El Teleno CAPÍTULO 6 EL SEGUNDO NOMBRE #2
31%

CAPÍTULO 6 EL SEGUNDO NOMBRE #2

—Porque llevaba semanas preguntando por la cantera. Había intentado convencerme de que había algo importante allí.

—¿Qué?

—No lo sabía.

—¿Y aquella noche?

—Cuando llegué, escuché voces.

Clara contuvo la respiración.

—¿De Gabriel?

—Una era la suya.

—¿Y la otra?

Mateo miró hacia el valle.

—No estoy seguro.

—¿No la vio?

—Vi movimiento.

—¿De quién?

—No lo sé.

Clara se acercó.

—Mateo, usted acaba de admitir que estuvo allí después de las 23:17. Si vio a Gabriel con otra persona, eso cambia todo.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué calló durante décadas?

Mateo se levantó.

—Porque después ocurrió algo.

—¿Qué?

—Me fui.

Clara lo miró incrédula.

—¿Se fue?

—Sí.

—¿Dejó a Gabriel allí?

—No sabía qué estaba ocurriendo.

—¿Y no llamó a nadie?

—No.

—¿Por qué?

Mateo apretó la mandíbula.

—Porque tuve miedo.

Aquella confesión parecía demasiado sencilla para una historia tan complicada.

—¿De quién?

—De las personas que podían estar allí.

—¿Las conocía?

—A una de ellas.

Clara sintió que el corazón se aceleraba.

—¿A quién?

Mateo negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

—Porque si digo el nombre, tendrá consecuencias.

—Ya las tiene.

—Para usted, quizá.

Clara se acercó.

—¿Gabriel estaba herido?

—No cuando lo vi.

—¿Estaba asustado?

—Sí.

—¿De quién?

—No lo sé.

—¿Estaba intentando marcharse?

Mateo guardó silencio.

—Mateo.

—Parecía estar esperando algo.

—¿Qué?

—No lo sé.

Clara comenzó a caminar de un lado a otro.

La información encajaba con demasiadas piezas.

La hora.

La cantera.

La referencia M.R.

El silencio de Mateo.

El registro incompleto.

—¿Alguien más sabía que usted iba a ir allí?

—No.

—¿Gabriel sabía que usted iba?

—Creo que sí.

—¿Cómo?

—Habíamos hablado antes.

—¿Sobre la cantera?

—Sí.

—¿Y qué le dijo?

—Que si encontraba algo, no debía confiar en nadie.

Clara recordó las palabras de Elena.

Había personas que querían que Gabriel dejara de investigar.

—¿Qué encontró?

—No lo sé.

—¿Cómo puede no saberlo si fue allí?

Mateo la miró.

—Porque cuando llegué, Gabriel no estaba haciendo lo que esperaba.

—¿Qué hacía?

—Hablaba con alguien.

Clara se quedó inmóvil.

—¿Con quién?

Mateo volvió a mirar hacia la loma.

—No pude ver su rostro.

—¿Era hombre o mujer?

—No estoy seguro.

—¿Cuánto tiempo los observó?

—Muy poco.

—¿Por qué?

—Porque escuché un ruido detrás de mí.

Clara frunció el ceño.

—¿Alguien más?

—No lo sé.

—¿Y entonces?

—Me escondí.

—¿Dónde?

—Entre unas rocas.

—¿Qué ocurrió después?

Mateo tardó en responder.

—Escuché una discusión.

—¿Entre Gabriel y la otra persona?

—Sí.

—¿Qué decían?

—No pude entenderlo todo.

—¿Alguna palabra?

Mateo cerró los ojos.

—Gabriel dijo que no podía seguir así.

Clara esperó.

—¿Y después?

—La otra persona respondió.

—¿Qué dijo?

—No lo recuerdo.

—¿Seguro?

Mateo abrió los ojos.

—Sí.

Clara supo que mentía.

No porque su rostro lo delatara.

Sino porque llevaba demasiado tiempo evitando exactamente aquella parte.

—¿Escuchó algún golpe?

—No.

—¿Un disparo?

—No.

—¿Un vehículo?

—No.

—¿Entonces por qué se fue?

Mateo miró sus botas.

—Porque comprendí que no debía estar allí.

—Eso no explica nada.

—Es lo único que puedo decirle.

Clara guardó el teléfono.

—No.

Mateo la miró.

—¿Qué?

—No es lo único que puede decirme.

—Clara...

—Usted estuvo allí. Vio a Gabriel después de la hora oficial. Vio a otra persona. Y luego se marchó sin informar a nadie.

—Sí.

—¿Y ahora quiere que acepte que simplemente tuvo miedo?

Mateo permaneció inmóvil.

Clara sintió que su propia voz se endurecía.

—¿Usted hizo algo aquella noche?

—No.

—¿Ayudó a que Gabriel desapareciera?

—No.

—¿Lo dejó allí sabiendo que estaba en peligro?

Mateo tardó unos segundos en responder.

—Sí.

La honestidad de aquella respuesta la desarmó.

—¿Por qué?

—Porque pensé que volvería.

—¿Volvería con quién?

Mateo negó con la cabeza.

—No.

—Necesito saberlo.

—No puedo.

—Entonces dígame al menos esto. ¿Gabriel estaba solo cuando usted llegó?

Mateo permaneció en silencio.

Clara esperó.

El viento atravesó la vegetación.

Finalmente, Mateo levantó la mirada.

Y pronunció exactamente las palabras que Clara sabía que cambiarían la investigación:

— Gabriel no estaba solo.

Clara no respondió.

Durante unos segundos solo escuchó el viento.

La frase parecía demasiado sencilla.

Pero destruía la versión oficial.

Si Gabriel había estado acompañado después de las 23:17, entonces la desaparición no podía explicarse únicamente como un accidente o como un hombre perdido en la montaña.

Había otra persona.

Alguien que no aparecía en los documentos.

Alguien que había estado con Gabriel en el lugar y momento más importante de toda la investigación.

Clara miró hacia la cantera.

—¿Quién era?

Mateo no contestó.

—¿La conocía?

Silencio.

—¿Esa persona tuvo algo que ver con su desaparición?

Mateo apartó la mirada.

Clara comprendió que todavía no obtendría la respuesta.

Pero ahora tenía algo mucho más importante.

Una nueva presencia en la historia.

Una persona borrada de la versión oficial.

Y si alguien había conseguido borrar su existencia de los documentos durante décadas, Clara empezó a sospechar que el verdadero misterio no era únicamente qué le había ocurrido a Gabriel Ordóñez.

Era quién había decidido qué debía recordar Santa Brígida de Valdeoro. :: :