabeza.
—No pasa nada, Noah. De verdad, lo entiendo.
Estás a punto de ser padre. No espero que te pierdas ni un solo segundo del embarazo de Indy.
No quiero que dejes de vivir tu vida para llevarme de la mano.
—Le dedica una sonrisa triste a Indy antes de volver a mirar a su hermano—.
Te juro que esta vez tengo la cabeza en su sitio. Estoy bien.
—Mamá y papá se han ofrecido a que te mudes con ellos —anuncia Austin justo cuando Shell deja nuestras bebidas sobre la mesa.
¿Cómo?
Vuelvo la atención hacia Austin mientras una oleada de pánico me recorre el cuerpo.
Abro los ojos, alarmada. ¿Quiere que Easton viva bajo el techo de mis padres?
¿En nuestra casa familiar? ¿Conmigo a solo dos puertas del dormitorio de invitados?
Cojo mi Coca-Cola Light y doy un trago enorme, deseando de repente que fuera tequila puro.
—O… —dice Indy despacio, paseando la mirada alrededor de la mesa— Claire podría mudarse contigo.
Me atraganto con la Coca-Cola. ¿He oído mal? Tengo que haberla oído mal.
Porque ¿qué coño está pasando? ¿En qué está pensando todo el mundo? ¿Y por qué yo no tenía ni idea de nada?
—¿Qué? —Noah se ríe.
—Ni de puta coña —escupe Easton.
—¿Por qué iba Claire a hacer eso? —pregunta Austin.
Una vez más, Shell hace gala de una sincronización impecable y trae varios aperitivos.
Me meto en la boca un nacho cargado de sushi, demasiado presa del pánico para apreciar como se merece la fusión de este restaurante, y gano algo de tiempo antes de asesinar a mi prima en un mar de pico de gallo y sriracha.
—No, pensadlo —continúa Indy con calma—.
Todo el mundo, quizá incluso tú… —sonríe a Easton— se sentiría mejor si no vivieras solo.
Claire está desesperada por largarse de la casa de tía Mary y tío Joe.
Tu piso es lo bastante grande. Ni siquiera tendríais que cruzaros si no quisierais.
Pero Claire podría ser un apoyo más y, además, vosotros también le haríais un favor enorme.
Indy me dedica una sonrisa burlona y me guiña un ojo.
Me atraganto con el nacho y vuelvo a coger la Coca-Cola. Necesito mantener las manos ocupadas para no lanzarme sobre Indy. Necesito tener algo en la boca para no vomitar una sarta de palabrotas horribles sobre la mesa.
Noah guarda silencio durante un momento antes de mirar a su hermano.
—No es mala idea.
Doy un trago largo.
Austin frunce el ceño.
—¿Tantas ganas tienes de irte de casa de mamá y papá?
Vuelvo a sentir la mirada de Easton, pero no me giro para encontrarme con sus ojos. ¿Siente curiosidad por mi respuesta porque le afecta a él? ¿O le interesa de verdad mi vida?
Me aclaro la garganta y asiento.
—Mira, mamá y papá son los mejores. Pero voy a cumplir veinticinco años, Aus.
Todavía intentan imponerme una hora de llegada y me llaman cada vez que cojo un Lyft o un Uber para asegurarse de que he identificado correctamente al conductor.
—Le lanzo una mirada rápida a Easton. Tiene los labios reducidos a una fina línea, los ojos entornados y el rostro no revela ninguno de los pensamientos que sé que le dan vueltas en la cabeza—.
He intentado ahorrar. Pensaba hablar con Torsten sobre esos pisos de alquiler que tiene en el Waterfront. Quizá…
—No.
La voz de Easton, fría, dura y tajante, me interrumpe.
—¿Qué? —le pregunto.
—No vas a vivir en el puto Southie, Claire. Además Joe no iba a permitírtelo.
—Te recuerdo una vez más que voy a cumplir veinticinco —le digo con tono seco.
Mi padre puede decirme lo que tengo que hacer mientras viva bajo su techo, pero no en el mundo real, donde soy una adulta de verdad.
Austin niega con la cabeza, sin duda contrario a que viva en el Waterfront.
Apenas puede considerarse ya el sur de Boston, teniendo en cuenta cómo han reformado la zona.
De hecho, dudo que pudiera permitirme un apartamento en ninguno de los edificios de Torsten.
Pero mi mejor amiga Rielle vive a unas pocas calles del Waterfront y ha tenido varios encontronazos “interesantes”.
Austin abre la boca, seguramente para darle la razón a Easton, cuando este se remueve en su silla.
—Múdate conmigo —ordena con brusquedad, sorprendiendo a todos los presentes en la mesa, sobre todo a mí.
Lo miro y reparo en el desafío que prende en sus ojos azules. ¿Habla en serio?
—Matamos dos pájaros de un tiro —añade Indy, como si su plan fuera la idea más brillante de la historia.
—Hablaré con mamá y papá —se ofrece Austin—. Seguro que tendrán algunas reservas, pero, sinceramente, Claire, me quedaría muchísimo más tranquilo sabiendo que estás en Beacon Hill con East que viviendo sola en el Waterfront.
—Rielle vive en Southie y está perfectamente.
La expresión de Austin se endurece.
—Papá no se va a tragar eso.
Suspiro, porque sé que tiene razón, y miro a Noah. Después, a Easton.
—Puedo pagarte un alquiler.
Noah hace un gesto con la mano.
—De eso nada. Puedes vigilar a mi hermano y ahorrar tu dinero.
—¿Estás seguro? —pregunto.
—Lo está —añade Easton.
Su expresión es feroz cuando se encuentra con la mía. La mandíbula tensa, el labio superior ligeramente curvado, pero sus ojos… Dios, me atraviesan el alma. Ardientes y furiosos, intensos y suplicantes.
—Pero que vayamos a compartir piso no significa que necesite que te metas en todos mis asuntos. Ni en mi vida. No necesito una niñera.
Levanto las manos y vuelvo a acomodarme en la silla.
—Entendido. Lo mismo te digo. Yo también tengo mi propia vida. —Sonrío con dulzura.
Easton entorna aún más los ojos mientras me fulmina con la mirada. No tengo ni idea de qué espera encontrar, pero, insatisfecho, termina apartando la vista.
Le doy una patada a Indy por debajo de la mesa y ella sonríe, convencida de verdad de que acaba de organizar el emparejamiento romántico del siglo. Madre mía, nada podría estar más lejos de la realidad.
Puede que todavía me ponga nerviosa y me quede sin palabras cerca de Easton, de sus ojos azul oscuro, su boca carnosa y su cuerpo de puñetero modelo de ropa interior, pero eso no significa que quiera hacer de niñera.
No quiero ver a las mujeres que traiga a casa a altas horas de la noche.
Ni a las que salgan de su dormitorio con sus pechos firmes y el pelo perfecto nada más levantarse.
No quiero quedarme hipnotizada por la tinta que trepa por sus costillas o se extiende sobre sus omóplatos.
Y, desde luego, no quiero tumbarme por las noches pensando en él, desnudo, a solo unos metros de mi habitación.
Pero a mi cuerpo le dan igual la lógica y el instinto de conservación. Un escalofrío de emoción serpentea por mi columna al imaginar que estaré tan cerca de él. El corazón se me acelera al comprender que solo seremos nosotros dos. Solos.
Puedo fingir todo lo que quiera, pero vivir con Easton Scotch dista mucho de ser una desgracia. ¿Volveremos a ser amigos? ¿Me hablará de cosas importantes como hacía antes?
Oculto la sonrisa mordiendo un nacho. Como mínimo, vivir gratis y lejos de mamá y papá es una victoria absoluta.