El Teleno CAPÍTULO 13 LA ÚLTIMA MENTIRA #2
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CAPÍTULO 13 LA ÚLTIMA MENTIRA #2

Extendió varios documentos sobre la mesa.

—Primero tenemos el informe original, o lo que queda de él. Después, las versiones modificadas. Luego tenemos las fotografías que demuestran que Gabriel pudo haber sido visto después de la hora oficial de su desaparición.

Tomó otra hoja.

—Tenemos el testimonio de Rafael.

Después señaló la libreta.

—Tenemos sus propias anotaciones.

Finalmente miró a Tomás.

—Y tenemos tu declaración de que lo viste vivo después de esa hora.

Tomás bajó la mirada.

—Sí.

Clara respiró profundamente.

—Entonces Gabriel no desapareció simplemente como consecuencia de un accidente.

Nadie respondió.

La frase quedó suspendida en la habitación.

—¿Qué pasó después? —preguntó Clara.

Tomás se sentó.

—No lo sé todo.

—Dime lo que sabes.

Tomás tardó unos segundos.

—La última vez que vi a Gabriel estaba cerca de la antigua cantera. No parecía herido.

Clara sintió que aquella información encajaba con las fotografías.

—¿Estaba solo?

Tomás miró a Mateo.

—No.

Clara se volvió hacia él.

—¿Quién estaba con él?

—No pude identificarlo con seguridad.

—Pero viste a otra persona.

—Sí.

La respuesta confirmó algo que Mateo ya había insinuado.

Gabriel no había estado solo.

Clara abrió la fotografía antigua.

La figura parcialmente oculta adquirió un significado nuevo.

—¿Era esta persona?

Tomás examinó la imagen.

—No puedo asegurarlo.

—¿Se parecía?

—La ropa podría coincidir.

Clara observó la fotografía.

—Entonces alguien estuvo con Gabriel después de la hora oficial.

Mateo intervino.

—Y no parece que estuviera allí por casualidad.

Clara lo miró.

—¿Por qué?

—Porque cuando llegué a la montaña encontré señales de que varias personas habían pasado por la zona.

—¿Cuántas?

—No puedo decirlo.

—¿Dos?

Mateo dudó.

—Al menos dos.

Clara cerró los ojos.

Todo empezaba a formar una línea.

Gabriel había investigado el antiguo accidente.

Había encontrado contradicciones en los registros.

Había descubierto que varias familias estaban relacionadas con la versión oficial.

Había preparado copias de documentos por si alguien intentaba eliminarlas.

Y después había ido a la montaña.

Pero ¿por qué?

Clara tomó el mapa encontrado en la estructura abandonada.

—Aquí.

Señaló una ruta marcada a mano.

—Gabriel no estaba buscando la cantera. La cantera era solo un punto intermedio.

Mateo examinó el mapa.

—Esta ruta conduce más arriba.

—¿A dónde?

—A una zona antigua de la montaña.

—¿Qué hay allí?

Mateo tardó en responder.

—Un antiguo refugio de trabajadores.

Clara levantó la mirada.

—¿Todavía existe?

—Parte de él.

Daniel intervino.

—Ese lugar fue abandonado mucho antes de la desaparición.

Clara lo miró.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo dicen los registros.

—¿Qué registros?

Daniel señaló la carpeta.

—Los municipales.

Clara volvió a mirar los documentos.

Encontró una fecha.

—Aquí dice que el refugio fue clausurado en 1978.

—Correcto.

Clara pasó otra página.

—Pero aquí aparece una inspección en 1984.

Daniel respondió inmediatamente.

—Una inspección administrativa. No significa que estuviera en uso.

Clara levantó la mirada.

—¿Quién realizó esa inspección?

Daniel guardó silencio.

—Daniel.

—No lo recuerdo.

Clara sintió que aquella respuesta no encajaba.

—Hace treinta segundos dijiste que los registros demostraban que el lugar estaba abandonado.

—Porque lo estaba.

—Pero acabas de decir que hubo una inspección seis años después.

Daniel miró el documento.

—Eso no significa que estuviera ocupado.

Clara no insistió.

Todavía.

Guardó la contradicción en su memoria.

Elena se acercó al mapa.

—Gabriel conocía ese lugar.

Clara se volvió hacia ella.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque me habló de él.

—¿Cuándo?

—Unos días antes de desaparecer.

—¿Qué dijo?

Elena cerró los ojos.

—Dijo que allí había algo que explicaba por qué algunas personas tenían tanto miedo de los documentos antiguos.

Clara sintió un nuevo escalofrío.

—¿Te dijo qué era?

—No.

—¿Nunca?

—Nunca.

Tomás intervino.

—Yo sí sé una cosa.

Todos lo miraron.

—La noche que vi a Gabriel, llevaba una carpeta.

Clara se acercó.

—¿Qué carpeta?

—No era la libreta.

—¿Qué había dentro?

—No lo sé.

—¿La llevaba consigo cuando lo viste?

—Sí.

—¿Y después?

Tomás negó lentamente.

—Cuando lo vi por última vez ya no la tenía.

Clara sintió que una pieza acababa de moverse.

—¿Dónde estaba?

—No lo sé.

—¿Quién la tenía?

—Tampoco lo sé.

Mateo habló.

—Yo encontré una carpeta parcialmente quemada cerca del sendero.

Clara se volvió hacia él.

—¿Cuándo?

—Aquella misma noche.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque no sabía si estaba relacionada con Gabriel.

—¿La conservaste?

Mateo asintió.

—Durante años.

Clara lo miró con incredulidad.

—¿Dónde está?

—En mi casa.

—Tenemos que verla.

Mateo asintió.

—Sí.

Daniel permaneció en silencio.

Clara lo observó.

—¿Qué piensas?

—Que estamos construyendo una teoría sobre demasiadas suposiciones.

—¿Cuál es tu explicación?

Daniel respiró profundamente.

—Gabriel pudo haber descubierto información comprometida. Alguien pudo haberlo presionado para que abandonara la investigación. Después pudo haber decidido marcharse por voluntad propia.

Clara frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Para protegerse.

—¿Y nadie volvió a verlo?

—Tal vez cambió de identidad.

—¿Sin avisar a nadie?

—Si estaba realmente amenazado, podría haberlo hecho.

La explicación era posible.

Precisamente por eso resultaba peligrosa.

Clara volvió a revisar los documentos.

—Hay un problema.

Daniel la miró.

—¿Cuál?

—Si Gabriel decidió desaparecer voluntariamente, ¿por qué alguien modificó los registros después?

Daniel no respondió.

—¿Por qué alguien eliminó páginas? ¿Por qué desaparecieron declaraciones? ¿Por qué alguien siguió vigilando a Rafael décadas después?

—Eso podría ser obra de otra persona.

—Demasiadas coincidencias.

Clara tomó la segunda fotografía.

—Y además está esto.

La fecha escrita detrás correspondía a tres días después de la desaparición oficial.

—Si Gabriel se marchó voluntariamente, alguien tuvo que verlo.

Tomás asintió.

—Sí.

—Y si alguien lo vio, ¿por qué no existe una declaración?

Nadie respondió.

Clara miró hacia la ventana.

La montaña permanecía al fondo, inmóvil.

De repente comprendió algo que hasta entonces había evitado aceptar.

Quizá Gabriel no había sido simplemente obligado a desaparecer.

Quizá alguien había construido una segunda desaparición.

Una historia posterior a la noche de la cantera.

Una serie de documentos, testimonios y silencios destinados a hacer creer que Gabriel había muerto o desaparecido aquella misma noche.

Si había sobrevivido, alguien había tenido que asegurarse de que nadie pudiera encontrarlo después.

—No estamos investigando una desaparición —dijo Clara.

Mateo la miró.

—¿Qué estamos investigando entonces?

—Una desaparición fabricada.

Elena bajó la cabeza.

Tomás cerró los ojos.

Daniel permaneció completamente inmóvil.

Clara los observó uno por uno.

—Alguien necesitaba que Gabriel dejara de existir públicamente.

—¿Crees que sigue vivo? —preguntó Mateo.

Clara no respondió.

No podía saberlo.

Pero ahora la pregunta había cambiado.

No era si Gabriel había muerto aquella noche.

Era si alguien había construido durante décadas la ilusión de que había muerto.

Tomás rompió el silencio.

—Hay algo más.

Clara lo miró.

—¿Qué?

—Después de aquella noche recibí una carta.

—¿De Gabriel?

—No lo sé.

—¿Qué decía?

Tomás sacó lentamente una pequeña fotografía de su bolsillo.

Clara la tomó.

Era una imagen borrosa de una estación de tren.

En el reverso había una fecha.

Tres días después de la desaparición oficial.

Clara sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Por qué nunca me enseñaste esto?

—Porque pensé que alguien quería que creyera que Gabriel había escapado.

—¿Y ahora?

Tomás señaló una pequeña marca en la esquina de la fotografía.

Clara reconoció el símbolo.

Era el mismo que había encontrado en la montaña.

—¿Dónde recibiste esto?

—En casa.

—¿Quién la envió?

—No había firma.

Clara examinó la fotografía.

En el fondo, casi oculto por un grupo de viajeros, aparecía un hombre de espaldas.

No podía distinguirse su rostro.

Pero llevaba algo que Clara reconoció inmediatamente.

La misma chaqueta que aparecía en una de las fotografías antiguas de Gabriel.

—Esto no demuestra que sea él —dijo Daniel.

Clara levantó la mirada.

—No.

Volvió a mirar la imagen.

—Pero demuestra que alguien quería que pensáramos en él.

Daniel permaneció callado.

Clara recordó entonces la primera fotografía, la segunda, el mensaje, la llave y la manera en que las pistas habían aparecido una detrás de otra.

Alguien había sabido qué mostrarle.

Alguien había sabido cuándo hacerlo.

Y ahora tenía una prueba que parecía haber llegado hasta Tomás desde la misma red de acontecimientos que Clara llevaba semanas intentando comprender.

Tomó la fotografía y la acercó a la luz.

En la esquina inferior había una pequeña anotación casi borrada.

Dos iniciales.

D. S.

Clara sintió que el estómago se le cerraba.

Levantó lentamente la cabeza.

Daniel seguía frente a ella.

No parecía sorprendido.

Y aquello fue precisamente lo que más la inquietó .