CAPÍTULO 14 LO QUE QUEDÓ BAJO LA PIEDRA #2
Daniel miró las fotografías extendidas sobre la mesa.
—Algunas de las pistas que encontraste eran auténticas. Otras fueron colocadas por mí. Y otras ya habían sido alteradas antes de que tú llegaras.
—¿La primera fotografía?
—Verdadera.
—¿La segunda?
Daniel tardó un segundo en responder.
—Verdadera, pero la fecha fue manipulada.
Clara sintió un nudo en el estómago.
—¿Por ti?
—No.
—Entonces ¿por quién?
—Eso es parte de lo que todavía no puedo demostrar.
Mateo intervino.
—Pero tú sabías que la fecha era falsa.
Daniel asintió.
—Sí.
—¿Y dejaste que Clara siguiera investigándola?
—Porque necesitaba que llegara hasta ciertos documentos.
Clara lo miró con incredulidad.
—¿Me utilizaste?
—Sí.
La franqueza de Daniel resultaba casi más difícil de soportar que una mentira.
—¿El mensaje? —preguntó Clara—. "Deja de buscar al hombre equivocado."
—Lo escribí yo.
—¿Por qué?
—Porque estabas siguiendo una pista que alguien había preparado para que sospecharas de la persona equivocada.
—¿Daniel?
—No. Gabriel.
Clara frunció el ceño.
—¿Gabriel era el hombre equivocado?
—No exactamente.
Daniel se levantó.
—El problema era que todos habían construido la historia alrededor de Gabriel. El desaparecido. El investigador. La víctima. Pero la pregunta correcta nunca fue únicamente qué le ocurrió a Gabriel.
Clara sintió que las piezas volvían a desplazarse.
—¿Entonces cuál era la pregunta?
—¿Qué descubrió Gabriel antes de desaparecer?
Elena habló por primera vez.
—Eso fue lo que intentamos ocultar.
Clara se volvió hacia ella.
—¿Intentamos?
Elena bajó la mirada.
—Sí.
La palabra pareció pesarle.
—Yo también mentí —continuó—. Durante años. Pero no porque quisiera proteger a quien causó todo aquello.
Clara permaneció inmóvil.
—¿A quién protegías?
—A una persona que estaba aterrorizada.
—¿Quién?
Elena negó lentamente.
—Todavía no.
Clara golpeó suavemente con los dedos la mesa.
—Ya estoy cansada de respuestas incompletas.
Daniel la observó.
—Por eso hice lo que hice.
—¿Manipular mi investigación?
—Sí.
—¿Amenazarme?
—Nunca.
—¿Destruir fotografías?
—No fui yo.
—¿Hacer desaparecer a Rafael?
Daniel negó con firmeza.
—Tampoco.
—¿La marca de la montaña?
—Era auténtica.
—¿La llave?
—También.
—¿La libreta de Gabriel?
—Auténtica.
Clara sintió una extraña mezcla de alivio y frustración.
—Entonces dime qué falsificaste.
Daniel señaló las fotografías.
—La ruta que te condujo hasta determinadas pistas. Algunas referencias fueron colocadas después de la desaparición. Yo sabía que existían, pero añadí otras para obligarte a mirar en una dirección concreta.
—¿Hacia quién?
Daniel no contestó.
Mateo lo hizo.
—Hacia nosotros.
Daniel asintió.
—Hacia quienes todavía estábamos relacionados con aquello.
Clara comprendió entonces la estrategia.
Daniel no había inventado la historia.
Había construido una versión incompleta de ella.
Había utilizado verdades para hacer creíbles las mentiras.
—Querías que sospechara de ti —dijo Clara.
—Al principio, sí.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba que siguieras avanzando sin acercarte demasiado a la persona que realmente estaba en peligro.
—¿Quién estaba en peligro?
Daniel miró a Elena.
Ella cerró los ojos.
—Gabriel no fue el único que tuvo que desaparecer.
Clara sintió que el aire se volvía pesado.
—¿Qué significa eso?
Daniel respondió con voz baja.
—Significa que el encubrimiento no terminó aquella noche.
Mateo apretó la mandíbula.
—Y algunas personas siguieron creyendo que proteger la mentira era la única manera de mantener a salvo a sus familias.
Clara lo miró.
—¿Tú también?
Mateo no respondió inmediatamente.
—Yo protegí a mi familia —dijo finalmente—. Pero nunca protegí a quien provocó aquello.
Clara volvió hacia Daniel.
—¿Y tú?
—Yo intenté impedir que alguien destruyera lo que quedaba de la verdad.
—Manipulándola.
—Sí.
—Eso no es proteger la verdad.
Daniel aceptó el golpe de la frase.
—Lo sé.
Clara tomó la fotografía de Gabriel.
—Entonces ¿por qué no me contaste todo desde el principio?
—Porque no sabía si podía confiar en ti.
Clara soltó una risa breve, sin humor.
—Después de todo lo que has hecho, ¿eras tú quien dudaba de mí?
—No era personal.
—Eso no mejora nada.
Daniel se acercó a la mesa.
—Gabriel dejó instrucciones.
Clara levantó la mirada.
—¿Qué instrucciones?
—Que si alguien intentaba reconstruir la historia, no debía recibir toda la verdad de una sola vez.
—¿Por qué?
—Porque sabía que cualquiera que tuviera acceso a toda la información podría destruirla.
Clara recordó la libreta.
Las referencias incompletas.
Las páginas desaparecidas.
La grabación dañada.
El reloj.
La marca.
Todo parecía adquirir otra dimensión.
—¿Tú conociste a Gabriel después de aquella noche?
Daniel guardó silencio.
Clara entendió que la pregunta era importante.
—Daniel.
—No.
—¿Nunca?
—No después de aquella noche.
Clara observó su rostro.
Esta vez creyó que decía la verdad.
Pero entonces Elena habló.
—Eso no es exactamente cierto.
Daniel se volvió hacia ella.
—Elena.
—Ya no puedo seguir protegiéndote.
Clara miró a ambos.
—¿Qué estás diciendo?
Elena respiró profundamente.
—Daniel no volvió a ver a Gabriel. Pero recibió algo de él.
—¿Qué?
—Una carta.
Daniel permaneció inmóvil.
—Eso no puede ser.
Elena lo miró.
—Tú mismo me pediste que la guardara.
Daniel negó lentamente.
—No.
—Sí.
Clara sintió que algo se cerraba dentro de ella.
—¿Dónde está?
Elena no contestó.
Antes de que pudiera hacerlo, llamaron a la puerta.
Los tres se quedaron inmóviles.
Mateo fue el primero en reaccionar.
—No esperaba a nadie.
Elena se acercó lentamente.
Clara observó a Daniel.
Él parecía genuinamente desconcertado.
Eso fue suficiente para que Clara comprendiera que aquella vez no había preparado la escena.
Elena abrió.
No había nadie.
Solo un sobre colocado en el suelo.
Sin dirección.
Sin sello.
Sin remitente.
Clara se acercó.
—No lo abras —dijo Mateo.
Clara miró el sobre.
En la parte delantera había un nombre.
Clara Varela.
—Ya saben que estoy aquí —murmuró.
Elena recogió el sobre y se lo entregó.
Clara lo abrió.
Dentro había una sola hoja.
La letra era irregular, pero clara.
Clara leyó la primera línea y dejó de respirar durante un instante.
Clara:
Si has llegado hasta aquí, significa que alguien te ha contado una parte de la verdad. No confíes en la historia que te han dado sobre mi desaparición. Tampoco confíes completamente en las pistas que has encontrado. Algunas fueron dejadas por mí. Otras fueron colocadas después.
Clara siguió leyendo.
La carta hablaba de El Teleno.
De una noche concreta.
De un lugar que Gabriel había llamado simplemente "el segundo punto".
Pero antes de explicar qué significaba, el texto se interrumpía.
La última línea decía:
La prueba que necesitas sigue donde todo comenzó.
Debajo aparecía una firma.
Gabriel Ordóñez.
Clara levantó lentamente la cabeza.
Daniel parecía haber perdido toda expresión.
Mateo miraba la carta como si hubiera visto algo imposible.
Elena comenzó a llorar en silencio.
—¿Es auténtica? —preguntó Clara.
Nadie respondió.
Clara volvió a mirar la firma.
No sabía todavía cuándo había sido escrita.
No sabía cómo había llegado hasta allí.
No sabía si Gabriel estaba vivo cuando la escribió.
Pero sabía algo más importante.
La investigación no había terminado.
Había estado siguiendo pistas verdaderas, pistas falsas y pistas manipuladas.
Había descubierto un encubrimiento.
Había descubierto mentiras familiares.
Había descubierto que Daniel había manipulado parte del camino.
Y, aun así, ninguna de aquellas respuestas explicaba aquella carta.
Clara dobló lentamente la hoja.
—Tengo que volver.
Mateo la miró.
—¿A dónde?
Clara respondió sin dudar.
—A El Teleno.
Porque si Gabriel había escrito la verdad antes de desaparecer, entonces había dejado allí la última pieza.
Y esta vez Clara no pensaba permitir que nadie eligiera por ella qué camino debía seguir .