El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2) 1 Easton
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El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2)

El Temerario (La Saga de los Boston Hawks 2)

Por Gina Azzi

© inepub.com

1 Easton

UNO

EASTON

Odio que esté aquí.

Odio que me mire como si ya no me conociera. Sus ojos, de un azul deslumbrante, parecen enormes en su rostro. Tiene los labios apretados, esos labios carnosos que tantas veces he soñado con saborear.

De todas las personas que no querría que me vieran salir de rehabilitación, Claire Merrick encabeza la lista. Es la hermana pequeña de mi mejor amigo y todos los tíos de mi equipo de hockey la han adoptado con el mismo cariño como si también fuera su hermana.

Conozco a Claire desde que era una mocosa de siete años con coletas y una sonrisa torcida, pero, en algún momento a lo largo de los años, se convirtió en muchísimo más que la hermanita de Austin. No es que vaya a permitir que se entere jamás.

Ni que quiera que nadie lo sepa. Y menos ahora, cuando soy un jugador acabado de la NHL que acaba de completar su segundo ingreso en rehabilitación en dos años.

Hace apenas unos instantes, los padres de Claire, Mary y Joe, me han dado la bienvenida con los brazos abiertos y sonrisas comprensivas. Para mí son más padres que los míos, y decepcionarlos duele casi tanto como ver el sufrimiento en los ojos de Claire.

Joder. Esto es justo lo que no necesito ahora mismo.

Claire sale un poco más de detrás de Austin y mi mirada desciende hasta las curvas de su cuerpo. Dios, es preciosa. Demasiado inocente y dulce para estar en un centro de rehabilitación. Se echa el pelo por encima del hombro mientras juguetea nerviosa con las puntas.

Entorno los ojos. ¿Qué hace aquí? ¿A cuánta gente tengo que decepcionar hoy por ser el gilipollas que ha acabado internado en rehabilitación por segunda vez y prácticamente ha arruinado su carrera?

Claire baja la mirada al suelo y yo aparto la mía.

—Tienes buen aspecto, East. —Mi hermano me agarra del hombro antes de atraerme hacia él en un abrazo de tíos—. Me alegro de que estés en casa.

—Gracias, Noah. —Le doy una palmada en la espalda antes de volverme hacia su chica, a la que no veo desde hace siglos. Bueno, la vi hace unos meses, pero hace años que no hablamos de verdad—. Hola, Indy.

Ella sonríe con dulzura y me rodea la cintura con los brazos.

—Me alegro de verte, Easton.

Le paso un brazo alrededor del cuerpo y no se me escapa cómo se le iluminan los ojos a mi hermano, feliz al ver que me llevo bien con su chica.

Su chica embarazada, con la que quiere casarse.

Joder. Ver a Noah expresando sus emociones con tanta libertad me provoca una punzada.

Está curándose, avanzando con su vida, dejando atrás toda la mierda de nuestros padres.

Yo, en cambio, sigo luchando, apenas consigo mantener la cabeza fuera del agua.

En este momento, las diferencias entre los dos resultan abrumadoras.

Indy se aparta y empieza a ponerse el abrigo. Mi hermano se apresura a ayudarla.

Austin me estrecha la mano y me golpea el hombro con el puño, sonriendo.

—El equipo te ha echado de menos.

Asiento y suelto una risa, pero la sensación que tengo en el pecho da paso a una llamarada de pánico.

El equipo. ¿De verdad quieren que vuelva después de cómo terminó todo? ¿No van a dejar al nuevo, Sims, jugando en mi posición? Al menos Sims es fiable, responsable; él sí se presenta.

—Sin presiones, pero nos encantaría tenerte de vuelta en los entrenamientos cuando estés preparado.

Asiento y me aclaro la garganta.

—Claro que sí, tío. Estoy deseando volver al hielo.

Es verdad; me muero de ganas de volver al hielo.

Pero no es toda la verdad. Porque entonces tendría que admitir que me aterra regresar a la pista delante de miles de personas y escuchar sus abucheos, sus burlas y…

Joder, se me revuelve el estómago. No sé si estoy preparado.

Desde luego, ahora mismo no me siento preparado para nada, pero todos esperan que ya esté mejor.

Curado. Recuperado. Entero. Así que eso es lo que intentaré ser. Mejor.

Centro la atención en Claire. Me saluda con un gesto pequeño de la mano y una sonrisa insegura. Me cabrea en cuanto la veo, porque Claire no tiene nada de insegura. Esa chica rezuma confianza, no duda en señalar las gilipolleces de los demás y nunca parece vacilar como lo está haciendo ahora.

—¿Qué haces aquí? —pregunto.

Se pone rígida por mi tono y oigo cómo inspira de golpe. Entorna los ojos y una descarga de emoción me atraviesa. Ahí está.

—He venido a verte.

—¿Por qué? —Me paso una mano por la frente y los dedos rozan la cicatriz que me atraviesa la ceja como una advertencia. Un recordatorio.

Cruza los brazos y me sostiene la mirada.

—Porque no soy una capulla.

Pasa junto a mí de un empujón y yo resoplo divertido sin volverme hacia ella.

Ojalá Claire supiera hasta qué punto consigue alterarme. Si tuviera la menor idea de todo lo que siento por ella, de cuánto la deseo, no entendería por qué me he pasado años manteniéndola a distancia.

Pero es lo mejor.

Claire es la hermana pequeña de Austin.

Es arrolladora, extrovertida y auténtica.

Lo último que necesita es un alcohólico que no deja de recaer.

Al fin y al cabo, solo es cuestión de tiempo que vuelva a terminar aquí. Con tanta gente en mi lista a la que fallar y decepcionar, no puedo permitirme añadir a nadie más.

Veo cómo Indy aprieta los labios y se escabulle de los brazos de Noah para ir detrás de su prima.

Mi hermano me dedica una mirada confundida, pero la ignoro.

La verdad es que llevo años tocándole las narices a Claire.

El único motivo por el que ahora le importa a mi hermano es que parece haber afectado a su chica.

Suspiro e inclino la cabeza hacia el aparcamiento.

—¿Queréis que salgamos de aquí?

—Sí. —Austin me agarra del hombro—. Vamos a comer algo. ¿Qué te apetece?

Se me hace la boca agua solo de pensar en toda la comida increíble que me he perdido.

—Mexicana.

Noah sonríe.

—Conozco el sitio perfecto. Está cerca del apartamento de Indy. Es cocina mexicana de fusión, con un toque especial. Creo que te gustará.

Resoplo y arqueo una ceja al mirar a Noah.

—¿Cocina mexicana de fusión con un toque especial? ¿Qué ha pasado con mi hermano gruñón, el que solo come bocadillos?

Austin se ríe.

—¿Ves lo que te decía? —Señala a Noah—. Ahora es un hombre completamente nuevo. Mi prima le ha refinado el paladar.

Suelto una risita, pero Noah deja que nuestras pullas le resbalen.

—Te juro que está muy bueno. Torsten me enseñó el restaurante —continúa, mencionando a uno de los defensas del equipo, un auténtico fanático de la comida.

—Vale, vamos a probarlo —acepto.

En realidad, me da igual adónde vayamos o qué comamos, siempre que pueda pasar el rato con mi hermano y mi mejor amigo y recuperar un poco de normalidad social.

Cuando salimos al aire frío, cierro los ojos e inspiro.

Hoy hace sol, pero el ambiente está fresco y gélido.

Esa clase de frío que hace que el aliento se te escape de la boca en pequeñas nubes blancas, pero tiñe el cielo de un azul intenso.

Camino junto a Austin mientras Noah nos guía hasta los coches.

Mary y Joe ya están sentados dentro del suyo, con la calefacción a toda potencia.

Mary vuelve a saludarme con la mano cuando me ve y no puedo evitar sonreír a la mujer a la que probablemente más quiero en el mundo.

Sé que no debería admitirlo porque tengo una madre de verdad, pero Mary Merrick vale por diez Debra Scotch, si entendéis lo que quiero decir.

Mary baja la ventanilla y me ofrece un vaso de Starbucks.

—Toma, Easton.

Cojo el vaso y niego con la cabeza cuando leo la etiqueta blanca.

—¿Me has traído chocolate caliente?

—Es tu favorito. —Se encoge de hombros—. Con nata montada.

—¿Cómo te has acordado?

Mary sonríe e inclina la cabeza hacia Claire, que está junto a la ventanilla del conductor hablando con Indy.

—Se acordó Claire. Pensó que te apetecería tomar algo caliente en un día tan frío. Y algo que te hiciera sonreír.

Lo hago. Sonreír, quiero decir. Levanto el vaso hacia Mary y Joe y digo:

—Gracias.

Aunque tengo los ojos clavados en Claire.

Siento algo extraño en el pecho al asimilar que Claire ha tenido ese detalle conmigo. Joder, incluso se ha presentado hoy, y yo he conseguido cabrearla nada más verla.

Doy un trago al chocolate caliente y cierro los ojos para saborear el gusto.

Claire siempre ha sido así de detallista.

Siempre desviviéndose por hacer algo bonito por alguien —uno de los chicos del equipo, su mejor amiga Rielle, su prima Indy— si cree que necesita animarse.

Lo raro es que nunca quiere llevarse el mérito.

Es como si ver sonreír a esa persona fuera todo el agradecimiento que necesita.

Me encanta y, al mismo tiempo, detesto que haya hecho algo tan considerado, por pequeño y sencillo que sea, por mí. Porque yo rara vez, por no decir nunca, he sido considerado con ella.

—Vale, salgamos de aquí. Mamá, papá, vamos a comer algo a ese restaurante mexicano que hay cerca de casa de Indy. ¿Queréis venir? —Austin me empuja con el hombro mientras se inclina para hablar con sus padres a través de la ventanilla.

—No hace falta, chicos. Id vosotros y disfrutad —oigo decir a Joe.

—¿Podemos ir preparando las cosas en casa para Easton? —pregunta Mary con voz más suave.

—Nah, creo que Noah ya lo tiene todo listo —responde Austin—. Voy a meter la bolsa de East en el otro coche.

Golpea el techo del vehículo con los nudillos mientras se despide de sus padres.

Trago saliva para combatir la opresión que tengo en la garganta.

Odio que tanta gente se haya desvivido para facilitarme la transición.

Odio ser, en esencia, un crío enorme que todavía necesita que lo vigilen.

Alguien que se asegure de vaciar la casa de alcohol.

Alguien que compruebe que mi habitación está limpia y que las sábanas de mi cama están recién lavadas.

Dios, ¿cuándo dejaré de ser un puto desastre y empezaré a comportarme como un hombre?

—Gracias otra vez por venir. Significa mucho para mí.

Saludo a Mary y Joe mientras él pone el coche marcha atrás y empieza a salir de la plaza.

Cuando el coche se aleja, Indy sonríe con picardía.

—¿Creéis que cabremos todos en uno?

Austin gime mientras cierra el maletero de un Honda Civic pequeño.

—¿De quién es este coche? —pregunto.

—Mío. —Indy levanta la mano.

—Tú no vas a sentarte atrás. —Noah la señala.

Ella pone los ojos en blanco y murmura hacia Claire:

—Te quedas embarazada y, de repente, eres una inválida. Ya ni siquiera puedes sentarte en el asiento trasero.

Claire sonríe de medio lado.

—No sé de qué te quejas. Ahora puedes ir delante conmigo.

Coge las llaves de la mano de Indy y las hace tintinear.

Austin se las arrebata.

—Ni hablar. Los tres no cabemos ahí atrás.

Le lanza las llaves a Noah.

—East y yo nos sentaremos detrás. Claire es tan pequeña que cabe en cualquier sitio.

Las mejillas de Claire se tiñen de rojo y me lanza una mirada furtiva, aunque aparta los ojos en cuanto se da cuenta de que la estoy observando.

Doy otro sorbo al chocolate caliente antes de que Noah me lo quite de la mano y se siente al volante.

Deja el vaso en un portavasos y tengo que contener las ganas de reírme.

Indy se sienta en el asiento del copiloto y Austin se mete detrás.

Le mantengo la puerta abierta a Claire.

—Después de ti.

Mi voz suena más grave que en el centro de rehabilitación, menos cortante.

Me mira por encima del hombro de una forma que no consigo descifrar. Durante un instante, parece que puede ver a través de mí, hasta alcanzar todos los pensamientos oscuros que mantengo ocultos. Entonces suspira y entra en el coche.

Me siento después de ella y cambio de postura, intentando ponerme cómodo. Claire está completamente aplastada entre su hermano y yo, contorsionando el cuerpo para apoyar el peso sobre una cadera.

Noah arranca el coche y una canción de Meghan Trainor atruena por los altavoces. Se ríe, Indy empieza a cantar y Claire sonríe, sin avergonzarse siquiera cuando su hermano se burla de ella y de Indy por su pésimo gusto musical.

—Sabes que la escuchas a escondidas —le dice a Austin—. ¿Cómo ibas a conseguir alguna cita en el instituto si no fuera por cotillear cada vez que Vanny y yo hablábamos de nuestras cosas?

Indy se ríe y pregunta algo sobre Savannah, la hermana mayor de Claire y Austin. Pero dejo de prestar atención porque Noah frena de golpe ante una señal de stop y el cuerpo de Claire se balancea hacia mí. Su generoso escote acaba prácticamente delante de mi cara.

Se sonroja mientras se agarra al respaldo del asiento del copiloto para recuperar el equilibrio.

Su respiración se acelera, su pecho sube y baja, y no puedo apartar los ojos.

Mierda. Me obligo a levantar la mirada y sus ojos azules se aferran a los míos, turbulentos y complicados.

Durante un instante, la tensión entre nosotros crece como una nube de tormenta y siento un cosquilleo por toda la piel.

Maldiciendo entre dientes, le rodeo la cintura con un brazo y tiro de ella hasta sentarla sobre mi regazo. Le sujeto la rodilla con la otra mano para mantenerla estable mientras Noah gira.

—¿Estás bien? —murmuro.

Mueve el culo sobre mi regazo y tengo que tragarme el taco que amenaza con escapárseme.

Porque el simple roce de Claire contra mí hace que mis pensamientos se desboquen y que mi cuerpo reaccione.

Aprieto con más fuerza los dedos alrededor de su rodilla y deja de moverse.

En lugar de eso, se queda tiesa como una tabla y asiente.

—Estoy bien.