El Teleno CAPÍTULO 13 LA ÚLTIMA MENTIRA
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CAPÍTULO 13 LA ÚLTIMA MENTIRA

C lara extendió las fotografías sobre la mesa de la Casa del Relojero y comenzó a ordenarlas por fechas. No sabía todavía cuál era la historia completa, pero por primera vez disponía de suficientes fragmentos para intentar reconstruirla.

Gabriel había desaparecido décadas atrás.

Sin embargo, las pruebas no habían desaparecido con él.

Algunas habían permanecido ocultas. Otras habían sido modificadas. Y algunas, Clara empezaba a comprenderlo, habían aparecido en su investigación mucho después de que Gabriel dejara de tener la posibilidad de colocarlas allí.

Separó las fotografías en tres grupos.

Las originales.

Las dudosas.

Y las que alguien había utilizado recientemente.

Mateo observaba desde el otro lado de la mesa.

—¿Cómo sabes cuáles son cuáles?

—No lo sé todavía.

—Entonces ¿por qué las separas?

—Porque necesito ver qué no encaja.

Clara tomó una fotografía de la cantera.

—Esta parece auténtica.

Después colocó junto a ella la fotografía que había recibido en el hotel.

—Esta también.

—¿Pero?

—Pero alguien decidió que yo recibiera esta segunda.

Mateo asintió.

—Eso cambia su significado.

—Exactamente.

Elena estaba sentada junto a la ventana.

Durante varios minutos había permanecido en silencio.

—Gabriel hacía lo mismo —dijo finalmente.

Clara levantó la mirada.

—¿Qué?

—Separaba las cosas entre lo que sabía y lo que creía saber.

Clara dejó la fotografía.

—¿Por qué nunca me dijiste que conocías esa parte de su método?

Elena respiró profundamente.

—Porque cada cosa que te contara podía llevarte más cerca de una verdad que durante años intenté mantener enterrada.

—Ya no está enterrada.

Elena miró hacia la montaña visible desde la ventana.

—Lo sé.

Clara volvió a los documentos.

Había una fecha que se repetía.

Semanas antes de la desaparición.

Gabriel había consultado registros sobre una propiedad cercana a la antigua cantera.

Después había investigado una serie de informes municipales relacionados con un accidente ocurrido muchos años antes.

Clara frunció el ceño.

—Aquí está.

Mateo se acercó.

—¿Qué?

—El principio de todo.

Le mostró una copia del registro.

El documento hablaba de un accidente ocurrido en una zona de montaña mucho antes de la desaparición de Gabriel. Había muerto una persona y otra había resultado gravemente herida.

—¿Qué tiene esto que ver con Gabriel?

—No lo sé todavía.

Elena sí lo sabía.

Clara la observó.

—Tú reconoces ese informe.

Elena tardó unos segundos en responder.

—Sí.

—¿Qué ocurrió?

—Fue un accidente.

—Eso dice el documento.

—Porque eso fue lo que se decidió.

Clara sintió que algo cambiaba.

—¿"Se decidió"?

Elena bajó la mirada.

—No todos estuvieron de acuerdo con lo que realmente había ocurrido.

Clara permaneció inmóvil.

—¿Quién murió?

Elena no respondió.

Mateo habló por primera vez.

—Se llamaba Julián Mena.

Clara lo miró.

—¿Julián Mena era familiar de Rafael?

—Su hermano mayor.

Clara volvió al documento.

Ahora comprendía por qué Rafael había reaccionado con miedo.

—¿Y qué tuvo que ver Gabriel con eso?

Elena cerró los ojos.

—Gabriel descubrió que el accidente no había ocurrido exactamente como decía el informe.

—¿Fue un asesinato?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Entonces ¿qué?

Elena miró a Mateo.

—Un accidente provocado por una decisión equivocada.

Mateo asintió lentamente.

—Eso es más cercano a la verdad.

Clara sintió que la historia comenzaba a tomar forma.

No había una organización secreta.

No había una conspiración gigantesca.

Había algo mucho más sencillo.

Personas que habían cometido un error.

Y personas que habían tenido miedo de las consecuencias.

—¿Quiénes estaban allí? —preguntó.

Elena negó con la cabeza.

—No todos eran responsables de lo ocurrido.

—Pero todos tenían algo que perder.

—Sí.

Clara comprendió la diferencia.

Un secreto podía sobrevivir durante décadas sin que todos sus guardianes fueran culpables del mismo hecho.

Uno podía proteger su apellido.

Otro, su negocio.

Otro, a su familia.

Otro, simplemente evitar que se descubriera que había mentido.

Tomás Varela apareció en la puerta poco después.

Clara se volvió.

No esperaba verlo.

—¿Qué haces aquí?

—Elena me llamó.

Clara miró a Elena.

La mujer no negó haberlo hecho.

Tomás entró lentamente.

Su expresión era seria.

—Hay algo que tienes que saber.

—Ya sé que conocías a Gabriel.

Tomás asintió.

—Eso no es todo.

Clara permaneció de pie.

—Habla.

Tomás miró los documentos.

—Gabriel me pidió ayuda para localizar unos registros.

—¿Los del accidente?

—Sí.

—¿Por qué tú?

Tomás dudó.

—Porque trabajaba cerca de las personas que podían acceder a esos documentos.

—Eso no explica por qué aceptaste ayudarlo.

—Porque pensé que tenía razón.

Clara sintió una punzada de decepción.

—¿Y luego?

—Luego comprendí que la verdad podía destruir más vidas de las que podía reparar.

—¿Así que decidiste callar?

—Sí.

—¿Y después desapareció?

Tomás bajó la mirada.

—Después ocurrió aquella noche.

Clara se acercó.

—¿Qué viste?

Tomás no respondió.

—Papá.

—Vi a Gabriel.

Clara esperó.

—Estaba vivo.

La habitación quedó en silencio.

Mateo cerró los ojos brevemente.

Clara sintió que la frase confirmaba algo que llevaba semanas intentando demostrar.

—¿Cuándo?

—Después de la hora que figura en los documentos.

—¿Dónde?

Tomás miró hacia Elena.

—Cerca de la cantera.

Clara volvió a mirar las fotografías.

La cronología empezaba a encajar.

Gabriel había descubierto el antiguo accidente.

Había identificado documentos alterados.

Había hablado con personas que tenían motivos para mantener la versión oficial.

Y la noche de su desaparición había sido visto después de la hora oficial.

—¿Qué ocurrió en la cantera? —preguntó Clara.

Tomás negó.

—No puedo contártelo todo todavía.

—¿Por qué?

—Porque no estoy seguro de quién sabía lo que realmente estaba pasando.

Clara sintió frustración.

—Siempre es lo mismo.

—Lo sé.

—Todo el mundo sabe una parte.

—Porque nadie conoce la historia completa.

Daniel Soria llegó poco después.

Traía una carpeta.

—He encontrado algo en los registros históricos.

Clara lo observó con atención.

Después de todo lo ocurrido, ya no podía permitirse confiar ciegamente en nadie.

—¿Qué has encontrado?

Daniel colocó varias copias sobre la mesa.

—Registros de propiedades y cambios de titularidad relacionados con la antigua cantera.

Clara revisó las fechas.

Varias familias importantes de Santa Brígida aparecían vinculadas indirectamente a la zona.

No eran socios de una organización.

No formaban un grupo secreto.

Pero tenían relaciones económicas, familiares y profesionales.

—¿Todos conocían el accidente?

Daniel negó.

—No necesariamente.

—Pero algunos sí.

—Probablemente.

Clara levantó una página.

—Aquí aparece el apellido Ordóñez.

Elena cerró los ojos.

—Mi familia tenía una propiedad cerca de la zona.

—¿Y los demás?

Daniel señaló varios nombres.

—Los Mena. Los Varela. Los Soria. Y otras familias.

Clara miró a Daniel.

—¿Tu familia también?

Daniel no pareció sorprendido.

—Sí.

Aquella respuesta hizo que Clara recordara la pequeña contradicción que había detectado semanas atrás.

—¿Tu padre conoció a Gabriel?

Daniel tardó demasiado en contestar.

—Lo conoció.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—No pensé que fuera relevante.

Clara sostuvo su mirada.

—Todo lo relacionado con Gabriel es relevante.

Daniel aceptó la observación sin protestar.

—Tienes razón.

Clara volvió a los documentos.

La conexión era evidente ahora.

El antiguo accidente había afectado a varias familias.

Cada una tenía un motivo diferente para preferir que la versión oficial permaneciera intacta.

Gabriel había comenzado a desmontarla.

Y cuanto más cerca estaba de demostrar que el informe había sido alterado, más personas tenían razones para detenerlo.

Pero aquello todavía no explicaba su desaparición.

Clara tomó la libreta de Gabriel.

Una de las últimas páginas contenía una frase incompleta.

Había una palabra subrayada.

"Teleno."

Debajo aparecía otra:

"No fue el accidente."

Clara levantó lentamente la cabeza.

—Entonces esto era lo que estaba investigando.

Mateo miró la página.

—Sí.

—No estaba investigando solamente su desaparición.

—No.

—Estaba investigando lo que ocurrió años antes.

Elena asintió.

—Y encontró algo.

Clara volvió a mirar las fotografías, los documentos y la libreta.

La desaparición de Gabriel ya no parecía un acontecimiento aislado.

Era la consecuencia de una investigación que había comenzado mucho antes.

Pero aún faltaba una pieza.

La más importante.

¿Qué había descubierto Gabriel en El Teleno que había hecho que tantas personas tuvieran miedo?

Clara cerró la libreta.

—Tenemos que volver a la montaña.

Mateo la miró.

—No creo que sea seguro.

—Precisamente por eso.

Tomás permaneció en silencio.

Daniel tampoco dijo nada.

Clara observó a los cuatro.

Por primera vez, comprendió que cualquiera de ellos podía estar ocultando una parte de la historia.

Y quizá la persona que había manipulado las pistas durante las últimas semanas no quería impedir que descubriera el pasado.

Quizá quería asegurarse de que Clara llegara exactamente hasta una determinada verdad.

La pregunta ya no era solamente qué había ocurrido con Gabriel.

Era quién estaba escribiendo la investigación mientras ella creía estar siguiéndola.

Clara permaneció de pie frente a la mesa, con la libreta de Gabriel abierta por la página donde aparecían las palabras que habían cambiado el sentido de toda la investigación.

No fue el accidente.

Había leído aquella frase varias veces, pero ahora la veía de otra manera.

No era una conclusión aislada. Era la respuesta provisional de Gabriel a una pregunta que llevaba años intentando resolver.

—Tenemos que reconstruir aquella noche desde el principio —dijo Clara.

Tomás la observó.

—¿Para qué?

—Porque hasta ahora hemos aceptado demasiado fácilmente la versión de que Gabriel desapareció después de un accidente.

Mateo asintió lentamente.

—Yo también creo que esa versión está equivocada.

Daniel cruzó los brazos.

—Eso no demuestra que alguien lo hiciera desaparecer.

—No —respondió Clara—. Pero demuestra que tenemos que dejar de utilizar la versión oficial como punto de partida.