El pasaporte al país de las nubes · Tercera clienta #2
—¿Te preocupa algo, mamá? —dijo con dulzura su hija mayor al notar la sombra que se cernía sobre el rostro de la mujer.
—Últimamente he estado reflexionando bastante.
Piensa bien en lo que quieres hacer con tu vida, disfruta de tu tiempo y de tu dinero.
Ya es demasiado tarde para mí, pero a tu edad puedes hacer lo que desees.
Aprovecha para hacer incluso las cosas que ahora te parecen triviales, porque también esas son buenas experiencias.
Al escuchar eso, su hija caviló detenidamente antes de responder:
—No creo que sea demasiado tarde para ti, mamá. Te has esforzado mucho por criarnos, así que, si ahora quieres intentar algo nuevo, te apoyaré sin importar lo que sea. Estás en la edad perfecta para probar cosas diferentes.
Aquellas palabras de su hija mayor, que había madurado rápido y ahora era como una amiga, eran justo lo que necesitaba oír.
Después de hablar con ella, su determinación a empezar una nueva vida creció aún más.
Estaba decidida, pero no conseguía descubrir la mejor manera de abordar el tema con su marido.
No podía afirmar que su vida de casados hubiera sido siempre feliz, pero tampoco había sido infeliz.
Él había trabajado diligentemente por su familia.
Aveces se había sentido algo agobiada por su carácter despreocupado y tranquilo, pero sin llegar a generarle rechazo.
Simplemente quería dedicar el resto de su vida enteramente a sí misma.
Aunque le entristecía, creía que sería una buena opción para ambos.
Al ver toda la situación, Yaya dio un gran suspiro.
Ahora comprendía los sentimientos de la mujer: por un lado estaba el anhelo de iniciar una vida centrada en sí misma, y por el otro la preocupación por que sus decisiones pudieran herir los sentimientos de su amada familia.
Principalmente la angustiaba la reacción de su mimada hija menor y de sus familiares más cercanos.
Yluego también estaba el tema financiero: para construir una nueva vida, primero debía valerse por sí misma.
Yaya pudo sentir cómo el sueño de la mujer se oscurecía poco a poco, así que se cubrió bien con su capa estrellada y voló de regreso al mundo real.
Oslo ya se encontraba de pie junto a la vitrina. Había fabricado varios objetos nuevos para atraer dulces sueños en su tiempo libre, y la suave luz de la luna que emanaba de ellos se extendía también sobre él.
—¿Ya has vuelto, Yaya? Quiero recomendarle algo realmente especial a esta clienta. Tengo la sensación de que nuestro taller podrá lograr un gran cambio en su vida —dijo con total sinceridad, mientras examinaba uno a uno los objetos en la vitrina.
—Eso espero. De verdad que me gustaría que sus sueños continuaran siendo siempre brillantes —respondió Yaya, haciéndose eco de sus palabras.
Mientras esto ocurría, la mujer despertó lentamente de su sueño.
—Vaya, parece que me quedé dormida.
—Mi asombroso asistente ha visitado sus sueños durante un ratito. Gracias a su esfuerzo, ahora podremos recomendarle el mejor objeto para atraer dulces sueños.
Oslo guio a la mujer hacia la vitrina.
—¿De verdad? Muchas gracias, Yaya, eres magnífico —dijo la mujer, acariciando la cabeza del búho quien, disimulando, se restregó contra ella.
Tras rebuscar un poco en la vitrina, Oslo sacó un pasaporte que brillaba ligeramente reflejando la luz de la luna.
—Este es un pasaporte al país de las nubes.
Es algo que suelo recomendar a las personas que quieren olvidar las restricciones que les impone la realidad y dejarlo todo atrás.
Al usarlo, podrá experimentar una nueva vida dentro de sus sueños.
Si lo abre, encontrará un pequeño espejo en la primera página.
Antes de dormir, mire fijamente su reflejo y piense bien a dónde le gustaría ir y qué tipo de vida desearía vivir.
Luego, abra el pasaporte en una página en blanco y colóquelo bajo su almohada.
Mientras duerme, atravesará un camino de nubes y llegará a su mundo ideal.
Pero hay algo que debe tener en cuenta y es que ese mundo no es real.
Recuerde que su verdadero yo no reside en sus sueños, sino en la realidad.
El pasaporte era ligero y flexible, y tenía un tamaño similar a uno de verdad.
En la portada brillante se reflejaba el cielo, donde una nube flotaba hacia algún lugar lejano.
La nube iba moviéndose lentamente e iba cambiando de forma.
Tal y como había dicho Oslo, en la primera página había un pequeño espejo y las siguientes estaban en blanco.
—El pasaporte al país de las nubes no siempre funciona.
Solo cuando realmente materialice en sus sueños la vida deseada, podrá atravesar el camino de nubes y llegar a aquel destino.
Ytambién debo advertirle que puede llegar a sentir un vacío o tristeza después de soñar con una nueva vida.
Pero, si realmente desea conseguirla, este pasaporte sembrará en su corazón el valor para hacerlo.
Al día siguiente, encontrará un sello en una de las páginas.
Era cierto que existía el peligro de que quienes usasen el pasaporte cayeran en el vacío o la frustración. Aunque pensaran que la vida de sus sueños era la ideal, experimentarla podría conducirlos a la decepción o a darse cuenta de que era imposible de alcanzar.
—Entiendo, al parecer debo ser muy cuidadosa.
El mundo al que vaya con el pasaporte al país de las nubes no es nada más que una ilusión.
También puede que experimentar esa vida sea doloroso, o incluso tal vez que sea más feliz ahora…
—murmuró la mujer, sumida en sus pensamientos.
Luego agregó—: Puede que lo compre y jamás lo use.
Pero, si llego a usarlo, lo haré cuando esté realmente segura de la vida que deseo.
Gracias por recomendarme este maravilloso objeto.
Después de pagar el pasaporte, la clienta comenzó a recoger una a una sus cosas. Cuando estaba a punto de salir, sonó su teléfono móvil. Era su marido preguntándole dónde estaba. Con expresión alegre, ella le respondió que llegaría pronto.
A partir de ese momento, las preocupaciones de la m ujer podrían continuar o terminar, pero su figura mientras se alejaba del taller irradiaba esperanza.
—Parece que va a llover toda la noche —murmuró Oslo para sí mientras miraba por la ventana.
El sonido de la lluvia colmaba la noche.